Singularidad surrealista

Por Javier Pardo de Santayana

(Dibujo de Dalí reinterpretando a Goya)

Hace un tiempo que en otro foro parecido a éste me referí cumplidamente a la excentricidad de mis paisanos. Sabido es que algunos de nuestros mayores éxitos deben atribuirse a nuestra predilección  por el surrealismo, ámbito del arte en el que el español suele desenvolverse con soltura. Ahí tienen ustedes, por sólo citar tres nombres conocidos, los de Dalí. Picasso, y Arrabal.

Así que intentando simplemente descubrir las causas de esta peculiaridad hispana llegué a alcanzar algunas conclusiones. Y a guisa de ejemplo creí encontrar su precedente en la curiosa educación que damos a los niños haciéndolos cantar, por ejemplo, con la mayor naturalidad, aquello de “al corro de la patata, comeremos ensalada” y cosas parecidas, que si usted las analiza verá que llevan a la conclusión de que provienen de una mente retorcida. Prueben ustedes a recordar su letra, simplemente.

Mas ni siquiera será necesario hacer tal prueba para caer en la cuenta de nuestra tendencia a convertir en real cualquier absurdo. Con lo cual uno mismo se pregunta cómo puede éste ser considerado algo importante, como ocurre, por ejemplo, con el arte.  Pero eso lo comprendo, ya que éste suele consistir precisamente en sacar partido de la imperfección, y esto suele crea perplejidad y asombro.

Por ejemplo, veremos expresarse la tendencia a lo esotérico con un ejemplo actual que parece increíble: que la moda española haya abrazado con relativa naturalidad la venta de pantalones desgarrados que bajo los agujeros muestra un retazo de piernas femeninas. Y que, para mayor motivo de asombro y de sorpresa estas prendas destrozadas a conciencia cuestan más que las “normales”. Lo cual parece no sólo contradictorio sino también contra natura para una generación que, como la nuestra de antes, no saldría con eso puesto más allá del portal aunque la obligaran a punta de pistola.

Pero quizá el ejemplo más patente lo tenemos nada menos que en el congreso de los diputados – perdón, y diputadas, o viceversa según las reglas de la corrección política – poblado, digo, de desgarramantas como recién despertados de la siesta, vistiendo camisetas serigrafiadas y exhibiendo  su mala educación y falta de respeto tanto al lugar como a los sufridos españoles:  situación igualmente surrealista que podría ser utilizada con intenciones cómicas reflejando el contraste entre la importancia del lugar y la escasa educación de una gran parte  de nuestra clase dirigente. Imagen, en fin, surrealista, que se diría un montaje de contraste para causar efecto al respetable. Un surrealismo que convierte la sede sagrada de la democracia en una especie de burdel.

Traigo esto a colación porque la propia realidad de nuestros días resulta chocante incluso para los sentidos, sacudiendo el nuestro de la lógica de forma que nos sumerja en la perplejidad. Ahí tienen algunos expresiones llamativas, como el hecho de tener un vicepresidente que peina coleta, elemento piloso innecesario cuya presencia atribuirá seguramente el extranjero a la reminiscencia de un toreo que él no entiende: que quizás para él sea sólo un detalle femenino dentro de un conjunto estético con el marchamo de “typical spanish”.

Sí, en efecto, aquí hay lugar para un surrealismo cutre que bien podría incluso hacer reír al vecindario. Ahí tienen, por ejemplo, esas serias aseveraciones públicas que son inmediatamente contradichas por su mismo emisor de forma sistemática dando lugar a situaciones hilarantes. Y, sin embargo, aunque sólo observar el rostro de quien con la impavidez de Buster Keaton nos muestra así su incoherencia al afirmar exactamente lo contrario de lo que todos le vimos afirmar muy seriamente compone una combinación surrealista tan difícilmente superable que se diría producto de un montaje hecho ex profeso para hacernos soltar la carcajada, nosotros continuamos impasibles

Así podríamos presentar toda una serie de ejemplos que vienen al caso. Ejemplos, sí, de maniobreros y malabaristas del engaño poco amigos de la razón y de la consistencia lógica que saben componer un panorama propio del cuento de Alicia en el que no sólo parece loco el sombrerero. Y donde cada vez hay más listillos a los que no se les sube el pavo cuando engañan y que hoy dominan la técnica que exige el acostumbrar a la gente a soportar un engaño permanente y rebajar sus exigencias democráticas.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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