¡Pobre España, encadenada,
tierra, antaño, de hombres recios!
Hoy pastan tu piel de toro,
no toros de bravos cuernos,
la hidalguía por bandera,
y el orgullo, por concepto.
Hoy ¡cuánto duele decirlo!
los más, son mansos corderos
agradecidos al lobo
que los tiene prisioneros.
Y si algún daño perciben,
es, su protesta, el silencio
resignación, su bandera,
¡sin, ni siquiera, un lamento!
España, llanto y vacío,
camino del matadero,
mansa, mansa, mansa, mansa…
Y, muchos, no quieren verlo!
Atacada desde fuera,
traicionada desde dentro,
malvives sin esperanza,
como dormida en el lecho
de una opresión que se clava
hasta lo hondo de tus huesos.
La libertad, una burla;
un vacío, los derechos.
¿Qué fue de tu dignidad?
¿Qué fue de tu ayer egregio?
Cada español era un Rey
no se tenían por menos.
Jamás doblar la rodilla
¿Cómo doblar a los vientos?
Huracanes de hidalguía,
que era el común sentimiento,
ese mirar horizontes
sin jamás darlos por lejos.
Duele sentir el pasado,
que, quizá, no merecemos
indignos hoy, ni siquiera,
de honrarles en el recuerdo.
¿Dónde comenzó su olvido?
¿Dónde quedaron aquéllos
que, uno a uno, siglo a siglo,
más y más grande te hicieron?
Si pudieran ahora verte,
caricatura, esperpento,
sufrirían de impotencia,
de decepción y desprecio.
¿Dónde Don Pelayo, el Cid,
los rebeldes Comuneros
Hernán Cortés y Pizarro
que el mundo más ancho hicieron?
Héroes del Dos de Mayo
muertos antes que extranjeros
hollaran el suelo patrio
hacerles frente supieron.
A Napoleón, el Grande,
España lo hizo pequeño;
Con honor y hasta con sangre
brillante Historia escribieron;
Hoy, esa Historia, han robado
a una juventud sin nervio
que vegeta adormecida;
adormecida… ¡Y sin sueños!
Y jóvenes que no sueñan,
por mucho peor que viejos,
nada saben de ilusiones;
el futuro les hundieron
en mares de bulo y fango
y de patrañas sin cuento.
Una pregunta atormenta
¿Estamos aún a tiempo?
Tan solo con plantearla,
un primer paso daremos.
Acaso escuchen los sordos,
acaso vean los ciegos
porque, si no, nuestra España,
muerta estará sin remedio.
