Por Javier Pardo de Santayana

(La despedida del Reino Unido a la Unión Europea )
La escena bien podría ser el remate conmovedor de un hecho histórico: los parlamentarios europeos de pie en sus escaños entonando – algunos con las manos enlazadas – una antigua canción del siglo XVIII. Su título, “Auld Lang Syne”, que en escocés significa “Los viejos tiempos”. Conmovedor espectáculo, pues lo que se festeja no es un encuentro sino una despedida: unos antiguos sueños que se esfuman.
Estamos, como ustedes saben, asistiendo a una decepción mayúscula: aquélla que supone la ruptura de los lazos que se establecieron en su día entre Europa y el Reino Unido de la Gran Bretaña. Y la canción suena muy acertadamente a historia antigua, por lo que encaja bien en Nochevieja, cuando dejamos atrás un año de esperanzas, o en la celebración del funeral de alguien querido, pero que ahora se refiere a un acontecimiento profundamente serio cual es la despedida de quienes compartieron un sueño ya imposible.
“¿Deberíamos olvidar las viejas amistades?” se preguntan. Y se proponen beber juntos una trago de cerveza, como en los buenos tiempos. Emoción y poesía que rompen la seriedad de la organización política y subliman un ambiente de tristeza al subrayar el reconocimiento de un fracaso; de un indudable paso atrás que acaba por truncar una esperanza. Se trata, sí, del cierre de una época de euforia en que el futuro era de paz consolidada, de conversión de nuestra vieja Europa en gran potencia, de la consecución de un buen modelo quizá exportable a otras regiones del planeta. Todo ello destruido sólo por recuperar una quimera: la de una Inglaterra imperial que ya no existe.
Quizá quienes entonan la canción cogidos de la mano no se den cuenta, o se vean forzados a aceptar lo inevitable: que determinados mecanismos desencadenados sin valorar sus posibles consecuencias han roto en el momento más inoportuno un gran proyecto de futuro; que quizás estén cerrando de este modo aquel periodo de euforia esperanzada que siguió a la victoria de las democracias, para abrir, junto con otros acontecimientos significativos, un nuevo periodo depresivo que trunca la marcha positiva de la Historia.
Ahí tenemos el retorno de los viejos pecados del pasado siglo: de los enfrentamientos ideológicos, de la lucha de clases y de los populismos desatados. Ya empezaron a quebrarse las ilusiones de libertad y de progreso de quienes, habiendo sido amenazados durante muchos lustros por las inaceptables doctrinas comunistas, se habían liberado de ellas e incluso habían albergado la ilusión del sueño compartido de una poderosa Europa de hombres y mujeres libres.
Así quienes ahora se proponen brindar por la amistad antigua están proporcionando, quizás sin darse cuenta, un mal ejemplo de ruptura que, tal como se ha visto claramente, desasosiega a las regiones del propio “Reino Unido” y constituye un ejemplo pernicioso para la estabilidad de sus antiguos socios, desestabilizando el panorama geopolítico sin aportar ventaja alguna que se sepa; forzando la realidad del propio país que representan y que algunos quisieran disgregado, e incitando también a la ruptura interna, no ya de Europa sino de las propias naciones que la integran.
Y sin embargo hay que decir que esta debacle se ha desencadenado casi sin pretenderlo y como consecuencia de un simple paso en falso promovido sin voluntad explícita por un determinado personaje a quien el tiro salió por la culata. “Pequeñas causas, grandes efectos”, diría la sabiduría popular, tan oportuna casi siempre.
Pero quizá lo más significativo del momento sea que tan deplorable situación, envuelta ahora en una escena de nostalgias, revela cómo la torpeza de una simple persona o de unos pocos – quizás incluso la ambición de un par de ineptos y una coincidencia temporal no deseada – puede desencadenar toda una catarata de acontecimientos que cambien para mal el curso de la Historia.
PS: He aquí, más o menos, la letra de “Auld Lang Syne»
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordarlas?
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y aquellos viejos tiempos?
Estribillo:
Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos
tomaremos una copa de cordialidad
Por los viejos tiempos
Los dos hemos recorrido las laderas
y recogido hermosas margaritas
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos
Estribillo
Los dos vadeamos la corriente
desde el mediodía hasta la cena
pero anchos mares rugieron entre nosotros
desde los viejos tiempos
Estribillo
He aquí una mano, fiel amigo,
y danos una de las tuyas
¡Echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!