Por José María Arévalo

(Alonso Berruguete. Adoración de los Magos)
En el artículo que publicábamos el pasado 30.11.19, y que titulábamos “Berruguete sale del Museo de Escultura”, al comentar la actual exposición en la National Gallery of Art de Washington de los fondos de Berrueguete del Museo Naciona de Escultura, explicaba que no he ido a nuestro Museo Nacional en San Gregorio temiendo el vacío de las salas de Berruguete y la soledad que me produciría, y que ya tengo la misma sensación en mi parroquia, Santiago Apostol, en el centro, donde ha desaparecido el magnífico retablo de la Adoración de los Reyes del propio Alonso Berruguete. “Supongo también trasladado a esta primera antológica de Berruguete fuera de España, aunque el párroco solo ha comentado que está en restauración; y la prensa sobre el acontecimiento excepcional de Washington no menciona el retablo de la iglesia de Santiago”. Lo cierto es que, cuando se han expuesto ahora algunas piezas ya restauradas, del retablo de la iglesia de Santiago, en el Museo de Escultura –a lo que dedicaremos otro artículo-, se ha informado de que la escena central de la adoración de los Reyes Magos sí que se encuentra en la exposición de la National Gallery of Art de Washington.
Efectivamente, estos días se hace la prensa eco de la importante restauración del retablo de la Epifanía de Berruguete que ha llevado a cabo la Junta de Castilla y León en el Centro de Conservación de Bienes Culturales que hay en Simancas. “El objetivo –nos cuenta El Día de Valladolid- es que se complete en mayo, tras lo que volverá a la iglesia de Santiago de Valladolid”.
Sin embargo, ya explicamos que para compensar el vacío dejado por el artista palentino, que cuando acabe el 17 de febrero en la National Gallery of Art de Washington, viajará al Meadows Museum de Dallas donde permanecerá hasta el 26 de julio, nuestro Museo de Escultura prepara una muestra monográfica sobre Alonso Berruguete con piezas procedentes de diferentes museos españoles, “lo que –decía- se agradece mucho el detalle para aliviar la sensación de orfandad que nos deja el viaje de nuestro Berruguete a 6.000 kilómetros, tras unas seis horas de vuelo”. No han salido noticias sobre esta nueva exposición, pero no me extrañaría que el retablo de la Epifanía de la iglesia de Santiago se incluyera en ella una vez restaurado, aunque el montaje y desmontaje del mismo debe ser bastante complicado, como veremos ahora. Y así lo deja entrever la información de Ical que ahora recogeremos, al incluir que “El Museo, que ha realizado los trabajos de restauración de los grupos escultóricos, llevará a cabo, antes de la finalización de la restauración de la totalidad del retablo diferentes muestras donde se podrá contemplar el resultado de los trabajos”. La primera muestra ya está en el Museo Nacional de Escultura.

(Alonso Berruguete. Figura central de la Adoración de los Magos)
La hechura del retablo de la Epifanía de la parroquia de Santiago –recogía El Día de Valladolid- está documentada por el encargo realizado en 1537 a Alonso de Berruguete por el banquero Don Diego de la Haya y su esposa doña Catalina Barquete. El discurso iconográfico del retablo representa la Encarnación, el Nacimiento y la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús. En la predela están representados, arrodillados en actitud orante, los donantes del retablo, que son presentados al Salvador por San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Se da la circunstancia de que este retablo de Berruguete es el único de la provincia de Valladolid que se conserva in situ. Los otros dos -uno procedente de la iglesia del monasterio de San Benito y el otro del monasterio La Mejorada- actualmente forman parte de la colección del Museo Nacional de Escultura.
Los trabajos –informaba la agencia Ical a finales de año-, en los que colabora el Museo de Escultura y la propia parroquia, de restauración del retablo de la Epifanía están supervisados por El Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, ubicado en Simancas. “Estos trabajos dieron comienzo el pasado verano para su correcta conservación, garantizando su estabilidad y perdurabilidad en el tiempo, así como la recuperación de sus valores estéticos y artísticos. En estos momentos, una vez desmontado el retablo, se está avanzando en la consolidación estructural y limpieza de los dorados y policromía, recuperando así su cromatismo real, que se encontraba muy distorsionado por el oscuro estrato de suciedad y barnices oxidados presentes al inicio de los trabajos de restauración. La inversión para esta intervención asciende a casi 100.000 euros y está previsto que concluya en torno al mes de mayo de 2020”.
Otra de las colaboraciones con las que cuenta esta intervención es la de la Unidad de Gestión de Riesgos y Emergencias de Patrimonio Cultural de Castilla y León (Ugrecyl), a través de la Unidad Militar de Urgencias (UME), cuya participación ha sido fundamental en el momento del desmontaje del retablo.
“Además, esta intervención permitirá ahondar y profundizar en el conocimiento de las técnicas artísticas y constructivas utilizadas por Berruguete en sus retablos y esculturas. Durante el desarrollo de los trabajos, se vienen realizando labores de difusión y divulgación entre las instituciones colaboradoras, tanto de la figura y obra de este insigne artista del Renacimiento español como de los estudios y trabajos de restauración propiamente dichos”. Efectivamente, desde estas Navidades la capilla en que se ubicaba, en la Iglesia de Santiago, el retablo de la Epifanía, y la siguiente, donde se celeran los bautizos, están cerradas por una mampara que recoge información sobre la restauración.
