Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Sin límites: la píldora

Una pequeña pastillita es capaz de cambiar la vida de toda una sociedad. Generalmente los adelantos más populares suelen ser de tipo copulativo (es nuestra naturaleza, qué le vamos a hacer), pero imaginen por un segundo que exista una píldora que nos permita desarrollar el lado desaprovechado del cerebro, nada menos que el ochenta por ciento (también va en nuestra naturaleza lo de desaprovechar las cosas, desgraciadamente).

Justamente con esta idea juguetea el argumento de Sin límites, donde Bradley Cooper (Resacón en Las Vegas, Qué les pasa a los hombres, El Equipo A), actor al alza en los últimos años, encarna a un escritor aquejado de una tremenda crisis creativa (también suele ocurrir), y por azares de un destino, también llamado guion, que podría estar mejor hilvanado, da con la opción de explorar y explotar el lado oculto de su cerebro. ¿Quién podría rechazar semejante posibilidad? El asunto es que para ello debe tomar con regularidad una droga de diseño que, por supuesto (qué gracia tendría si no), tiene efectos secundarios que, junto con peligrosos cruces de caminos con los bajos fondos, le pondrán el picante a la historia.

El realizador de suculento apellido, Neil Burger (El ilusionista, Los afortunados), se muestra fiel a la estética moderna y atrevida que le caracteriza y hace avanzar la trama con agilidad y golpes de originalidad (sin adentrarse en el sendero de lo estrafalario) en tomas y encuadres que favorecen el lucimiento de su actor protagonista, que se lleva la luz de los focos con bastante imán y justicia, ya que clava a un tipo con enorme magnetismo personal y algún que otro secretillo, aunque se parezca demasiado al Fénix de El Equipo A.

En lo referente al resto del plantel destaca, aunque suene contradictorio, la falta de protagonismo de Robert De Niro en un papel bastante intrascendente de esos que se reservan a viejas glorias para contribuir a su jubilación dorada, pero los fans del legendario actor y él mismo se merecen más que verle “crepusculear” (nada tiene el término que ver con vampiros adolescentes, no piensen mal) por la gran pantalla convirtiendo en tics lo que anteriormente han sido recursos interpretativos marca de la casa.

No duden en caso de aburrimiento ante la puerta del cine en dar una oportunidad a una interesante cinta que aporta más de lo que parece a priori y que olvidarán pronto (cosas de no tener una pildorita que te haga memorizarlo todo y haya que ser selectivos), pero con el poso en su cabeza de no haber perdido el tiempo.

Dirección: Neil Burger. Duración: 105 min. Intérpretes: Bradley Cooper (Eddie Morra), Robert De Niro (Carl Van Loon), Abbie Cornish (Lindy), Anna Friel (Melissa), Johnny Whitworth (Vernon), Andrew Howard (Gennady), Robert John Burke (Pierce), Darren Goldstein (Kevin), T.V. Carpio (Valerie). Guion: Leslie Dixon; basado en la novela “The dark fields”, de Alan Glynn. Producción: Leslie Dixon, Ryan Kavanaugh y Scott Kroopf. Música: Paul Leonard-Morgan. Fotografía: Jo Willems. Montaje: Tracy Adams y Naomi Geraghty. Diseño de producción: Patrizia Von Brandenstein. Vestuario: Jenny Gering.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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