Victoria Lafora

De bustos, calles y otros símbolos.

Llevan Carmena y Ada Colau sesenta días al frente de los ayuntamientos de Madrid y Barcelona y han reculado más que avanzado en las ofertas con las que llegaron al poder. La lucha contra los desahucios, ese banderín de enganche con que se dio a conocer Colau a los españoles, se ha descubierto como un escollo más difícil de resolver. Siguen siendo las plataformas, de las que la nueva alcaldesa de Barcelona fue activista y alma, las que siguen defendiendo a pie de portal a las familias expulsadas de sus casas por orden judicial. Los bancos siempre dan buenas palabras pero, del dicho al hecho…

Tienen las grandes ciudades problemas de funcionamiento e infraestructuras tan graves que las horas del día se quedan cortas para intentar atajarlos. Tanto Madrid como Barcelona son ciudades sucias, con una intolerable contaminación, con barrios degradados, con infraviviendas, donde los vecinos decidieron desalojar a PP y CiU por gobernar para los suyos y olvidar al resto.

Ante las dificultades encontradas, ambas alcaldesas han decidido envolverse en la bandera facilona de los símbolos y cambiar nombres de calles, retirar Bustos y otras demagógicas. ¿De verdad lo prioritario en Madrid era crear una web para desmentir las noticias de los medios de comunicación, de verdad Barcelona no tiene otros problemas que la presencia del busto del anterior jefe del Estado en el salón de plenos?

Al igual que Rajoy se envuelve en la bandera de la recuperación económica para encubrir el coste de desigualdad social provocado por sus recortes, ni Colau ni Carmena pueden esconder tras lo accesorio la falta de un decálogo de medidas estrella que todo mandatario debe poner en marcha en los primeros cien días de ejercicio.

Todavía están a tiempo, si no quieren defraudar a esos ciudadanos que apostaron por unas ciudades limpias, solidarias, no xenófobas y más cultas. Los mismos votantes que salieron a las calles a defender la Sanidad y la Educación públicas.

De seguir así se van a convertir en las principales aliadas de la campaña del PP para las generales. En Génova se frotan las manos ante cada error cometido.

En último término serán responsables no solo de defraudar a sus votantes sino de provocar el regreso de los mismos al poder. Quienes no perderán el tiempo con simbolismos y simplemente se dedicarán a dar contratas a sus amigos y financiadoras.

Así, mal vamos.

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