Francisco Hernández

Adiós, Señora adiós

Adiós, Señora adiós
Francisco Hernández. PD

Para los que recordamos la carta de ajuste, para los que jugábamos al guá en el patio del colegio con canicas de barro, y algunos hasta de cristal, para los que llegábamos a casa y encendíamos la televisión y veíamos como los electrones golpeaban en el cristal del tubo de rayos catódicos, y mirábamos aquella imagen fija que se parecía a un tablero del parchís, que ni el tato sabia para que servía, y decían que era la carta de ajuste, de repente comenzaba aquel telediario de las tres, que comenzaba como no, con las noticias a nivel nacional, que por cierto a un servidor no le decían ni fu ni fa, abriendo con informaciones de la guerra de Vietnam, que rápidamente te hacían levantar la cabeza, qué estaba centrada en el plato de lentejas y el compango.

Pues eso de ver a los soldados yanquis por la jungla, te molaba como dirían en la actualidad. Pocos años después, se volvía a repetir la situación, pero esta vez era para todo lo contrario, esta vez era porque se oía esa voz que ya siendo un chaval te enganchaba, era la crónica desde Roma de la señora Paloma Sánchez Borrero.

Yo desde mi humilde opinión no voy a decir ningún alago más, ya está dicho todo por sus compañeros y amigos, aparte que yo no he tenido el placer de conocerla, ya me hubiera gustado.

Yo he sido Juan Pablista, y gran seguidor de sus obras y el otro día escuchaba a doña Cristina López decir que estaba segura que Paloma estaba, seguro, caminando por el cielo junto a Dios Nuestro Señor. No sé, no sé, señora López, lo mismo solo pasa por el cielo a saludar a sus amistades y de ahí se va al infierno retornar al buen camino a ángel malo.

A mí personalmente su muerte, me ha devuelto a mi infancia, y a mi adolescencia, porque yo, aunque alguno le pese tuve infancia y fui feliz, y jugaba al gua como he dicho antes, y jugaba a policías y ladrones, y hacia espadas de madera, y arcos de caña y sus flechas y veía en esa TVE bonanza, y los vengadores, y el señor del paraguas y la casa de los Martínez y estudio uno, y me chiflaban los coloquios de la clave, aunque no entendía la mitad de los que en ellos se debatía. Y lo mejor de todo era que lo hacíamos en familia, esa familia que a fecha de hoy tienen que tirarse a la calle para decirle al Estado, que estamos aquí.

Porque ahora el principal problema es que los niños no tienen infancia, pero eso sí, tienen consola, teléfono, y la capacidad de con dos castañas ir a la guardia civil y denunciar a su madre por maltrato, y lo grave es que se lo creen. Hoy ya no hay niñas de 12 años, hay mujeres de doce años y sus papás lo permiten, porque es muy de la socialdemocracia lo de la igualdad, la tolerancia y la novieta.

Dicen que no hay cosa más cruel que un niño, un niño es un niño, y si el niño es un cabroncete y el niño le pregunta a su compi, ¿Quién es tu mami la del bigote o la de la barba? Es porque su papi es más cabroncete todavía.

Gracias a la socialdemocracia, el número de analfabetos potenciales va en aumento a pasos agigantados. Los padres más vigilantes no tienen ningún control sobre el acceso a la información que tiene sus hijos.

Mucho horario de protección de menores, y todos tienen una televisión en la habitación, donde tienen todo tipo de canales basura por no decir pornográficos, a los pies de la cama. Solo tienen que hacer un barrido y ver lo que ven.

Qué no haya adolescencia, o que la pierdas en una academia militar es una cosa, pero que un niño no tenga infancia porque mamá y papá tienen que trabajar para poder vivir y las leyes de conciliación familiar sirven para lo que sirven, es otra. Aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, en cuestiones de televisión va a ser que sí. ¿Qué niño del primer decenio del siglo XXI, dentro de 40 años va a recordar algún programa de TVE o algún periodista del nivel?

Que suerte hemos tenido, los que de niños hemos conocido a doña Paloma.

Francisco Hernández

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