Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Cisne negro: caos

Inquietante y muy turbadora se presenta la última producción del talentoso Darren Aronofsky (saltó al estrellato con The wrestler, redención de Mickey Rourke con su carrera interpretativa). La complicada (que no compleja) historia apunta sus focos hacia una bailarina de élite de una importante compañía de ballet en Nueva York; compite por el papel de protagonista en El lago de los cisnes, y la presión que ello supone, el esfuerzo extenuante, su tortuosa relación familiar y una obvia inestabilidad emocional previa están haciendo que su psique sucumba y mezcle peligrosamente la realidad con el fruto de una mente que comienza a dar signos de estar claramente perturbada. Todo ello se refleja en un torbellino apabullante de ilusiones y sombras chinescas que hace removerse al espectador en la butaca de igual forma que lo desconcierta, lo hace odiar la producción e igualmente cautiva a aquel que se atreva a dejarse llevar en el psicotrópico viaje inverosímil de situaciones demencialmente desmedidas.

Pero son precisamente los excesos y la caótica imperfección de la película lo que la hacen desembocar en unos veinte minutos memorables que alcanzan la barrera que protege nuestras emociones de intrusos amenazando peligrosamente con entrar, aunque no sea tan bienvenida como otras cintas claramente definidas.

Y es Natalie Portman, una actriz con mayúscula, la que logra esa conexión imposible entre lo que hay dentro de la pantalla y lo de fuera: se entrega en cuerpo y espíritu a un rol protagonista extenuante, y es capaz de hacernos vivir la continua evolución de un personaje que está como un cencerro y además tiene que procurar no parecerlo, con lo complicado que la empresa parece. No se antoja pues exagerado tanta nominación y premios por doquier, ya que realiza impecablemente un papel de hilado fino, atractivo reto interpretativo que asumir, pero con el claro peligro de caer en la sobreactuación ridícula de la que Portan huye con la elegancia del cisne que lleva dentro su grácil bailarina. Y ya que hablamos de ello, qué decir tiene la extrema preparación que habrá necesitado la faceta propiamente física, metiéndose en la piel de alguien que se dispone a encabezar una compañía profesional de ballet, con las horas de coreografía y gimnasio que ello requerirá. En favor de su trabajo (y también del resultado final de la empresa) queda decir que los primeros planos que dejan claro que es la propia actriz la que está bailando ante nuestros ojos abundan, aportando tanta verosimilitud como naturalidad.

El apoteósico clímax final que te fagocita te deja sin aire, te recuerda cuando todo termina que llevas sin respirar y sin despegar la vista de la pantalla un buen rato, lo cual no puede ser sano, pero tampoco es sano nada de lo que lleva ocurriendo durante los más de cien minutos de metraje. Quien no llegue a conectar con lo que Aronofsky y los guionistas Heiman, Heinz y McLaughlin pretenden despertar en nosotros corre serio peligro de odiar Cisne negro, pero lo que queda absolutamente claro es que es imposible que nos despierte completa indiferencia.

Dirección: Darren Aronofsky. Duración: 110 min. Intérpretes: Natalie Portman (Nina), Vincent Cassel (Thomas Leroy), Mila Kunis (Lily), Barbara Hershey (Erica), Winona Ryder (Beth). Guion: Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin; basado en un argumento de Andrés Heinz. Producción: Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin. Música: Clint Mansell. Fotografía: Matthew Libatique. Montaje: Andrew Weisblum. Diseño de producción: Thérèse DePrez. Vestuario: Amy Westcott.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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