Menos mal que hay una nueva normalidad

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 23 de julio)

Ya sabe usted que hay una “nueva normalidad”.

Y digo yo que quien así la bautizó – y aquí no se da puntada sin hilo – debía tener un buen sentido del humor, además de que debió contar con que los españoles somos tontos o lo que es equivalente: que tenemos unas considerables tragaderas. Pues es seguro que las dos palabras justas que se deberían ofrecer a la “ciudadanía” serían objeto de discusión y análisis antes de convertirse en la razonada aunque no razonable decisión que se tomó en la cumbre. Es decir, que no se propondrían al tuntún.

Así que yo imagino al supermuñidor con rango de superministro proponiendo a su jefe estas palabras como si se tratara de promocionar un detergente:

“Hemos de intentar que el término elegido cuaje desde el principio entre los ciudadanos, pues lo fundamental es crear una impresión determinada. No importa, pues, la realidad; hablamos de propaganda, señor mío. Y si desde el primer momento repetimos la expresión elegida sin dar tregua, no daremos tiempo para una perturbadora reflexión”.

“Nueva Normalidad” son las palabras que propongo: algo que entiende todo el mundo. Es más: algo que todos desearían. Con lo de “nueva” se transmite la idea de un cambio, naturalmente a mejor – tan deseado siempre –  que haremos se confunda con la ilusión de lo que es inexistente: en este caso, haciendo confundir en un equívoco la dura realidad omnipresente con la normalidad ansiada. Basta con no dar tiempo para que caigan en la cuenta. Así la gente serenará su espíritu por mucho que viva una realidad indeseable. Y el concepto de normalidad es relativo, ¿no es cierto, presidente? Así que colará, se lo aseguro.”

El resultado es que ahora ya todos andamos encantados con la aparatosa normalidad de nuestras mascarillas, algo estupendo porque así no nos morimos tanto. Y habrá rebrotes, pero ya estaremos hechos a las circunstancias. Y pasaremos al paro o seguiremos en él, que hasta tenemos dos opciones, y la situación económica será  poco menos que catastrófica, pero habrá un fondo de aceptación, porque, señores, se trata de una “nueva realidad”. Qué bello término…¡pero si nos resulta hasta poético!

Y aún en el caso de que nos resultara insoportable aún quedaría la posibilidad de echar una llorada a ver si hay suerte y ablandamos a esos antipáticos del norte que no cesan de llamarnos manirrotos, aunque a fin de cuentas siempre estarán al quite nuestros hijos y nietos para pagar la deuda acumulada. Que para eso les financiamos el cole y les comprábamos las chuches de pequeños.

Todo esto sin contar con lo entretenidos que estaremos todos: jugaremos al fútbol sin público, que eso si que es una novedad curiosa e interesante que nos permitirá además entretenernos discutiendo y poniéndonos verdes los unos a los otros por no avisar que tenemos el virus.

Y conversación no faltará. Siempre habrá alguien a quien desprestigiar, y para crear la impresión de que todo marcha bien la cosa es fácil: nos aplaudiremos a nosotros mismos.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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