El poeta alemán Heinrich Heine escribió: «Los ángeles lo llaman placer divino; los demonios, sufrimiento infernal; los hombres, amor».
Y yo me pregunto qué es el hombre sino el campo de batalla donde ángeles y demonios nunca dejan de luchar.
Así, el amor será placer divino que nos hará volar y, al tiempo, sufrimiento infernal que nos hundirá, una y otra vez, haciéndonos caer al abismo, hasta tocar fondo, para que, ya no teniendo nada que perder y todo por ganar, comprendamos que primero tenemos que morir, si queremos volver a nacer una vez más, hasta aprender el verdadero significado del verbo amar; ese verbo que nunca aprendimos a conjugar.

