¡No, por favor! gritaba la doncella
al violador que ya tenía encima;
su gritar, al canalla, más le anima
y, bruscamente, se introduce en ella.
Aunque ese protestar no le haga mella;
aunque por ello más y más la oprima,
inútilmente clame, insulte o gima,
al menos, dignidad queda a la bella.
Al contrario, no es poca aquí la gente
a la que están violando y calla y calla;
silencio vil, que no sólo consiente
sino que más feliz, cuán más vasalla,
anima más aún al delincuente.
¿Cuál de los dos, pregunto, es más canalla?
Cada uno responda en su conciencia:
no se combate el mal con aquiescencia.
