Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Caprichos del destino

Me resulta odioso ponerme tristón, sobre todo cuando se supone que casi siempre el cine es un tema eminentemente de disfrute y entretenimiento, pero el a veces cruel destino ha hecho coincidir en los últimos días las desapariciones de Rafael Azcona y Richard Widmark, dos genios de este arte nuestro que, a priori, lo único que tenían en común era lo condenadamente bien que se les daba engrandecer la noble profesión de los cuentahistorias.

Azcona, que tenía 81 años, falleció de cáncer de pulmón el lunes 24 de marzo, y presentar al genio de Logroño, guionista inseparable de Luis García Berlanga y socio de Carlos Saura, Fernando Trueba o José Luis Cuerda, sería una tontería. Como poderosas credenciales y a la vez de merecido homenaje a su memoria baste mencionar que de su cabeza y sus letras han nacido gran parte de obras como El pisito, Plácido, Escopeta nacional, La niña de tus ojos, El Verdugo, ¡Ay, Carmela!, La lengua de las mariposas o la oscarizada Belle Epoque entre otras muchas. Enumerado parte de su gran trabajo, casi parece reiterativo decir que posiblemente el mejor guionista que el cine español ha dado es Premio Nacional de Cinematografía (1982), recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1994 y atesoraba nada menos que nueve premios Goya.

Y por si el luto no fuera suficientemente sentido en el mundo del cine, dos días después nos enteramos de que también nos ha dejado, a la edad de 93 años, el actor Richard Widmark, de los pocos de la época dorada que quedaban vivos y eterno secundario de superlujo de producciones que quedaron en las videotecas de nuestra memoria.

Widmark debutó en este ingrato y a veces maravilloso mundo en 1947 en El beso de la muerte, trabajo por el que logró el Globo de Oro y una flamante candidatura al Oscar de la Academia en la categoría de mejor actor secundario por su gigantesco papel de asesino. Durante más de cuarenta años actuó, infatigable, en unas setenta películas, y fue rostro conocido del cine bélico, westerns y, sobre todo, elemento indiscutible del mejor cine negro.

Quedan para el recuerdo las elegantes, contundentes y capacitadas apariciones en importantes papeles como el de El Alamo, de John Wayne, o mi favorito, el de la magnífica Vencedores o vencidos de Stanley Kramer. También participó en cintas tan conocidas como El hombre de las pistolas de oro, La conquista del Oeste -a las órdenes de John Ford, palabras mayores-, Pánico en las calles o Asesinato en el Orient Express; ahí es nada.

La fatalidad y el azar han querido que Azcona y Widmark nos dejen huérfanos de talento interpretativo y maestría de guión. Pero la grandeza de sus profesiones y la tecnología nos permitirán recordarles cada vez que nos apetezca por mediación de los trabajos que les encumbraron. Descansen ustedes en paz, maestros, y gracias por su gran legado.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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