Por Javier Pardo de Santayana

( Británicos contrarios a salir de la Unión Europea manifestándose el 28.08 frente a la residencia del primer ministro, Boris Johnson )
¡Caramba con la democracia y los ingleses! Pues ahora resulta que uno puede parar el juego cuando quiera y no sucede nada. Basta con decírselo a la Reina, que tendrá que decirle que muy bien.
Pues yo creía que la cosa era más seria. Porque parar el Parlamento porque a usted la viene bien no me parece cosa razonable. Es como si el capitán de un equipo se fuera al árbitro e hiciera parar un partido porque está ganando y no quiere que le empaten. Me recuerda uno de esos partidos infantiles en los que el dueño de la pelota la coge y se la lleva porque su equipo va perdiendo.
Digo todo esto porque me extraña que en un país como Inglaterra, que se jacta de ser el inventor de la conducta democrática, suspenda el Parlamento sin dar explicación alguna. Y conste que puedo admitir que sea algo previsto para algunas situaciones razonables, pero no a la brava y sin más como parece que lo han hecho con ocasión del Brexit.
De verdad, el suspender el Parlamento me parece un juego sucio; un proceder impropio de una nación como Inglaterra. Tanto que sigo esperando que alguien me lo explique. Y lo que me extraña sobre todo es que demos por natural que esto pueda ocurrir, que nos lo estemos tragando sin más explicaciones; por ejemplo, sin que los periodistas, comentaristas y expertos nos lo expliquen.
Y el hecho es que estamos acostumbrados a que, por mucho que entendamos que le saque de quicio la obligación de hacerlo, nuestro actual presidente se resista a acudir a dar cuenta de lo que hace. Así que, cuando la espera no da ya más de sí nos envía a alguien de la cuadrilla, que, pobrecito o pobrecita, se las ve y se las desea para trastear una faena improvisada y así salir del paso mientras el maestro se reserva y emplea el tiempo en actividades provechosas como viajar en avión o exhibir su palmito en las fotografías; algo más agradable como cualquiera puede comprender. Pero que esto llegue a ocurrir en Inglaterra…
Sí, señores. El cortar por lo sano y decir “pues voy y suspendo el parlamento» sin dar mayor explicación a la “ciudadanía” me parece una conducta sorprendente e impropia de un país de tanto ringorrango y tan satisfecho de si mismo – tan orgulloso de su propia historia – como es el Reino Unido. Digo yo que en callar bocas y no dar explicaciones habrá influido poderosamente el apoyo recibido por el actual primer ministro del presidente de Estados Unidos, quien, en un gesto de desprecio a sus ancestros europeos – con los ojos entornados y hablando ex-cátedra como quien no quiere la cosa – ha venido a decir que el Brexit duro ya está decidido desde Washington. Y que el problema planteado lo solucionará él tirando de cartera.
¡Qué detallazo! Claro que el club angloparlante prefiere desmarcarse del europeo donde hay gente tan impresentable como los españoles – mire usted si no lo es la Leyenda Negra – o los polacos, que no pasan por el aro así les aspen, o los griegos, que son unos antiguos. En fin, esos del sur a los que llaman “PIGS”, o sea, cerdos.
Pero insisto en que lo que a mí más me sorprende es ver que todo el mundo da por natural que un buen señor aunque primer ministro tenga la facultad de suspender un parlamento sin dar voz a la oposición y sin mediar motivos razonados. A menos que las haya pero nadie se digne mencionarlos, acostumbrados como estamos a ver en la televisión cosas tan raras como unos parlamentarios hacinados con una mesa en medio llena de papeles, un primer ministro dando la espalda a la mitad de los representantes – incluso a los que tiene al lado – y un presidente del cotarro dando voces hasta desgañitarse y con un gesto que parece estar de broma.
Y a ver la televisión y oír la radio sin que a ningún curioso o experto se plantee cómo es que un buen señor, por muy primer ministro británico que sea, se puede permitir el lujo de suspender a voluntad un Parlamento.