Antonio Burgos

«Mejor indicador económico que el Ibex 35 son las bolsas de compra en manos de los peatones»

"Mejor indicador económico que el Ibex 35 son las bolsas de compra en manos de los peatones"
Antonio Burgos. PD

Antonio Burgos asegura que en este país llamado España hay recuperación económica porque después de casi un lustro en el que era un chollo encontrar restaurante para las famosas cenas de Navidad, en este diciembre de 2015 resulta casi misión imposible:

Como soy absolutamente lerdo en materia de Economía y me hago un lío al traducir a pesetas toda cantidad superior a los 6.000 euros, creía que lo de figurar en el Ibex 35 era en propiedad, como tu piso cuando terminas de pagar la hipoteca. Pero no. Con el barquinazo de Abengoa que pone en peligro las fuentes de ingresos de tantas familias y de tantos jóvenes expatriados, he sabido que el Ibex 35 es como la Primera División, que se asciende y se desciende. No me extraña que Abengoa haya descendido a Segunda cuando la han expulsado del Ibex 35. Les diré por qué: aunque sociológicamente no le pegara nada, el fundador de Abengoa, don Javier Benjumea Puigcevert, era del Betis hasta las trancas. Había en Sevilla dos personajes ilustres que desmentían el topicazo del Glorioso como «el equipo del pueblo»: Don Javier Benjumea el de Abengoa y la Duquesa de Medinaceli. A su Abengoa, al final, le ha ocurrido lo que suele a su Betis: que ha bajado a Segunda, cuando hubo un tiempo en que estaba en puesto de Champion. ¿No hablan del Currobetis? Pues a mí todo esto, y en honor a su fundador, me parece el Betisabengoa, que ha descendido. Vamos, como si la hubiera mandado a Segunda el Tenerife. Algo así.

Recalca que:

Por eso no me fío ni de los brotes verdes cuando los políticos se meten a jardineros de deseos más que de realidades, ni del Ibex 35. No hay mejor indicador económico que darle a la pestaña en la calle; o sea, a los machadianos «eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa», pues sabrán que Juan de Mairena fue el primero que habló Tertulianés en España. Más que del Ibex 35 me fío de cómo están de gente las escaleras mecánicas del Cortinglés y de cuántas bolsas llevan. No hay peor indicador económico de la ruina que en una calle de comercios tradicionales ver a los dependientes de los antañones establecimientos tomando el sol a la puerta de la tienda y viendo pasar las horas sin vender una escoba.

Por eso me han dado alegría las colas en las cajas de las tiendas en el Black Friday, como si todas fueran las de Zara. Mejor indicador económico que el Ibex 35 son las bolsas de compra en manos de los peatones en horas de comercio. Insisto en mi absoluto desconocimiento de Economía, pero esta microeconomía de las bolsas de compra dan mayor alegría que la desconfianza que te entra por el cuerpo cuando los políticos anuncian unos brotes verdes que no los ves ni en las macetas de tu balcón cuando llega marzo.

Y finaliza:

O las comidas de Navidad. Confieso que en mi vida he ido a la clásica comida de Navidad con compañeros de trabajo. Ni Dios lo permita. Pero los que vuelven a celebrarlas me dan el mejor indicador económico favorable sobre la vuelta a la prosperidad: hay otra vez dificultades para encontrar un restaurante donde poder celebrar la comida de Navidad con los compañeros de la empresa. Los restaurantes tienen ya llenas sus agendas de reserva de esas largas mesas que como vayas por tu cuenta y te caiga una al lado, vas dado, qué horror: lo que chillan, lo que beben y lo contentitos que se ponen todos al final, cuando acuerdan continuar en un bar donde el enterado de turno dice que ponen el mejor yintonic del mundo: no sólo con rodajas de pepino, sino con la guarnición del gazpacho enterita e incluso con los avíos del puchero. (Estamos a cinco minutos de que inventen el yintonic con pringá). En los últimos años de tiesura apenas había comidas de Navidad en las empresas. Lo sé porque en ese tiempo no me llamaba una amiga, secretaria de dirección, que suele encargarse, encantada, de organizar la comida navideña para sus compañeros de trabajo. Ahora me ha vuelto a llamar, con la pregunta de antaño:

-¿Tú sabes de algún restaurante donde podamos celebrar la comida de Navidad que no sea muy caro? Es que he llamado a tres ya y lo tienen todo cogido.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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