Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

Ocho apellidos vascos: txurras con merinas

El hecho de que la propuesta de Emilio Martínez-Lázaro (Los peores años de nuestra vida, Carreteras secundarias, Las 13 rosas, El otro lado de la cama) esté arrasando la taquilla española y sacudiendo los cimientos del pesimismo del cine patrio como no lo había hecho un producto de manufactura propia sin que Santiago Segura lo firmase desde el gamberrismo, sin duda requiere un análisis. En primer lugar, el espectador español es cada día menos propenso al prejuicio y busca ver algo que le entretenga, con lo que conecte sin demasiados riesgos, puesto que una entrada de cine es cara (y no anda el tema para dispendiar en experimentos), pero no supone a nadie la ruina. Por otro lado, el hecho de que desde dentro de nuestras fronteras se cree algo que se ría sanamente del tópico en un lugar tan cainita y diverso como es España se antoja más que saludable y nos coloca a la altura de países históricamente más civilizados que también se autoparodian en el cine sin que ocurra absolutamente nada. Porque la risas (aunque en este caso sean facilotas) y el buen humor, además de aligerar el rictus, que bien nos viene a todos, son una enorme muestra de inteligencia. Así que no queda otra que afirmar que ya era hora de que se nos relatara en el cine esta historia de un sevillano muy sevillano (con el chorro de tópicos que acarrea y que no necesitan enumerarse) que se enamora de una chica vasca muy vasca (con el chorro de tópicos que acarrea y que tampoco resulta necesario mencionar), la sigue desde Andalucía hasta el mismísimo fin del mundo (el centro abertzale del País Vasco) y se hace pasar por autóctono para lograr sus objetivos. Ahí es nada.

Para los papeles principales la película cuenta con los trabajos cargados de naturalidad de unos brillantes Dani Rovira, que debuta en pantalla grande y tiene un prometedor futuro, y Clara Lago, ambos destilando una innegable química y una meritoria veracidad si tenemos en cuenta que Rovira es malagueño (no confundir nunca a un sevillano con un malagueño) y Lago es de Madrid (sin comentarios). Completando el reparto tenemos como padre de la chica a Karra Elejalde, magnífico en el papel de su vida y lo mejor de la cinta, así como a una más floja Carmen Machi el la piel de “aliada” del chico.

Queda añadir que no todo son alabanzas, y que la fórmula es la de trillada comedia romántica con “txorrada” de argumento inconcebible ni desde la lógica más absurda y que, con momentazos realmente divertidos y diálogos que funcionan muy bien, la cinta tiene también sus altibajos de interés, va desinflándose conforme nos acercamos al final y, si obviamos el DNI de los protagonistas y lo que supone, no nos da la sensación de estar viendo algo nuevo en ningún momento. Eso sí, la fórmula no por explotada es menos efectiva, y el rato divertidísimo de evasión en la butaca del cine está garantizado, las risas van más allá de lo que ya nos han enseñado en el trailer, y eso mismo es lo que ha arrastrado a casi tres millones de espectadores al cine, con una recaudación que se estima que vaya a rozar los 25 millones de euros y en primer puesto de la taquilla haciendo morder el polvo a espartanos o superhéroes. No era tan difícil.

Dirección: Emilio Martínez-Lázaro. País: España. Año: 2014. Duración: 98 min. Género: Comedia. Interpretación: Clara Lago (Amaia), Dani Rovira (Rafa), Carmen Machi (Merche), Karra Elejalde (Koldo). Guión: Borja Cobeaga y Diego San José. Producción: Ghislain Barrois, Álvaro Augustin y Gonzalo Salazar-Simpson. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Kalo Berridi. Montaje: Ángel Hernández Zoido. Dirección artística: Juan Botella. Vestuario: Lala Huete. Estreno en España: 14 Marzo 2014.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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