La objetividad se me escurre de las manos cuando hablo de Winterbottom, realizador de esta cinta y debilidad personal debido al estilo contundente, sin remilgos y eficaz que le caracteriza; además, autor de pequeñas historias contadas de manera impecable, el otro gran motivo de mi afinidad por su trabajo. Desvelado el pie del que cojeo, me siento con más libertad para afirmar que, aunque reconociendo que la historia, más que minimalista, es mínima, es una delicia ver el cómo va transcurriendo el tiempo (durante los acertados 94 minutos) en las nuevas vidas de los personajes protagonistas, integrantes de una familia desmembrada por la muerte de la madre en un memorable principio de la historia, tan poderoso en lo visual como en lo emocional.
Colin Firth encabeza de forma muy solvente el reparto de la cinta (al igual que el espíritu de la misma, impregnado de esa escuela británica a la que también pertenece el director y que no me canso de decir que es la mejor del mundo), poniéndose en la piel del padre que toma la decisión de irse a vivir a Génova con sus dos hijas para empezar de cero tras la tragedia. Ya en la ciudad italiana, los tres experimentarán a su manera el cambio e intentarán cicatrizar mirando hacia el futuro, teniendo muy en cuenta las edades de cada uno y las necesidades vitales que van unidas a personas tan dispares como un cuarentón, una joven en edad de comerse al mundo y una niña sin su madre.
La habilidad del director-guionista-montador-todoterreno reside fundamentalmente en transformar una historia con peligro serio de melodrama de diseño en una obra cercana que no pretende obligar a emocionarse a nadie, sino que nos introduce como mirones pasivos en el durísimo proceso post dramón, de reconstrucción vital, menos efectista y con aires a exploraciones interiores parecidas a la fantástica habitación del hijo, de Nanni Moretti.
No obstante, el toque Winterbottom, ganador del Premio al Mejor Director en el Festival de San Sebastián, es innegable en detalles como la importancia capital que se le da en la película al escenario, en el que la ciudad de Génova participa, viva y coleando como un personaje más; a los escenarios hemos de añadirle una meticulosa elección de la música que nos acompañará por el viaje hermoso que haremos con la excusa de seguir los avances en las vidas de los personajes principales en Italia.
Con sus debilidades e imperfecciones, Génova supone el necesario ejemplo de que los cineastas que merecen llamarse así siguen trabajando, con mayor o menor acierto, cosa siempre debatible, pero siguen ahí a fin de cuentas. Habrá que mantener la esperanza, que es lo último que se debe perder…
Dirección: Michael Winterbottom. País: Reino Unido. Duración: 94 min. Intérpretes: Colin Firth (Joe), Catherine Keener (Barbara), Hope Davis (Marianne), Willa Holland (Kelly), Perla Haney-Jardine (Mary). Guión: Michael Winterbottom y Laurence Coriat. Música: Melissa Parmenter. Fotografía: Marcel Zyskind. Montaje: Paul Monaghan y Michael Winterbottom. Diseño de producción: Mark Digby. Vestuario: Celia Yau.