En su camello, Baltasar regresa
a sus tierras lejanas en Oriente.
ya no es el Rey alegre, sonriente;
a sus dos compañeros les confiesa:
“Me duele no llevarme una sorpresa;
un año más, ¿cómo será el siguiente?
cada vez menos caso hace la gente
a nuestra bella, ilusionante empresa.
Adiós, amigos, a la Navidad,
que llenaba de gloria y esperanza
a los hombres de buena voluntad.
el enemigo destructor avanza
implacable contra la libertad.
¡Apenas si nos queda la añoranza!”
Esperó un comentario a su protesta;
dos lágrimas le dieron por respuesta.
