Hace poco comentaba esta película con alguien que me decía que le parece un soberano tostonazo, que su protagonista es un asno y un chalado que no sabe ni expresarse más allá de su música, tan excéntrico como el director de la cinta, y que le dice muy poco una supuesta historia de amor en la que apenas ocurre nada y casi ni hay diálogos. Siempre he sido de los que dicen por convicción que el libro de los gustos está esperando la firma de cualquiera, y reconozco que en alguna de las exageradas afirmaciones comparto el enfoque; salta a la vista que la extensión del director dentro de la pantalla en la figura del actor británico David Thewlis es irreal a más no poder, y también se vislumbra algún “exceso de genialidad” en el abrupto y barroco montaje para una historia tan sencilla y terrenal como ésta. No obstante, en poco más puedo estar de acuerdo, ya que creo que en Asediada es una maravilla la naturalidad de la que Bernardo Bertolucci hace gala al dibujar con su característico don para el manejo de la cámara –de antología son el giro en el que la protagonista se queda dormida y el fundido de la espuma de cerveza- y una perfecta elección musical, esta tierna y humana historia de amor como mandan los cánones: poquito a poco, saboreando y sufriendo cada uno de los pequeños detalles.
La impecable Thandie Newton es una joven africana exiliada por motivos políticos que convive en una enorme y desgarbada casa romana con un pianista que se enamora perdidamente de ella, y que está dispuesto a lo que sea para que ésta le corresponda. Lo que él aún no sabe es que ella está casada, y su marido se encuentra en la cárcel en su país de origen…
Elegante, hermosa, delicada y, sobre todo, lírica película que investiga las profundidades del corazón hasta llegar a lo irracional y descabellado que nos domina cuando no podemos resistirnos a la pasión. Con la química de sus miradas, los protagonistas se dicen todo lo que callan (que es mucho rato de metraje: precisamente lo aburrido para algunos detractores).
Pero, ¿no es verdad que en el amor lo que más vale es lo que no se dice con palabras? Guste o no este trabajo, nadie podrá achacarle al padre de El conformista, El último tango en París, Novecento, El último emperador o Belleza robada que no nos ha enseñado sin anestesia un trocito de la cara más imperfecta y a la vez grandiosa del ser humano, sin aditivos, con el corazón de sus protagonistas en cueros delante de nuestras narices para que los inspeccionemos con libertad.
Y voy a ir dejándolo aquí para no hacerme sangre en la lengua de mordérmela para no desvelarles mis fotogramas favoritos o el natural, atípico y antológico final de este festín cinematográfico. Si a alguien le apetece y tiene la oportunidad de verla, recomiendo disfrutar de la deliciosa riqueza que aporta la mezcla de idiomas en versión original. Buen provecho para el que le hinque el diente: especialmente si lo hace por primera vez.

Director: Bernardo Bertolucci. Año: 1999. Duración: 98 min. Guión: Clare Peploe y Bernardo Bertolucci. Intérpretes: Thandie Newton, David Thewlis, Claudio Santamaría, John C. Ojwang, Massimo De Rossi, Cyril Nri, Paul Osul, Veronica Lazar. Música: Alessio Vlad. Fotografía: Fabio Cianchetti.