EL REPASO

Alfonso Rojo: «Primero señalaron a Ndongo, después a Quiles y ahora van a cargarse a Iker Jiménez»

El Gobierno Frankenstein, esta recua de corruptos, puteros y sectarios que controla España desde hace casi 8 años

Hay gestos que delatan.

El de Sánchez, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, señalando a Iker Jiménez, es inadmisible en una democracia.

En el medio siglo largo que llevo dedicado a esta profesión tan divertida y desventurada, he sostenido reiteradamente que los periodistas no podemos estar por encima de la crítica.

Ni siquiera de la bronca. Y entiendo que el amoral Patxi López, a quien describo como ‘analfabeto’, me mire mal e insulte a Bertrand Ndongo y a Vito Quiles cada vez que se cruza con ellos.

Asumo que la popular María Guardiola, a la que etiqueté de ‘boba’ por la gasolina anti-VOX que suministró a los sectarios del PSOE en 2023, ni me descuelgue el teléfono.

Comprendo que ‘BocachanclaPuente nos vitupere en Twitter, porque le sacudimos hasta en el velo del paladar y no hay jornada que no recordemos que su responsabilidad en los 46 muertos en Adamuz.

Pero lo del otro día, en el Parlamento, no fue el desmentido a una información punzante o una réplica airada. Fue, protagonizado por el marido de Begoña, convertir a un periodista no adicto al régimen en objetivo, y se hizo desde una de las instituciones clave del Estado y por un tipo que hablaba cubierto por la capa de presidente del Gobierno.

Hace ya tiempo, en marzo de 2020, en pleno COVID y ya de noche, sonó en mi casa el móvil y apareció al otro lado de la línea una tal Valldecabres, jefa de Gabinete de Carmen Calvo.

Tras farfullar que le había facilitado mi número personal el jefe de comunicación de La Moncloa, a quien yo ni conocía, explicó amenazante que tirarían de la Abogacía del Estado para empapelarnos si perseverábamos publicando detalles chuscos de la estancia de la por aquel entonces vicepresidenta en la muy privada Clínica Ruber.

Terminamos a gritos, como el Rosario de la Aurora, pero la cosa no pasó a mayores, aunque yo hubiera entendido que los socialistas usaran recursos públicos para silenciarnos, porque eso va en sus genes.

Como va utilizar la multimillonaria publicidad institucional para el chantaje o la seducción, y forma parte del juego que a forajidos como nosotros no nos den ni la hora.

Todo eso lo sabemos, pero lo de Sánchez contra Iker se produce en un escenario sagrado. No en una tertulia, en un pasillo, en el fragor de un mitin o en la acera por la que Bertrand persigue micrófono en mano a facinerosos como Rufián, Aizpurúa o Mínguez.

Ha sido en el Parlamento, donde en teoría comparece periódicamente el Ejecutivo para ser fiscalizado y donde se elaboran las leyes de la Nación.

El Gobierno Frankenstein, esta recua de corruptos, puteros y sectarios que controla España desde hace casi 8 años, se atribuye —con la complicidad y el aplauso de los paniaguados de la Brunete Pedrete mediática— la capacidad de decidir qué discursos son legítimos y cuáles sospechosos, qué periodistas pueden ejercer y cuáles deben ser arrojados a las tinieblas.

Atención, damas y caballeros, porque después de eso lo único que resta son la censura previa, la multa y la cheka.

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