El origen de todas nuestras acciones y emociones se puede dividir en tres grandes grupos:
- 1º ACCIONES Y EMOCIONES QUE PROCEDEN DEL INSTINTO ANIMAL, que estarán marcadas por el instinto de supervivencia del individuo y su especie. A su vez, la supervivencia del individuo estará impulsada por el egoísmo, y no descartará el uso de la violencia, en caso necesario. El instinto de supervivencia de la especie, se dividirá a su vez en dos: Instinto animal de reproducción, e instinto animal de protección de la prole.
- 2º ACCIONES Y EMOCIONES QUE PROCEDEN DE LA MENTE RACIONAL. Éstas están condicionadas por los valores que la sociedad nos grave en el cerebro como políticamente correctos. En la actualidad podríamos hablar de la búsqueda de la felicidad mediante la consecución del éxito (dinero) y el consumismo. Es decir, ser y tener más que el vecino. Estos ´valores´ son cambiantes e inestables, al estar sujetos a modas pasajeras.
- 3º ACCIONES Y EMOCIONES QUE PROCEDEN DEL ALMA: El honor, la generosidad, la misericordia, la nobleza, la bondad, el amor, el perdón…; la maldad, la crueldad, el sadismo…
Las acciones y emociones que nacen del alma, nada tienen que ver con aquellas otras que surgen del instinto animal, o de la mente racional.
Y es porque las acciones y las emociones que proceden del alma están caracterizadas por el desinterés, la gratuidad, la irracionalidad, y la intemporalidad. Todo esto, no las hace ni peores ni mejores que las otras; simplemente las hace diferentes; como no podía ser de otro modo.
Se suele hablar demasiado del alma desde la óptica virtuosa, hasta el punto que la palabra ´desalmado´ se emplea para catalogar a lo peor de lo peor.
Es por ello que algún lector le pueda sorprender que diga que la maldad, la crueldad, o el sadismo, tienen su origen en el alma. Pues sí.
La bondad, o la maldad, no son producto de la mente racional, ni obedecen a instinto animal alguno, sino que forman parte intrínseca del alma.
Al final, el alma no es más que el nombre que recibe un espíritu encarnado. Y espíritus, los hay de buenos, de malos, y de peores… Creo yo.

