Párroco de Villamuñio, León

Las grandezas de un Caudillo

Capellán de La Falange Leonesa

Las grandezas de un Caudillo

Asistimos a unas décadas transitorias de aquella España “Una, Grande y Libre” en los sentidos más auténticamente enseñoreados por un concepto de nacional-catolicismo, cuyo sentido sobrenatural lo impregnaba todo en lo social, lo artístico, lo militar y lo cristianamente humano.

La iglesia, la escuela, la familia, el trabajo, lo eran todo.

Esa época transicional tras la muerte del gran Caudillo Francisco Franco Bahamonde, el supuesto proyecto perfeccionista de ajustar unos avances socio-económicos en lógico intento progresista, la transición se trocó en ruptura contra el sistema unitivo nacional-católico, que nos retrotrajo al pensamiento liberal masónico contaminando nuestro espíritu católico-nacional –unitivo y secular- con el secularismo materialista y revolucionario del XVIII francés, de corte esencial irreligioso,  conectado con el democratismo europeo en la utopía del igualitarismo del lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” de la Revolución francesa de 1789.

Pero la España multisecular, tierra de María Santísima en sus incontables advocaciones, no perecerá a pesar de los convulsos tiempos de inacabables discusiones estériles de vividores y parásitos empeñados en crear falsos problemas para justificar sus nóminas o tapar sus paros encubiertos, en protagonismos chulescos ausentes del amor por el bien común a la Patria, cuya historia verdadera, ni conocen ni  les importa.

Sin amor a Dios, mal se puede servir a la Patria.

Las grandezas de nuestro invicto Caudillo Francisco Franco, ni se pueden resumir en un artículo periodístico,  porque son objeto de libros cuyos autores han rebasado nuestras fronteras y su importancia histórica a nivel nacional, europeo y mundial en su lucha contra el  enemigo materialista y ateo del  comunismo marxista, representó tal derrota al plan masónico-sionista, que los Papas le hayan reconocido como “el hijo predilecto de entre los estadistas cristianos” y Pio XII le haya concedido la medalla de los “Caballeros defensores de la fe católica”, y declarado nuestra “Santa Cruzada Nacional” como la “undécima Cruzada”, dada su misión ideológica católica, que no una guerra civil de corte político o de pelea de gallos.

La trascendencia no era para menos; el  ser o no ser de nuestra Patria, si la invasión atea arrasadora del patriotismo artístico y monumental religioso, además de la extinción del clero como así intentaron los enemigos de Dios y de las patrias, lo hubiesen logrado.

La Providencia divina se encargó de enviarnos un católico de integridad religiosa y militar, consagrado a la defensa de la fe católica contra esa diabólica posibilidad atentatoria de lo más sagrado aquí y en el resto de Europa, según los satánicos planes de Lenin en el  efecto de la tenaza destructiva de sur a norte,  empezando por España.

Lo lamentable de la política actual española es que la ignorancia de su gloriosa historia en los siglos y en el mundo,  haga olvidar y tergiversar su auténtica misión por ese odio y envidia que la masonería no nos perdona por su derrota en los campos españoles del 36 al  39.

Imperdonables los denuestos y desprecios al invicto Caudillo y a su España íntimamente unida a él en aquella contienda cívico-militar de un país combatiente contra moros, judíos, liberales napoleónicos y últimamente comunistas y masones anticristos, contra los que nos previno en su sapientísimo testamente el Caudillo:

“No olvidéis que los enemigos de España y de la religión cristiana, están alerta”.

Sus proféticas visiones se están cumpliendo y todas sus dramáticas consecuencias, solo pueden recaer en nuestras cobardes y ominosas indiferencias.

Cada país tiene lo que se merece.

¡Si Franco y nuestros mártires levantasen la cabeza…!

Jesús Calvo Pérez,

Párroco de Villamuñio, León.

Capellán de La Falange Leonesa.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído