Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Shrek, felices para siempre: pactar con el diablo

La tercera parte del bombazo, en su tiempo ejemplo de ingenio e innovación, y a la postre desgastado y maltratado cual producto industrial de serie, dejó sin fuelle alguno a la franquicia, repitiendo hasta la saciedad lo que había tenido gracia anteriormente sin aportar nada y flojeando hasta el hartazgo. El “unhappy end” del ogro más famoso de la historia del cine estaba cantado. Sin embargo, el signo del dólar que poseen por retina sus productores ha animado a “concluir decentemente la saga”, lo que traducido al idioma internacional viene siendo en realidad “exprimir a tope la naranja mientras exista un mínimo de jugo”, aunque ello conlleve llegar a la cáscara y que el zumo salga amargo, riesgo que hoy se toma con una ligereza pasmosa y una falta de responsabilidad equiparable: así se terminan arrastrando personajes e historias gloriosas, que acaban por dejar una injusta e inmerecida mala imagen por erosión.

La ventaja de la cuarta y aparentemente definitiva entrega de Shrek, es que la predecesora fue tan horripilante que se antoja difícil hacerlo igual de mal, y ello da un pequeño respiro al espectador con la sensación de que se ha cogido un impulso en forma de coletazo final para despedir el asunto de la mejor manera posible, lo cual no es poca cosa.

En esta ocasión, el protagonista refleja un aburrimiento de sí mismo y de lo que ha llegado a ser, así como de todo lo que le rodea, que el público en su mayoría ya reflejaba (está bien acabar con un toqué ácido, que es lo que había caracterizado siempre a sus guiones), y se deja engañar por un diabólico embaucador que le cambia un solo día de volver a ser el ogro que él desea ser por uno de sus antiguos momentos vitales; eso conducirá al desastre y, claro está, habrá que hacer algo para repararlo, que necesitamos excusa oficial para apreciar alardes de tecnología (impecablemente animada, hay que resaltarlo) y gags nuevamente divertidos, pero sin recuperar la frescura de antaño.

Nuevamente el Gato con Botas se erige como el activo con más posibilidades de futuro (se rumorea un inminente spin-off que tome el rentabilísimo testigo para papá Dreamworks), y sigo manteniendo lo que dije de la voz de Antonio Banderas para el felino personaje: seguramente supone su mejor trabajo en el cine, lo cual resulta un halago bastante discutible, imagino, pero es que el brillante toque personal del malagueño, es de esos aciertos profesionales por los que uno será recordado.

El caso es que, a falta de otros alicientes en un verano cinematográfico especial y alarmantemente desértico, en el duelo al sol de las grandes compañías de animación, Shrek ha comenzado disparando, de manera más certera de lo esperado, aunque seguramente sentenciada desde antes del estreno a sucumbir ante la tercera parte de la aún poderosa Toy Story; pero será esa una “story” de la que nos preocuparemos a su debido momento…

Dirección: Mike Mitchell. Título original: Shrek forever after. Duración: 94 min. Género: Animación. Voces originales: Cameron Diaz (Fiona), Mike Myers (Shrek), Eddie Murphy (asno), Antonio Banderas (Gato con Botas), Julie Andrews (reina Lillian), Walt Dohrn (Rumpelstiltskin), John Cleese (rey Harold), John Hamm (Brogan), Jane Lynch (Gretched), Craig Robinson (Cookie), Lake Bell (bruja). Guión: Josh Klausner y Darren Lemke. Producción: Teresa Cheng y Gina Shay. Música: Harry Gregson-Williams. Montaje: Nick Fletcher. Dirección artística: Peter Zaslav y Max Boas.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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