Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

La vida de los otros: el buen alemán

En los últimos tiempos el cine alemán se ha puesto la historia de su país por montera y ha decidido afrontar con naturalidad el repaso de épocas, cuando menos, turbias, lo cual supone un verdadero síntoma de madurez y paz interior. Primero pudimos disfrutar de la sobrecogedora El hundimiento, en la que un soberbio Bruno Ganz se disfrazaba con el pellejo, el bigotito y la realidad de Adolf Hitler en sus últimos días de vida antes de suicidarse, y ahora es La vida de los otros la que se adentra en la oscurantista etapa de la antigua República Democrática de Alemania, de régimen tan comunista como opresivo.

Un estupendo (y también premiadísimo por este trabajo) Ulrich Mühe interpreta al capitán Gerd Wiesler, un eficaz miembro de la stasi, la temida policía secreta del régimen, que resulta ser el encargado de realizar la labor de vigilancia (también llamado espionaje por los menos hipócritas) sobre el prestigioso escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su pareja, la popular actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck). Como buen intelectual, Dreyman es sospechoso de “pensar demasiado” y de conspirador contra el poder establecido, por intachable que resulte su trayectoria. ¿Estarán fundadas estas sospechas, o será la nueva paranoia de un gobierno dispuesto a no conceder la más mínima posibilidad a la insurgencia? Todo ello deberá analizarlo con sus arcaicas pero efectivas escuchas microfónicas el capitán Wiesler; su nación confía en él, y se sabe el mejor en su trabajo.

Sin embargo, la historia que el implacable sabueso va a descubrir acabará por afectar su propia vida y todo se complicará, a la vez que el film se va transformando y atrapándonos en su trama, con un final emocionante que coincide con su punto de máximo interés.

La obra, de enorme éxito mediático tanto en Alemania como fuera de sus fronteras ha sido avalada, entre otros, por los dos máximos galardones a los que puede optar una cinta europea: el premio a la mejor película del Viejo Continente, y el Oscar a la mejor película de habla no inglesa –no me atrevería a decir de este último que inmerecido, pero lo que sí está claro es que la temática es de esas que da “gustirrinín” a los norteamericanos al premiarla-.

Un principio algo lento, que denota inexperiencia del director para el arte de hacer al espectador entrar en materia, desemboca, sin embargo en una historia muy bien construida, tanto a nivel artístico, con la recreación imponente de la Alemania comunista pre-caída del muro de Berlín, como a lo que lo estrictamente de guión se refiere. La trama es consistente y destila una enorme tensión, especialmente en su última hora de metraje, así que si alguien va a verla y empieza a aburrirse, le recomiendo que espere y le de una oportunidad a que la acción vaya transcurriendo, que no veas lo que pueden dar de sí un micrófono oculto y alguien tenaz y solitario tomando notas en el otro lado de la línea. Las lucidísimas escenas finales son de esas que a una película buena la transforman en estupenda. No digo más…

Dirección y guión: Florian Henckel von Donnersmarck. Duración: 144 min. Intérpretes: Sebastian Koch (Georg Dreyman), Ulrich Mühe (capitán Gerd Wiesler), Martina Gedeck (Christina-Maria Sieland), Ulrich Tukur (teniente coronel Anton Grubitz), Thomas Thieme (ministro Bruno Hempf), Hans-Uwe Bauer (Paul Hauser), Volkmar Kleinert (Albert Jerska), Matthias Brenner (Karl Wallner), Herbert Knaup (Gregor Hessenstein). Música: Gabriel Yared y Stéphane Moucha. Fotografía: Hagen Bogdanski. Montaje: Patricia Rommel. Vestuario: Gabriele Binder.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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