Supongo que deberíamos encuadrar esta cinta en lo que llamamos drama histórico si nos ciñéramos a categorizarlo todo, manía muy recurrente; y por ello acabaríamos reprochándole que se pasa de puntillas por el momento político que sirve de escenario al transcurso del relato o que se le da excesiva trascendencia a una dificultad anecdótica en el habla del rey Jorge VI. Si nos liberamos de clichés y simplemente dejamos llevar nuestras ganas de ver sin tapujos una estupenda película, El discurso del Rey supone la enésima exhibición de la escuela británica de actores (siempre sostengo que es la mejor del mundo), con una historia sencilla y maravillosa de amistad tortuosa y superación personal, sin necesidad de épicas ni fanfarrias: como la vida misma.
El director de esta orquesta bien afinada es el poco prolífico Tom Hooper, que se encuentra en pleno momento dulce de su carrera en la mayoría del contexto técnico de la narrativa (con secuencias realmente brillantes en lo visual y un magistral dominio del enfoque-desenfoque), al igual que encantado de conocerse en otros momentos, donde se pasa de experimental, y el cartel de “genius at work” desluce algún que otro instante que nos plantea el sobrio, elegante y original (en el mejor de los aspectos de una palabra que el cine empieza a necesitar como el comer) guión.
Sin duda, la inmensa fortaleza inexpugnable de esta película reposa en los hombros de un plantelazo de lujo con nombres como Colin Firth, Geoffrey Rush (el único no “british”, si bien Australia es prima hermana), Helena Bonham Carter, Guy Pearce o Michael Gambon, que están a la altura del duelo de categoría y, cada cual en la medida de los minutos que disfruta, dan una lección interpretativa digna de una película que se basa en pequeños matices y emociones humanas contenidas. Si bien hay que destacar la fantástica actuación de un Colin Firth superior que ojalá gane muchos de los premios que se le auguran por este papel, resultaría difícil resaltar otro protagonista debido al buen hacer de todos sin excepción, un gustazo.
El citado Firth ejerce de monarca obligado a ocupar un rol que por ley de nacimiento no era el suyo, y en pleno estallido de la Segunda Guerra Mundial debe dirigirse a un país que se ve abocado al campo de batalla y representado por un rey tartamudo incapaz de articular dos frases seguidas en público. Será Geoffrey Rush el profesional que le ayudará con esos problemas en el habla, a la vez que conectará con la humanidad de un Jorge VI retratado tan noble y orgulloso como tremendamente vulnerable (mérito de la enorme dimensión que, con sus silencios y rostros sinceros y transparentes Firth regala a la producción).
Defectillos veniales aparte, estamos sin duda ante una experiencia muy gratificante por el módico precio de la entrada de cine, una de las mejores películas del año, y todo casi sin bombo ni platillos.
Dirección: Tom Hooper. País: Reino Unido. Duración: 118 min. Intérpretes: Colin Firth (Bertie, rey Jorge VI), Geoffrey Rush (Lionel Logue), Helena Bonham Carter (reina Isabel), Guy Pearce (rey Eduardo VIII), Jennifer Ehle (Myrtle Logue), Derek Jacobi (Cosmo Lang), Michael Gambon (Jorge V), Timothy Spall (Winston Churchill), Anthony Andrews (Stanley Baldwin). Producción: Iain Canning, Emile Sherman y Gareth Unwin. Guion: David Seidler. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Danny Cohen. Montaje: Tariq Anwar. Diseño de producción: Eve Stewart. Vestuario: Jenny Beavan