Como sobre Berruguete y el Maniesrismo ya escribíamos bastante en nuestro citado artículo “Berruguete sale del Museo de Escultura”, vamos a completar ahora la información –para que ustedes puedan aprovechar la visita al retablo restaurado- con una reseña sobre la iglesia de Santiago que publicamos el 30.07.13 bajo el título “Rincones con fantasma. 15. Calle e iglesia de Santiago, calle de la Tumba y Las Francesas”.
“La iglesia de Santiago que da nombre a la calle tuvo su origen en una pequeña ermita dedicada al Santo Cristo de Escobar, existente ya en el año 1041. (1 J. José MARTÍN GONZÁLEZ y Jesús URREA. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Parte primera. Pág. 188) La atendía una cofradía bajo la advocación de Santiago, nombre que adoptó el templo cuando pasó a ser parroquia en el año 1400. El rico mercader Luis de la Serna, que perteneció a la parroquia, reedificó la iglesia a su costa, dicen que para huir del acoso de la Inquisición.
La iglesia tiene un pórtico renacentista en la entrada que se abre al popular Atrio de Santiago, donde se encontraba otra de las instituciones de Valladolid: el quiosco de la “chata”, la última voceadora de “El Norte de Castilla”, hoy jubilada y traspasado el negocio.

(Alonso Berruguete. Parte superior del retablo de la Adoración de los Magos)
La iglesia guarda importantes obras de Alejo de Vahía, Berruguete, Francisco de Rincón, Leoni y Juan de Ávila. En 1974 se descubrieron los cuatro nichos funerarios de la familia de la Serna, que se encontraban tapiados en el presbiterio. Son de interés no sólo por ser obra de Alejo de Vahía, sino por la escasez de obras góticas de este tipo que hay en la ciudad.
El primitivo retablo que tuvo el presbiterio, se dice que lo trajo don Luis de la Serna nada menos que de Florencia, declarando a sus amigos que le había costado tanto como si fuera de plata. Era de barro cocido y vidriado y de él no queda ni rastro, salvo el caso improbable de que también se encuentre emparedado tras el retablo mayor”. […]
Y añadíamos más información tomada de la web Vallisoletvm.
“La Iglesia de Santiago Apóstol – dice en un resumen Vallisoletvm, como ya apuntaba Urueña- se levantó sobre una pequeña ermita que fue sustituida como consecuencia del desarrollo de esta zona, motivada por la actividad comercial de la cercana Plaza Mayor. En el edificio se encuentran partes de cronología diversa. La cabecera cubierta con bóvedas estrelladas fue finalizada en 1500 por Juan de Arandia. La nave, posterior, es de gran anchura, con cubierta de madera que estaba sustentada por arcos diafragma. En 1615 se construyen las bóvedas barrocas con yeserías, según proyecto de Francisco de Praves. La torre, construida por Juan de Arandia y Gracía Olave a partir de 1504, domina toda la calle. El cuerpo de campanas fue modificado para ampliar las ventanas. El chapitel es del siglo XVII”.
Y en articulo de Octubre de 2009 específico sore la “Iglesia de Santiago Apóstol”, amplía diciendo que la primitiva ermita de comienzos del siglo XII, hacia 1400 sería elevada a la categoría de iglesia parroquial. “Como consecuencia del desarrollo de la zona del centro urbano de Valladolid, motivada por la actividad comercial de la cercana Plaza Mayor, a finales del siglo XV la iglesia se había quedado pequeña para acoger a la creciente feligresía. Además, la cabecera presentaba un estado ruinoso. El rico mercader y banquero D. Luis de la Serna se convirtió en el patrono del templo, acordando con la autoridad eclesiástica costear su completa reedificación a cambio de permitírsele utilizar la Capilla Mayor como panteón familiar.
La obra se contrató con el arquitecto guipuzcoano Juan de Arandia, quien desde 1499 había dirigido la construcción de la Iglesia del monasterio de San Benito el Real. Concluida la cabecera en 1500, cuatro años después, Juan de Arandia y García de Olave comenzaron a levantar, adosada al ábside, la torre de sección cuadrada, a la que se añadió un remate octogonal en 1610. A principios del siglo XVII se arruinó parte de la nave, por lo que en 1615 el arquitecto Francisco de Praves trazó una nueva estructura de bóveda y capillas de aires protobarrocos que fue ejecutada por los maestros de obras Martín de Répide, Juan del Valle y Juan Alonso Ballesteros.
Y concluye esta primera parte histórica: “En 1941 la Cofradía de las Siete Palabras trasladó aquí su sede desde la iglesia de San Miguel y San Julián”.
