Antonio Sánchez-Cervera  

España: urge volver al bipartidismo del PSOE y del PP

España: urge volver al bipartidismo del PSOE y del PP
Políticos y política. PD

A estas alturas, no se sabe si España está invertebrada en el decir de Ortega, si está quebrada, si está fragmentada…si está jodida. Sí comprobamos  la creciente inestabilidad política en la que nos encontramos por la estéril fragmentación del voto de los que podemos nominar, siendo significativo que al dividir los votos  en  distintas formaciones políticas los que resultan directamente perjudicados por la fragmentación somos precisamente los que, en teoría, tenemos la capacidad de elegir a los que van a ser nuestros representantes en los dos grandes poderes del Estado: el legislativo y el ejecutivo. Como consecuencia, ni el pueblo es tan sabio y no siempre tiene razón, pues, al final, estamos troceando tanto a España con regionalismos y separatismos, con una especie de cantonalismo que siempre constituye un precedente para el anarquismo, que no estamos  permitiendo que exista una alternancia consolidada en el poder con capacidad de tomar decisiones firmes y eficaces.

En la actualidad, solo existen dos partidos en España capaces de garantizar la alternancia y la estabilidad política: el PSOE y el PP. Estas dos coaliciones políticas son las únicas que pueden asegurar en España la exclusión de los sectores extremistas que si alcanzan representación parlamentaria, como sucede en estos momentos, tienden groseramente a desestabilizar, social y políticamente, nuestro país y, por ende, nuestra democracia que se consolidó con la Constitución de 1978. Para más inri, los partidos separatistas, además de aportar sus grandes dosis de desequilibrio a la concordia nacional, se centran en potenciar la desarticulación de España con un proceso de desintegración que avance en riguroso orden, año tras año, para conseguir su definitiva separación.

Obviamente, la existencia de una corrupción sistémica en las formaciones del PP y del PSOE fue restando solvencia a esas formaciones ante el electorado. Por ello, en gran medida, surgieron a  izquierda y a derecha, Podemos y Ciudadanos.

En el PP, Rajoy no quiso en 2009 ver, reconocer o intuir al menos  que el caso Gürtel era una trama del PP, se limitaba siempre a mirar hacia otro lado confiando en el tiempo como su mejor aliado; simultáneamente,  su gestión con Cataluña se hacía cada vez más sorda, timorata y ciega ante la evidente desafección de la mitad de la sociedad catalana con el Estado.  En 2016, con 133 escaños obtenidos, los españoles y una responsable gestora del PSOE,  le dieron otra oportunidad, que fue estérilmente desaprovechada por el que nunca debía haber salido del Registro de la Propiedad –nunca tuvo talante ni talento político- y que condujo a convertir el PP en un partido sin el prestigio ganado y que perdía votos a diario.

Ahora bien, el PP actual, con Casado a la cabeza, debe ser consciente y recordar la abstención del PSOE en aquel momento para y por la gobernabilidad de España. Gran parte de los españoles solo entenderían ahora la no abstención en la investidura de Sánchez como una sin razón de egoísmo partidista que puede conducir al PP, si hubiera nuevas elecciones, a una derrota contundente no por ello menos inesperada. No sirve de justificación ya el argumentario de lo de Navarra. Antes, al contrario, daría a Sánchez en bandeja la explicación del por qué se pone en manos de los comunistas de Podemos  y de los que persiguen desmembrar a España.

En el PSOE, la crisis de 2016 se genera como un conflicto interno en el partido  por el control del mismo y porque hay que decidir si intentar formar un gobierno alternativo con los nacionalistas (era, de una u otra forma, lo que pretendía Sánchez) o abstenerse para que el PP, que había ganado las elecciones, pudiera gobernar sin el condicionamiento de los separatistas y en pro de la estabilidad política. Ganó esta última y más responsable opción de quienes comandaban entonces el PSOE. Liquidaron, política y temporalmente, a Sánchez, para que luego éste resurgiera como de sus cenizas, lo cual no deja de ser encomiable. No hay que olvidar que Sánchez no es Zapatero y, en principio, no caería, por ejemplo, en errores como aquel de dotar a Cataluña de un nuevo Estatuto que su ciudadanía no demandaba y que llevaba consigo nociones perniciosas al considerar a Cataluña una nación. Victimizó a CIU y a ERC.

Frente a las dos grandes formaciones  que deben volver y dominar el panorama político español si no queremos andar a trompicones y con el rumbo de un país perdido, Ciudadanos y Unidas Podemos representan la esencia misma del oportunismo, desvarían en exceso y llegarán a ser irrelevantes.

Unidas Podemos simboliza la quintaesencia de una izquierda que ni siquiera tiene ya la capacidad, nunca la tuvo, de decir qué es ético y qué no, quién tiene carnet de demócrata y a quién se le retira y estigmatiza. Ciudadanos  ha mostrado escasa capacidad de lucha para revertir esta situación, prefiriendo la auto-justificación.

Corolario:

  • Si Sánchez comete el gravísimo error de incorporar a los de Iglesias a su futuro gobierno, habrá introducido al zorro para vigilar a las gallinas. Será su decisión más desafortunada. Que no dude un instante de que los de Podemos le moverán tanto la silla hasta que le dejen caer como una fruta madura.
  • Si el PP no se abstiene y facilita la investidura de Sánchez, pondrá en manos de comunistas, nacionalistas y separatistas el devenir de nuestro país. Ni siquiera sus electores  se lo perdonarán a Casado y la cosa llueve sobre mojado rememorando a su huidizo predecesor.
  • Si Ciudadanos no pacta y se alía con el PSOE, será el fin definitivo de la formación naranja que ni siquiera tendrá algún día la posibilidad de estar liderando la oposición. Será la muerte política de Rivera cuya antesala fue la nefasta gestión de Arrimadas en Cataluña y su cómoda vuelta a Madrid para no hacer nada.
  • Si ninguna de estas tres premisas se dan o se materializan, que Sánchez convoque nuevas elecciones en noviembre, explique el por qué de la convocatoria, y tenga por seguro que el  resultado le será mucho más favorable de lo que imaginan sus partidarios.
  • El elector le recompensará y España se lo agradecerá .

 

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