Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

El Fugitivo

Por León Ocaña

No estaba muy seguro de cómo había acabado en aquella situación. Se sentía como en una de esas películas de gángsters que tanto le gustaba ver cuando se colaba por las tardes en el cine de verano, en busca de la emoción de lo prohibido.

“¿En qué mierda de mundo vivimos?, ¿no tienen nada más importante en lo que emplear su tiempo?”, se decía mientras se adentraba en el mugriento callejón en busca del escondrijo entre cubos de basura y del abrigo de la capa de sombras. Por el amor de Dios, su único delito había sido el de robar algo de salchichón de esa furgoneta de reparto de aquel racista seboso, que lo denunció con sus gritos sin hacerse cargo en ningún momento de que su aspecto huesudo delataba que llevaba varios días sin comer.
Exhausto y con la lengua literalmente fuera, se sintió más seguro en la callejuela estrecha y mal iluminada, lejos de las miradas de los vecinos. Llevaba un buen rato huyendo, y el corazón parecía que le fuera a estallar, pero aparentemente la maniobra de evasión había dado sus frutos. Ya no podía oír las pisadas de sus dos crueles perseguidores; puede que su agilidad, desesperación y conocimiento del terreno le hubieran vuelto a rescatar del peligro después de todo.

Hacía cinco días que se había librado de su cautiverio sirviéndose de los dientes y gran cantidad de esperanza para cortar la cuerda con la que lo mantenían prisionero, y no volverían a cogerle vivo para encerrarle como a un delincuente, o aun peor…

Repentinamente, su propia sombra creada por la luz amarillenta de una de las enormes farolas de hierro colado le sacó del trance de sus recuerdos y el sobresalto le advirtió de que aún seguía en peligro. Tenía que asegurarse de que se habían ido, de que la persecución había acabado, así que volvió al principio del callejón y asomó la cabeza con cuidado para echar un rápido vistazo.

“Estúpido, estúpido y mil veces estúpido”, se repetía una y otra vez por haber caído en la precipitación. Aquellos cabrones lo habían visto asomarse y ahora estaban otra vez a la carrera y a tiro de piedra.

Sólo le quedaba una posibilidad: recordó que la callejuela estaba cerrada en el otro extremo por una valla metálica, pero ésta tenía una pequeña apertura por la que quizá cabría su menuda y delgada figura, pero no la de sus perseguidores, que seguramente ni siquiera se molestarían en saltarla; para cuando lo hubiesen hecho, sabían que él, mucho más ágil y veloz, ya se encontraría lejos de sus enormes, fornidas, pero lentas posibilidades.

Sin pensarlo dos veces corrió, galopó, esquivando cubos de basura por todo el callejón sin mirar atrás, rezando por no estar demasiado cansado para alcanzar el ventanuco de la salvación. Cuando llegó hasta el agujero de la verja, lo más difícil ya estaba conseguido; se arrojó al suelo y reptando atravesó la estrecha apertura mientras oía a aquellos gorilas gritarle improperios. Al arrastrarse, el trozo de algo que había sido en algún momento una botella de cristal se le clavó en el pecho, pero no tenía tiempo para que la aguda punzada frenara su fuga. Ya se preocuparía de aquella menudencia con más calma…

El precio que hay que pagar por negarte a que te llamen “Snoopy” y que una niña repelente te ponga rulos es esta vida al límite y sin descanso, alerta a todas horas, durmiendo entre cartones con un ojo abierto. Porque un perro callejero no tiene amigos. Pero al menos hoy, lo había vuelto a conseguir. Aquellos tipos con uniforme de la perrera y malas intenciones se habían rendido y ya ni siquiera podía verlos a lo lejos.

Antes de tumbarse a descansar metió la cabeza por debajo de la pata delantera y lamió la herida un buen rato. Luego, como símbolo de victoria, aulló a la luna brillante y hermosa, como sólo se podía apreciar a cielo descubierto. Seguía siendo libre.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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