Gozo

Nuestra imagen real, desnuda y sin maquillar

Luego llegaría la ´justicia poética´

Frente al espejo
Frente al espejo. PD

Creemos que nos conocemos a nosotros mismos, y no siempre apreciamos, cuando no despreciamos, la opinión de aquellos que dicen conocernos, sin darnos cuenta de que, para bien o para mal, posiblemente, aún siendo toscos e inexactos, los juicios externos sobre nuestra persona, a veces, se aproximen más a lo que realmente somos, que a la imagen que de nosotros mismos, vemos y queremos dar.

Me he tropezado con personas en esta vida que tenían una opinión inmejorable sobre sí mismos, cuando en realidad eran más malos que un dolor. Y lo que a continuación voy a narrar, es tan real como la maldad.

Había en Alicante, una ´santa´ mujer, a la que, imaginariamente, llamaremos ´Pura´, que no se cortaba lo más mínimo a la hora de contar cuando su padre enviudó, y al año se volvió a casar con una mujer más joven que él. Pues bien, la tal ´Pura´ -narraba gozosa- que ella todos los días le rezaba a Dios para que su madrastra se muriese pronto y de la manera más dolorosa posible, y que su sufrimiento se prolongase lo máximo.

A continuación, con una sonrisa diabólica, que helaba la sangre, decía que Dios, finalmente escuchó sus plegarias, y a su madrastra le diagnosticaron un cáncer de los peores, por lo que, tras una agonía de varios meses de agonía, murió rabiando.

Luego llegaría la ´justicia poética´, a alumbrar el horrible final que tuvo la tal ´Pura´. Un final, aún sin aclarar oficialmente, tan truculento, que ha quedado grabado en los anales de la historia negra de la ciudad de la luz.

Y cuento este caso real, del que fui testigo en primera persona, porque la tal ´Pura´ tenía un concepto de sí misma que traspasaba la santidad. Opinión esta que no compartían, en absoluto, las personas de su entorno, que no tenían más bemoles que sufrir a diario su inmisericorde falta de humanidad. Esta serpiente venenosa, disfrazada de santa mujer diocesana, se había fabricado un dios a su imagen y semejanza, tal vez inspirada por determinados pasajes del Antiguo Testamento.

Lo cierto es que, tan solo cuando el observador es capaz de convertirse en observado, puede comenzar a conocer qué clase de persona es en realidad. A la postre se trata de observarse a uno mismo, de una manera fría y desapasionada, como si de un extraño se tratara.

Cuando nos miramos en el espejo, vemos lo que queremos ver; sin embargo, si alguien nos graba en vídeo sin que nos demos cuenta, cuando vemos lo filmado, no contemplamos la imagen que tenemos de nosotros mismo, sino la imagen que de nosotros ven los demás; nuestra imagen real, desnuda y sin maquillar, despojada del manto de auto misericordia.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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