Una sesión del Congreso
¡a dónde estamos llegando!
es de lo más parecida
al deplorable espectáculo
celebrado antiguamente
en el Gran Circo romano.
No queda la semejanza
sólo en lo parlamentario;
abundan las coincidencias
en otros aspectos varios
entre el Imperio de Roma
y actual desastre hispano.
En ambos sitios abundan
leones que devorando
lo que les ponen delante
alegran al pueblo llano
que aplaude sin enterarse
de hasta dónde es insensato.
Si las víctimas, entonces,
sobre todo, eran cristianos
hoy, a carne de cualquiera,
no le hacen el menor asco.
Devoran continuamente
en corrupción a destajo
derechos y libertades
y, sin reparar en gastos,
con el dinero de todos
están comprando el Estado
para puesto a su servicio,
así lo está manejando,
esta panda de incapaces
solo para el mal son aptos;
el presente es una birria
que en nada se está quedando
y el futuro, una amenaza
de la que no nos libramos
pues la menor reacción
no se ve por ningún lado.
El César era tenido
por un dios y así adorado
su voluntad era Ley
por encima del Senado
una Cámara que el tiempo
en mucho no la ha cambiado
tanto entonces como ahora
apenas sirve para algo
sino para hacer que hace,
inútiles bien pagados.
El actual César, también,
con la sartén por el mango
más que Nerón, todavía,
un ególatra endiosado;
le adoran sus seguidores
le temen sus adversarios
le rezan los abducidos
no novenas o rosarios
sino plegarias ateas,
si también arrodillados,
no les deje, Padre eterno,
y eterno se haga en el mando
le ruegan a todas horas
todos los días del año.
Y no lleva mal camino
que no podemos negárselo
pues ni con agua caliente
somos capaces de echarlo.
Muchas son las mamandurrias
de las que están disfrutando;
si les fallara el Gran Jefe
se verían en el paro
y con nulas perspectivas
de encontrar un buen trabajo
porque a eso de trabajar
no están muy acostumbrados;
además de ser inútiles
incultos y apesebrados,
hechos a las malas artes,
¿quién querría contratarlos?
Roma conquistaba Europa
y la iba civilizando;
hoy, para nuestra desgracia
pasa todo lo contrario:
la burocracia perversa
vendida a no sé qué amo
quiere nuestra destrucción…
¡y nos está destrozando!
Gladiadores hay, feroces,
no de espadas hoy armados
sino de aviesas consignas
cuando no, bulos y fango
llenan las televisiones
y opinan sincronizados.
Al igual que en aquel tiempo,
hoy abundan los esclavos
es clara la diferencia:
entonces todos al tanto
de su triste condición,
hoy no se están enterando
de cómo se ríen de ellos,
cómo les están robando
y creen ir hacia arriba
cuando se hunden hacia abajo.
En aquel tiempo era el César
quien presidía el cotarro,
si levantaba el pulgar,
clemencia para el cuitado;
pero si apuntaba al suelo
al tal, le daban por saco;
hoy ejerce esas funciones
también por todo lo alto
una señora muy rara
del César mero sicario
con unos pulgares ágiles
para cortar por lo sano
cualquier palabra de más
a una seña del tirano.
Roma tuvo su final
cuando en decadencia entraron
incapaz de defenderse
invadida por los bárbaros.
Y, de igual modo será
Europa, ya está tardando,
por decadente, invadida
esta vez, por africanos
que títere con cabeza
acabarán no dejando.
La Historia, siempre implacable,
factura acaba pasando
a los pueblos que se duermen;
todos terminan pagándolo.
Sólo queda preparar
para Europa, su epitafio:
“Aquí yace, otrora grande,
Continente suicidado
pues se entregó a los peores
atada de pies y manos.
Al menos, sirva de ejemplo;
bueno será, no olvidarlo:
pues, con Roma, es la segunda
vez que lo mismo ha pasado.
Porque no haya dos sin tres
pueden ir nota tomando
generaciones futuras…
en el improbable caso
de que permitan que nazcan,
lo que no está nada claro”
