Hay romances y romances;
unos, tiernos, duraderos;
otros, que apenas comienzan,
ya llevan el final dentro
y el que salgan tarifando
es sólo cuestión de tiempo.
Y aún nos queda un tercer grupo:
estos Julieta y Romeo,
a juglares y cronistas
todavía dan más juego,
por su precario equilibrio
siempre fronterizo al vértigo.
“Que si no lo tengo claro,
o que sí lo sé no vengo…
No puedo vivir sin ti;
a todos les dirás eso….”
Seguro que han entendido
a qué me estoy refiriendo:
la política, señores,
la española, por lo menos,
es un saco de traiciones,
también de arrepentimientos,
de uniones contra natura,
de divorcios duraderos
y otros que a las pocas horas,
dan la vuelta por completo.
Voy a hablarles de un noviazgo,
no parece muy sincero,
aunque tal vez desemboque
en algo más, si no eterno,
al menos, lo suficiente,
dure para bien jodernos.
Forman la feliz pareja,
parece extraño y es cierto,
el Partido Popular,
mandado por un gallego,
Núñez Feijóo, apellido,
que tiene por nombre, Alberto,
y, al otro lado del ring,
media naranja al acecho,
todo el Pesoe de un Sánchez
al que bautizaron, Pedro.
Cada vez que hablan, parecen
adversarios más que fieros;
por mucho que disimulen
tanto se les ve el plumero
que, como mucho, les creen
y ya es difícil creerlos,
apenas, quince millones
de ciudadanos, al peso.
Simulan ser enemigos
aunque siempre están de acuerdo;
no digamos, en Europa,
donde se comen a besos.
Aquí, disimulan algo,
amenazas de adulterio,
algún reproche de más,
algún morrito de menos,
pero nunca llega al río
la sangre de estos sujetos.
Entre los dos se lo comen,
ambos se lo guisan luego
y, en medio, los españoles
sin comerlo ni beberlo
tenemos que soportarlos
uno del otro, el relevo:
mandas tú, luego voy yo
en las siguientes, te dejo…
Y llevamos medio siglo
medio siglo, de momento,
sin que parezca tener
la cosa, el menor remedio.
O lo arreglan los de fuera,
porque, lo que es los de dentro…
Aunque, en verdad, los de fuera
no arreglen mucho, me temo.
Al final, va a dar lo mismo,
sigan unos, vengan otros,
poca vida queda a España
tal como la conocemos.
Por los jóvenes de hoy,
sinceramente lo siento;
su presente, más que oscuro,
pronto va a volverse negro.
¡Todavía hay quien suspira,
nunca faltarán ingenuos,
porque lleguen Elecciones
tras las que recuperemos,
el Imperio de la Ley,
libertades y derechos…!
Para poder elegir,
han de ser dos, por lo menos
las opciones diferentes,
que allí se ofrezcan al censo.
Y aquí, ¡a ver si se enteran!
se presentan dos gemelos
idénticos, uno al otro,
hasta en los menores gestos.
Todavía hay un asunto,
pone de punta los pelos;
es de momento, un rumor,
pero huele a ser bien cierto:
dicen, la Unión Europea,
ese diabólico engendro,
ha ordenado a la pareja
un sólido ayuntamiento,
gobiernen en coalición
o gobiernen en consenso.
El uno, así, evita a VOX
Pepito Grillo al acecho,
de deslices “populares”
que pretende, nada menos,
por cabra que tira al monte
no se lo lleven al huerto
los de la otra acera, siempre;
unas veces con silencios
si no, ¡abajo, pantalones!
vergüenzas al descubierto.
Del otro lado, el Pesoe,
se libre del peso muerto
etarras, secesionistas,
de Sumar y de Podemos;
unos que le están sacando
a chorros, nuestros dineros;
los demás también le sacan
Leyes que son un portento.
Suena mucho este rumor;
en qué queda ya veremos.
En qué quedemos nosotros,
de sobra, ya lo sabemos:
sea con uno, con otro,
o los dos al mismo tiempo,
España, antaño rolliza,
¡en los mismísimos huesos!
