Por José María Arévalo

(Autorretrato con vestido blanco, introspección, 1980.Óleo de Isabel Baquedano)
Del 10 de septiembre al 10 de enero de 2021 se extiende la exposición, en el Museo Universidad de Navarra, sobre la obra pictórica de Isabel Baquedano, una de las grandes figuras de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX. Confieso que para mí ha sido un descubrimiento especialmente agradable por ser la suya pintura esencialmente figurativa, pero no hiperrealista, lo que no es tan habitual en esa época de nuestra pintura. Como ahora veremos, Antonio López ha calificado el quehacer de la Baquedano de una “búsqueda incansable”.
Comisariada por Ángel Bados y Miriam Alzuri, esta primera retrospectiva de Isabel Baquedano (Mendavia, Navarra, 1929 – Madrid, 2018) titulada “De la belleza y lo sagrado” es fruto de la primera colaboración entre el Museo de Navarra, museo público, y el Museo Universidad de Navarra (MUN), museo privado, y ha sido coproducida junto con el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde se expuso la pasada primavera parte de la obra. Se reúnen ahora en Pamplona 290 obras de esta pintora navarra, con temáticas muy diversas, desde temas con un claro componente social a otros vinculados con la historia sagrada, los paisajes urbanos y el entorno cotidiano. Además de las pinturas se exponen fotografías, dibujos y documentos.

(Malabaristas, Óleo de Isabel Baquedano)
Para la consejera de Cultura y Deporte del Gobierno de Navarra, Rebeca Esnaola, “Isabel Baquedano fue una de las grandes figuras de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX. Pero además de su dedicación artística fue muy importante su labor como profesora en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, donde formó a varias generaciones de estudiantes”.
Del pop a la plenitud realista.
En palabras de Ángel Bados, comisario de la muestra junto a Miriam Alzuri, la pintora fue “dueña de un dibujo limpio y decidido, y de un color deslumbrante. Supo trabajar con rapidez e intensidad en la búsqueda de su propio estilo”. Así, el recorrido propuesto permite conocer su evolución, cuya obra transita en pocos años desde la figuración realista de contenido social hacia iconografías de gran economía formal, cercanas en algunos aspectos al arte pop. Es ya en los 70 cuando sus obras alcanzan cierta plenitud realista.
De hecho, Baquedano fue evolucionando embebiéndose de las diferentes corrientes de su tiempo, dentro de su interés general por la historia del arte, pero interpretándolas de manera personal, siempre movida por su voluntad de aprender y disfrutar del proceso pictórico más que del resultado final, sin importarle jamás ni el reconocimiento ni la fama.
Insufló modernidad
Formada en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, Isabel Baquedano ganó en 1957 por oposición la plaza de profesor de Dibujo y Modelado en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, donde, hasta 1988, desarrolló un importante magisterio insuflando aires de modernidad en sucesivas generaciones de artistas.
Su vida transcurrió entre Pamplona y Madrid, y a comienzos de la década de 1960 se dio a conocer a través de una pintura en la órbita de la figuración realista, en donde se reconoce la huella de Antonio López. Sin perder de vista el arte pop, entonces en boga, incluyó en sus obras un fuerte componente social. Después se movería hacia composiciones con un trasfondo simbólico, y los paisajes urbanos y la realidad cotidiana y autobiográfica darían paso a temas y cromatismos procedentes del mundo clásico o de la historia sagrada, reflejo de su profunda religiosidad.