Pasa a continuación a la “Descripción” de la iglesia. “Todo el exterior del templo presenta un aspecto austero, sin apenas concesiones decorativas, además de estar parcialmente enmascarado, en su lado del mediodía, por una edificación moderna que hace la función de pórtico de acceso y que acoge las dependencias de la parroquia y la cofradía. La sobriedad de la portada occidental, compuesta con aparejo mixto de sillería y ladrillo, es apenas rota por un óculo vidriado. En el paño central del ábside se halla empotrado un relieve gótico de Santiago Matamoros, protegido por arco alfiz. El único elemento verdaderamente característico de la fábrica exterior es la torre, formada por cinco cuerpos separados por cordones, un elemento decorativo preservado del arte gótico hispano-flamenco. El chapitel octogonal que lo corona tiene sabor escurialense.
Acceso lateral a la iglesia El interior presenta una sola y espaciosa nave, con cortas capillas laterles situadas entre los contrafuertes. La reforma integral ejecutada a principios del siglo XVII produjo un abovedamiento de cañón con lunetos sobre arcos fajones que apean en pilastras fasciculadas, una reminiscencia del gótico original del templo, y cuyos elementos están decorados con sencillas yeserías barrocas. La anterior cubierta era de madera y estaba sustentada por arcos diafragma. A los pies se sitúa el coro alto, alzado sobre un pequeño pórtico cubierto con un artesonado de comienzos del siglo XVI, en cuyos casetones se distinguen veneras con la cruz de la Orden de Santiago.
La cabecera, a diferencia de la nave, ha conservado su traza original con características góticas. Tiene planta poligonal y su anchura es más reducida que la de la nave. Sus dos tramos se cubren con bóveda de crucería estrellada, cuyos nervios apean en ménsulas decoradas con los escudos de los Reyes Católicos. En los muros figuran también las armas del promotor y mecenas del templo, D. Luis de la Serna.
En las paredes laterales del presbiterio se descubrieron en 1974 cuatro arcosolios con los sepulcros de D. Luis de la Serna y sus familiares. Las esculturas funerarias, labradas en alabastro, muestran a damas y caballeros, yacentes y ricamente ataviados. A excepción de la de D. Blanca López de Calatayud, que es renacentista, el resto de los sepulcros corresponden al gótico final a caballo entre los siglos XV y XVI, y han sido atribuidos a Alejo de Vahía. Conserva la Capilla Mayor unos sitiales renacentistas, en uno de los cuales aparece tallado un relieve de Santiago Peregrino, de estilo cercano al escultor palentino Manuel Álvarez.
El monumental Retablo Mayor es barroco, de 1729, cuando sustituyó a otro más pequeño, de cerámica vidriada, costeado por el patrono de la Capilla Mayor. Ensamblado por Alonso de Manzano, su mazonería dorada y policromada se articula en cuatro grandes columnas salomónicas rodeadas de pámpanos y racimos de uvas. De la imaginería, tallada por Juan de Ávila, destacan el Santiago Matamoros que preside la calle central y, sobre él, en el cascarón que cierra el conjunto, la escena de la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol y sus compañeros. Una cruz de Santiago sobre una cartela abrazada a una pulsera calada corona este ático.
Acceso lateral a la iglesia. Rico es el mobiliario distribuido en las capillas laterales. En el lado del Evangelio [actualmente en el de la epístola], puede contemplarse una bella talla de la Virgen con el Niño cuya advocación popular es la de la Virgen de las Candelas o Nuestra Señora de la Salve, atribuida a Manuel Álvarez.
En la Capilla del Santo Cristo de las Siete Palabras se venera el espléndido Santo Cristo de las Mercedes, acompañado por los Dos Ladrones. El Crucificado es obra realizada entre 1550 y 1560 por el círculo de Pompeyo Leoni, quien talló un cuerpo de bastante mayor tamaño que el natural, muy anatómico y robusto, con marcadas articulaciones y musculatura. Concebida originalmente como pieza de retablo, este Cristo se atribuyó erróneamente durante mucho tiempo al discípulo de Juan de Juni Francisco de la Maza. Las figuras de los ladrones son reproducciones realizadas en escayola en 1965 por el Instituto Central de Restauración, que las copió de una obra de Gregorio Fernández fechada en 1617 y hoy conservada en el Museo Nacional de Escultura. Cabe señalar que el Buen Ladrón lleva el rostro del Duque de Lerma porque éste le adeudaba al artista una suma por su trabajo en el retablo de la Colegiata de Lerma. Las tres esculturas forman un paso procesional de la Semana Santa vallisoletana conocido como `En tus manos encomiendo mi Espíritu´ y perteneciente a la Cofradía de las Siete Palabras.
A Francisco Rincón han sido asignadas las esculturas de San Antonio Abad, el grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño, y el altorrelieve de San Jerónimo penitente del retablo de la Capilla dedicada a dicho santo, en el lado de la Epístola. Especial valor atesora el Retablo de la Epifanía, facturado en 1537 en estilo plateresco por el imaginero palentino Alonso Berruguete, el cual preside la Capilla que fue propiedad del banquero Diego de la Haya y su esposa.
De entre las pinturas que se muestran en las distintas capillas merecen ser destacadas el Éxtasis de San Pablo, del vallisoletano Diego Valentín Díaz, y una Inmaculada, original del cartujo Juan Sánchez Cotán”.