La entrega de este año de los Globos de Oro no ha traído nada que no se esperase desde hace meses. Lo único que llama la atención de la ceremonia es ver a las escotadísimas candidatas e invitadas tiritando de frío (este invierno ha venido traicionero por yanquilandia) mientras desfilaban por la alfombra roja con cara de póquer y sonrisa de plástico. Por lo demás, como cada año, lo esperado: se ha cumplido al pie de la letra la quiniela y no ha habido lugar a la más mínima sorpresa en la cada vez menos antesala e los Oscar.
Los grandes triunfadores de la noche han sido Alejandro González Iñárritu, Martin Scorsese y el gran Clint Eastwood.
El primero ha visto como premiaban a su tramposilla Babel como mejor película dramática; a Scorsese, le han otorgado el premio al mejor director para compensar el ninguneo de Hollywood cada año, porque nada más se ha llevado su película Infiltrados(tan surrealista como el Oscar de Ang Lee el año pasado); y por otro lado, Eastwood ha recogido el galardón a la mejor película extranjera (porque está rodada en japonés, no porque no sea estadounidense: chorradas de los festivales) de Cartas desde Iwo Jima, dejando sin nada a Guillermo del Toro con su Laberinto del Fauno y a Pedro Almodóvar con Volver –claro que la decepción no es muy grande por lo esperado, teniendo en cuenta que del Toro se apostaba con quien se atreviera cien dólares a que ganaba Eastwood, y el manchego universal no ha podido asistir a la gala aquejado de una gripe agravada por un ataque de realismo-.
Y lo de que Penélope Cruz no tenía nada que hacer ante Helen “su graciosa majestad” Mirren, estaba más cantado aún que todo lo demás. Tendrá que conformarse con el premio de la nominación por su regalo de papel y un gran trabajo en el film de Almodóvar. Quién se lo iba a imaginar cuando la veíamos entre caballos bellos o tocándole la mandolina al capitán Corelli…
Otros premiados destacados entre el aluvión de datos son Meryl “siempre ella” Streep por su trabajo de comedia en la mediocre El Diablo viste de Prada, Forest Whitaker por su interpretación en The last king of Scotland, o Cars como mejor película de animación (poca competencia ha habido en esta categoría).
Se puede entrever por lo repartido de los Globos que nadie va a arrasar en los Oscars este año tampoco, que estamos en crisis de talento (y de glamour), y que si se cumple el guión de los últimos tiempos, Martin Scorsese se quedará en la antesala y sin Oscar otra vez. Veremos, veremos…
Esperemos que en febrero premien a quien se lo merezca, lo que traería alguna sorpresita y mataría dos pájaros de un tiro, haciendo la gala de los Oscars menos encorsetada y aburrida de lo que todo el mundo teme.