Así se escribe la historia

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 7 )

Como bien sabe mi improbable lector, mi principal impulsor como comentarista de las cosas que pasan no es otra cosa que el asombro; sobre todo de aquel que no debe serlo para la mayoría de mis conciudadanos. Así que vaya por delante que lo que sigue no es sino un fruto de mi raro interés por aquello que no parece ser como debiera.

Empezaré por constatar la conmoción causada por la repetición de casos de corrupción en el ámbito económico y político. Y recuerdo que, antes de que ésta fuera la noticia que es ahora, tuve ocasión de oír decir a un importante cargo representativo de los empresarios una reflexión reveladora de lo que fue nuestra pujante sociedad del bienestar: “Otra cosa no habrá en España – comentó el hombre – pero lo que es dinero…” Y como donde hay dinero también hay mayores posibilidades de forrarse, la corrupción prosperará en una proporción casi directa. No es extraño por tanto que aquel comentarista que echó las cuentas pertinentes llegara a la conclusión de que la corrupción en los partidos era proporcional al número de cargos obtenidos.

En todo caso esta preocupación sobrevenida provocaría una enérgica reacción de la “ciudadanía” pidiendo la erradicación de unos comportamientos criminales que revelaban la existencia de cobros de comisiones y de evasión de impuestos, de nepotismo y recomendaciones; en fin, de las mil y una maneras conocidas de lograr beneficios personales o de carácter partidista a costa del dinero del estado. Claro que una lumbrera de nuestra política sentenció que ese dinero no pertenecía a nadie.

Ni que decir tiene que la utilización corrupta de fondos oficiales ha dado mucho juego en nuestros días: tanto es así que acabaría provocando cambios tan trascendentes que han puesto patas arriba nuestra situación de ahora. Así se ha producido el surgimiento de movimientos populistas dispuestos a acabar con nuestro sistema democrático, la importación de un desacreditado comunismo, o incluso la defunción del bipartidismo. De todo ello fue principal víctima la derecha española, que, habiendo gozado de una mayoría destacada durante el tiempo que llevó salir de una situación económica al borde del abismo, acabó teniendo que dar cuenta de su cuota de culpa.

Pero no es ella la sola que debiera dar cuenta de sus actos. Y ahí es donde me surge la mayor sorpresa, pues según parece demostrado, los más beneficiados de la tormenta tenían también algo de lo que responder. Tan es así que en términos cuantitativos superarían ampliamente a los perjudicados por la reacción a que hemos aludido. Consideración aplicable a algunos de sus más altos cargos. Es más, el panorama reflejaba la certeza de que en este caso el sistema utilizado tenía, entre otros fines, la fidelización del voto y la financiación de determinadas juergas – con drogas y fulanas incluidas – de los distribuidores de los fondos: cosas, en fin, que de haberse tenido en cuenta en su momento habrían cambiado la situación actual completamente; que aquí es donde radica aquel asombro mío que alcanza no sólo a quienes consiguieron ocultar sus tropelías, sino también a quienes – quizás por no ser respondidos con el clásico “ya están estos con lo de el tú más de siempre” – poco parecen haber hecho para defenderse.

Y sin embargo estoy seguro de que mucho habría cambiado la situación de lío y desconcierto en que nos encontramos de haberse reconocido lo obvio ya desde el principio. Y obvio es que la investigación abundante y exhaustiva realizada por una concienzuda juez que estaba revelando la existencia de un entramado delictivo que incluiría a grandes personajes fue detenido en seco al trasladar este trabajo a otra persona a la que que acabaría reconviniendo por su dejadez la propia autoridad judicial de que depende. Lo cual de poco parece haber servido, por cuanto su actuación está marcada por una serie de bajas sucesivas. Y aún hay más, porque según nos dicen, los escasos periodos de trabajo sólo han servido para prolongar el proceso indefinidamente, frenar determinadas diligencias y anular la imputación de varios cargos.

Pero por si esto no fuera ya suficientemente llamativo, aún lo es tanto o más que quienes recibieron un tratamiento contundente por parte de los medios y de las decisiones judiciales, o incluso los propios ciudadanos que ven como no hay forma de encontrar una situación política a la altura de las circunstancias, no hayan puesto ya el grito en el cielo al constatar que todo parte de una excelente iniciativa como la lucha contra la corrupción establecida, pero escorada por un tratamiento alejado de la equidad y la justicia.

Sí señores, no deja de ser sorprendente ver como el clásico “así se escribe la historia” se hace definitivamente historia ante un silencio cómplice que resulta incomprensible en un mundo dominado por los medios en el que nadie puede quejarse de no saber lo que sucede.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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