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Ricky Merino, Pedro Sánchez y el repugnante narcisismo disfrazado

La necesidad de aparentar fingiendo que dices o haces cosas profundas

Ricky Merino, Pedro Sánchez y el repugnante narcisismo disfrazado

¿Por qué los seres humanos queremos esconder la realidad? ¿Por qué maquillamos el postureo de filosofía barata o lucha social cuando lo que realmente queremos es lucir palmito?

El cantante Ricky Merino se pasa el día luciendo cuerpazo en redes sociales (fenomenal) pero diciendo que el deporte fue lo que le salvó cuando le hacían bullying por ser homosexual. Bien, el deporte ayuda para ser más feliz pero…

Traduciendo: el extriunfito quiere mostrar lo bueno que está pero vendiéndonos un drama social impactante. No hacen falta las excusas, querido.

Ojo, que el chico está de muy buen ver y es estupendo que quiera lucirse (ojalá yo pudiera) pero, coño, no me digas que es que te has puesto buenorro porque te obligaron a ello. Puede que él crea que es verdad pero dudo que se apuntase a un gimnasio sólo para defenderse de sus acosadores. Quería ser ‘superior’ a los demás y, hoy por hoy (desgraciadamente), lo eres si eres más atractivo (eso y si sales en un programa de televisión).

Me llama mucho la atención la máscara que está utilizando últimamente el narcisismo.

Ejemplo: Influencers que publican una foto medio en bolas pero la acompañan con una frase que creen que es profunda tipo “persigue tus sueños”, “sal de tu zona de confort” o “cada día hay un nuevo amanecer”.

¡No me jodas! Si quieres lucir palmito no intentes validarte con filosofía barata. Sé honesto. No eres mejor por disfrazar tu ego con mensajes que crees que son profundos pero que, en realidad, son pegatinas de imitadores de Mr. Wonderfull (que ya es una mierda de por sí). Luce tu cuerpo si te da la gana y punto.

Esto me recuerda a nuestro querido presidente del Gobierno. Ahora mismo se está rodando una docuserie sobre su trabajo en la Moncloa. Ya me imagino a Pedro Sánchez con cara de estreñido, poniendo morritos mientras dice que sufre mucho por la situación de España cuando, en realidad, está pensando en si está maquillado o si las gafas de sol le sientan bien o no.

Otro ejemplo: cuando Georgina Rodríguez, en su serie de Netflix, dice que la naturaleza es el mayor tesoro del ser humano mientras se sube a su jet privado. Tía, que me estoy riendo de ti, un poco de sentido común, por favor. Si te la suda el medio ambiente, dilo.  A ella le da igual, vive en su mundo (que materialmente es mejor que el de cualquier mortal y que ojalá yo tuviera).

El problema de los narcisistas es que no saben que lo son, por eso son tan osados.

Es genial que seas guapo, divino y exitoso. Si te luces yo te consumiré, pero no me engañes. No mezclemos conceptos.

Ojo, el problema también es social: si uno sale a la palestra y dice: ‘miradme, soy un dios griego y me gusto un montón’, se le tacha de engreído y superficial. Por eso los egocéntricos nos mienten. No deberían.

Yo llevo 43 años luchando contra la homofobia y ni estoy bueno ni quiero ir de víctima (aunque lo he sido) por una razón muy concreta: me da vergüenza.

Creo que, tal vez, la vergüenza sea el disfraz de la humildad y puede que la humildad, en realidad, sea lo que nos hace más fuertes, más honestos. Es eso o soy yo otro narcisista ( y envidioso, obviamente) que cree que va de guay y no sabe una mierda de la vida. Quién sabe.

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Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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