Sesión Golfa

Juan Carrasco de las Heras

El hijo de la novia: primer contacto

Reconozco que a pesar del bagaje cinematográfico previo de Ricardo Darín, fue como tantos otros en El hijo de la novia la primera vez que lo vi (desde ese punto he sido fiel seguidor de su filmografía). Llenaba entonces y llena ahora de vida la pantalla con cada plano, especialmente los cercanos que tanto aprecian esa mirada limpia y azul magnético que tiene. Aprovechando el eco del reconocimiento que al fin le ha hecho la Academia española concediéndole el Goya por su enorme interpretación en Truman, recordamos desde aquí a modo de homenaje su aportación a ese monumento cinematográfico que es esta película que recomendamos con convicción. Precisamente Darín fue el escogido por Juan José Campanella para construir con brillantez ese hijo que menciona el título y que representa las dificultades de la cotidianidad en un país como Argentina. El actor lidia con un tipo malhumorado, estresado, demasiado ensimismado y algún que otro «-ado» más que le alejan de su familia, amigos, y demás cosas realmente importantes que regala la vida.

Añadamos que nada para brillar en una película de intérpretes y sencillez que rodearte de compañeros que hacen virtud de la dificultad de transmitir verosimilitud desde la humildad del oficio. Y tanto Héctor Alterio, patriarca de toda una saga, como Norma Aleandro son dos grandes de la escena. Ni que decir tiene que semejante plantel unido a un guión tierno y sencillo que aborda lo tremendo de una persona que padece el mal de alzheimer y aderezado con chorreones de humor que aligeran la nota, cimentó recién entrados en el siglo XXI una película sobre sentimientos y relaciones que fue seleccionada por Argentina para el Oscar a mejor película de habla no inglesa; y ya emprendió ese camino con la etiqueta de «no perecedero» que otorga la difícil circunstancia de la confluencia de aplausos de público de la calle, que masivamente acudió a las salas, y también de prensa especializada. La opinión generalizada reconoció una importante carga emocional no manipulada hacia el melodrama impostado que los cineastas del país hermano saben construir como nunca soñarán en lugares donde existen otras cifras presupuestales. Popularmente se afirma que Dios da pan a quien no tiene dientes, en este caso quizá se puede decir que da dientes al que no tiene pan blando que masticar…

Podríamos dedicar mucho más espacio dedicado a resaltar elementos sobresalientes de la cinta como, entre otros, las excelentes fotografía (Daniel Shulman) y banda sonora (Ángel Illarramendi), pero esta película merece que se hable de ella en su conjunto, porque trasciende del mero concepto de cine con sus aspectos técnicos; trasciende incluso de la palabra «arte». Porque El hijo de la novia tiene su clave en la palabra «verdad», que es más que todo lo citado. Clave para este resultado es lo que actores como Ricardo Darín son capaces de aportar en un cine argentino que se nutre de ingenio y sensibilidad. Y no solo te crees el trabajo de este actor porque tenga un evidente talento para esto, sino porque lo ves u oyes fuera de la pantalla y estás ante el mismo tipo natural que se lee en los ojos de sus personajes.

Dirección: Juan José Campanella. País: Argentina. Año: 2001. Duración: 124 min. Género: Tragicomedia. Intérpretes: Ricardo Darín, Héctor Alterio, Norma Aleandro, Natalia Verbeke, Eduardo Blanco, Gimena Nóbile, Claudia Fontán, David Masajnik, Atilio Pozzobon, Salo Pasik. Guión: Fernando Castets, Juan José Campanella. Fotografía: Daniel Shulman. Música: Ángel Illarramendi.

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Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión "Fila 7" en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal "El Cine en la Onda".

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