(Mesa, 1979. Óleo de Isabel Baquedano)
Toda su trayectoria artística ha sido una continua búsqueda –sus compañeros de profesión relatan que borraba una y otra vez– de un arte verdadero, realizado con la mayor sobriedad material y conceptual. Muy interesada en la historia del arte, tuvo como referentes a pintores del quattrocento, como Piero della Francesca, pero también contemporáneos como Edward Hopper, con el que comparte el interés por plasmar la soledad cotidiana. Al mismo tiempo acusa la influencia del contexto español con movimientos como el poscubismo, el informalismo, la nueva figuración, el expresionismo, el realismo social o el arte pop.
Baquedano tamiza todo esto en un estilo personal que, a menudo, utiliza el pequeño formato para buscar nuevos caminos en cada pintura.
Catálogo
Con motivo de la exposición se ha editado, con la participación de la empresa navarra Viscofan, el catálogo “Isabel Baquedano. De la belleza y lo sagrado”, con textos de los comisarios, del escritor Ignacio Gómez de Liaño y de la historiadora Adelina Moya.
Ambos museos también han puesto en marcha una entrada combinada con descuentos para el visitante en el Museo Universidad de Navarra. Además se han programado actividades complementarias que permiten acercarse al trabajo de Baquedano desde distintas perspectivas:
Escuela de Pamplona
Un interesante artículo de Arsmagazine explica cómo hay artistas españoles en la segunda mitad del siglo XX con un recorrido íntimo, simbólico, que han sido inspiradores para otros creadores y ese es el caso de la pintora Isabel Baquedano.
Esta exposición es una ocasión única para ver la evolución de la obra de la pintora y dibujante navarra, ya que abarca los diferentes períodos de su trabajo creativo. Isabel Baquedano fue una figura destacada de la llamada Escuela de Pamplona y ejerció como docente en la especialidad de pintura en la Escuela de Artes y Oficios de la capital navarra, y por ello tuvo una influencia notable en muchos de los pintores navarros contemporáneos de las últimas décadas. El esfuerzo para organizar esta retrospectiva permite presentar en ambas sedes un conjunto relevante de obras, procedentes de museos, fundaciones, colecciones particulares y fondos de la propia artista. Además de sus pinturas y dibujos se han seleccionado fotografías y documentos que ayudan a profundizar en su trayectoria plástica.
Dibujo limpio y decidido, color deslumbrante
El recorrido y la disposición de las casi 300 piezas permite conocer cómo fue su desarrollo. Su trabajo evolucionó en pocos años desde la figuración realista de contenido social hacia una serie de iconografías de gran economía formal, cercanas en algunos aspectos al arte Pop. Fue durante la década de los setenta cuando sus composiciones logran una cierta plenitud realista. Isabel Baquedano conocía muy bien la historia de la pintura.
Para su amigo Ángel Bados, Baquedano fue «dueña de un dibujo limpio y decidido, y del color deslumbrante, la artista supo trabajar con rapidez e intensidad a la búsqueda de su propio estilo», que añade que las obras expuestas en las dos sedes cumplen una función biográfica, «como si lo vivido y lo pintado fueran correlativos. Lo cual incita a pensar que la pintura le permitía tomar posición simbólica, en el mundo y con los demás, haciendo al espectador partícipe de su aventura, mediante el enigma latente de los cuadros y por su misma y rara belleza».

(Peluquería de señoras. Óleo de Isabel Baquedano Madrid 1966 sexta exposición individual)
Colaboran un museo público y otro privado
El itinerario de esta muestra revela la colaboración entre un museo público y uno privado, y comienza en el Museo de Navarra para mostrar una visión retrospectiva a partir de las obras que Isabel Baquedano realizó durante los años cincuenta y en décadas posteriores como Peluquería de señoras, Carrusel y Paraíso, entre otras. Y luego continúa en el Museo Universidad de Navarra, donde se muestran piezas como Autorretrato, Malabaristas, Adán y Eva o Anunciación por citar algunas de ellas.
Durante el recorrido los visitantes pueden contemplar la diversidad temática de sus obras, en las que siempre están presentes sus propias vivencias y una profunda humanidad y generosidad, reflejadas con gran pericia técnica y una permanente capacidad innovadora, que caracterizó su tránsito por la pintura. En las obras que cuelgan del Museo Universidad de Navarra se observa el paso del arte social y la transición hacia una figuración renovada como la que practicó en sus últimos años.
Como afirma Miriam Alzuri, en su obra “influye la renovación que viene del Pop, con la utilización del color, la frescura en los temas… Entonces aparecen algunos que aluden a la modernidad, el mundo del televisor y de los automóviles… Y casi enseguida una figuración más simbolista a mediados de los 70”.
Antonio López: “búsqueda incansable”
Ese camino de constante exploración e innovación acompañó a Isabel Baquedano toda su vida, en la que, como explica Miriam Alzuri, no dejó de plantearse retos: «No le interesaba una pintura que parezca terminada, perfecta. Muestra cómo se va haciendo, cómo ha ido trabajando. Hay veces que deja a la vista el dibujo. Tampoco necesita el gran formato para expresarse. Trabaja con formato medio y pequeño».
Por su parte, el pintor Antonio López, subraya la “búsqueda incansable” de la artista, a quien recuerda como “una persona decidida a hacer algo de valor para entregar a los demás y realizarse. Era muy entregada, enormemente generosa y arriesgada”. A la hora de trabajar, el pintor nacido en Tomelloso apunta que “cuando empezaba un cuadro, ni ella misma sabía por dónde tenía que caminar, pero ya estaba en ese espacio y lo encontraba. Todos sus cuadros son sorprendentes, un viaje a lo desconocido porque no hay rutina. Y esa búsqueda es una maravilla”.

(Todo va mejor con coca-cola. Óleo de Isabel Baquedano Madrid 1966 sexta exposición individual)
En la contemplación de las obras de Baquedano tienes la impresión de que los espectadores debemos establecer una interacción con los motivos o temas biográficos que nos propone. Como creadora casi siempre apelaba a que esa experiencia nos concirniera y a que estuviéramos atentos con su pintura o dibujo. Ese reto que nos proponía en muchas de sus obras como sugiere Ángel Bados «si el visitante lo acepta permitirá que disfrute de la belleza insólita», ya fuera a través de sus retratos y autorretratos, de la vivencia de su viaje a Grecia, de sus originales bodegones, del mundo circense o de los temas religiosos, interpretados con una mirada única.