La ópera prima de Gustavo Ron –sugerente apellido (disculpen el chiste fácil, había que hacerlo)- es, sin lugar a dudas, un trabajo caracterizado por sus contrastes. Emulando a Charlie Sheen y Clint Eastwood en El Principiante, bajo el paraguas de la presencia y el reclamo del veteranísimo Fernando Fernán Gómez, el realizador ha dado sus primeros pasos en esto tan simple y a la vez complicado de contar historias.
Mia Sarah es una propuesta distinta a la de comedia romántica tipo; sin embargo, no logra que sea más que etérea la magia con la que pretende rodear la historia de amor de Daniel “Aquí no hay quien viva” Guzmán y Verónica “serrana” Sánchez, los dos ejes de este vehículo sin motor. No obstante, la frescura, las intenciones y el reparto hacen pensar que muy pronto volveremos a oír hablar de este director.
El amabilísimo argumento del chico problemático que no sale de casa desde que murieron sus padres y el profesor que le da clases y, gracias al jugueteo del destino, se enamora de la hermana del joven, resulta demasiado disperso, pero tiene algo distinto que agrada al espectador (como el misterioso abuelo del alumno dándole al profesor por mediación de éste consejos para conquistar a la chica). Los dos protagonistas realizan papeles poco arriesgados que no aportan nada nuevo a lo que ya están muy acostumbrados a hacer, pero cumplen con lo que se pide: quizá algo más completa la actuación de él, muy cómica, entrañable y natural, que la de ella, que aún sólo ha demostrado en su carrera que tiene una encantadora sonrisa y una intensa mirada de cervatillo indefenso e inocente que enamora al cazador más cruel, lo cual no esta mal, pero es insuficiente; por lo demás, basa su interpretación en hablar bajito.
De Fernán Gómez hay que hablar en una dimensión totalmente distinta: se hizo un personaje “popular” por poseer el peor carácter del mundo del arte de este país; por eso y por haber mandado por televisión ¡a la mierda! a toda España, pero es indudable que detrás de esa mirada profunda y esa voz inigualable de narrador de cosas trascendentes hay un artistazo como la copa de un pino, que a sus 85 años (a ver quién se atreve a negarle el mérito) se come por los pies el reto y el papel que haga falta, y que morirá encima de un escenario. Y lo llamo artistazo, porque además de uno de los mejores actores que han pasado por nuestras pantallas, es el flamante director de muchísimas películas y obras de teatro que forman parte de nuestro patrimonio cultural, así como guionista, dramaturgo y novelista. Además ha recibido en su dilatada vida reconocimientos como el honor de ocupar sillón B en la Real Academia de la Lengua, el Goya al mejor actor, el Premio Nacional de Cinematografía o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Genio (sobre todo) y figura. Nada más que por verle otra vez en la gran pantalla ya merece la pena esta cinta, que de por sí ya posee algunas cualidades para darle una oportunidad; porque comenzar nunca es fácil, y realizadores como Gustavo Ron se ganan con grandes primeras ideas (con más o menos acierto de ejecución, pero grandes), las llaves que abren las puertas del buen cine. ¡Animo!
Dirección: Gustavo Ron. Duración: 103 min. Intérpretes: Daniel Guzmán (Gabriel), Verónica Sánchez (Marina), Fernando Fernán Gómez (Paúl), Manuel Lozano (Samuel), Diana Palazón (Gabriela), Phyllida Law (Sarah), Manuel Millán (profesor), Víctor Mosqueira (Manuel), María Blanco-Fafián (Ana), Evaristo Calvo (vagabundo). Guión: Gustavo Ron y Edmon Roch. Producción: Álvaro Ron y Julio Fernández. Música: César Benito. Fotografía: David Carretero.