La Edad de Hierro en Valladolid

Por José María Arévalo

(Piezas cerámicas halladas en el yacimiento de Soto de Medinilla)

El Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León aprobó en febrero pasado – cinco semanas después de la declaración como Bien de Interés Cultural de la villa romana de Prado, lo que ya comentamos en estas páginas-, la declaración del yacimiento de Soto de Medinilla, en Valladolid, como Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica, resolviendo así, por fin, el expediente incoado en 1980.

El Soto de Medinilla constituye un referente imprescindible para el conocimiento de la primera Edad del Hierro en el Duero Medio, pues es uno de los más importantes y mejor conocidos asentamientos de esta época en la Península Ibérica, presentando un intenso poblamiento que se extiende de forma continuada, a lo largo de seis o siete siglos, entre el 800 y el siglo II a. C. Es precisamente el Soto de Medinilla el yacimiento que ha permitido caracterizar la primera Edad del Hierro en el centro de la Cuenca del Duero.

Se trata de un yacimiento situado en uno de los meandros del río Pisuerga a su paso por el término de la ciudad de Valladolid; cuenta con una extensión de unas 2 ha.​ Parte del yacimiento se descubrió en los años 30 del siglo XX; desde entonces se han ido descubriendo más poblados que indican la existencia de grupos humanos que poblaron este yacimiento a lo largo de cerca de medio milenio y que han dado lugar al estudio de una cultura, que se ha denominado «Cultura del Soto», referencia principal en los estudios de la Primera Edad del Hierro en la zona de la cuenca del Duero.

Siglo IX a.C

El emplazamiento inicial que hunde sus raíces en el siglo IX a.C., ocupa la base y el exterior de un amplio meandro de la margen izquierda del río Pisuerga, ubicado a unos tres kilómetros al norte de Valladolid. Las tempranas investigaciones en la primera mitad del siglo XX y la década de los 60, permitieron, a partir del estudio de su amplia ocupación prehistórica y protohistórica, sistematizar la Edad del Hierro en este territorio, dando nombre a los primeros compases de esta etapa.

En los momentos iniciales el Soto es un poblado de ocupación ribereña del que se conocen hasta 16 niveles de ocupación superpuestos, con estructuras de hábitat de planta circular, almacenes y producciones vasculares realizadas a mano y cocidas en hornos reductores, entre otros muchos restos de cultura material, todo ello datado en la primera Edad del Hierro, entre el 800 y el 450 a. C.

Las primeras estructuras habitacionales eran cabañas de planta circular, levantadas con material leñoso y remataban con una cubierta vegetal que proporcionarían los abundantes bosques de ribera de álamos, sauces y fresnos. Avanzando en la época del Primer Hierro, las cabañas ya se levantan con adobe y tapial sobre una base igualmente circular. Bancos corridos adosados a las paredes, muros pintados con motivos geométricos de vivos colores –rojo, blanco, amarillo y negro- y hogares interiores caracterizan estas estructuras de hábitat que al exterior tienen pequeños vestíbulos de acceso. Almacenes cuadrados, hornos y algunas estructuras de tipo hórreo complementan los espacios entre viviendas. En el interior de las viviendas se hallaban los telares, orzas para almacenamiento de los alimentos y algunos recipientes singulares que pudieron servir para batir la leche y fabricar sus derivados.

El poblado se encontraba defendido por una potente muralla de adobes y postes de madera que finalmente fue arrasada para construir encima de ella en época vaccea, cuando el poblamiento se hace más extenso y disperso. La economía de estas gentes del Soto de Medinilla descansaba sobre una agricultura cerealista así como una ganadería de ovicápridos y bóvidos, adivinándose por vez primera en este territorio, una auténtica vocación de permanencia del hábitat. La presencia de estructuras de granero y la abundancia de molinos de piedra hacen que la ocupación del Soto de Medinilla se interprete como de una cierta abundancia y bienestar que permite presuponer la existencia de una sociedad opulenta en la que algunos elementos singulares, como las vasijas pintadas, las fíbulas de doble resorte y los cuchillos de hierro serían, por su escaso número y origen foráneo, objetos exóticos al alcance de unos pocos individuos, consolidándose así la imagen de la conformación de élites sociales.

Singularidad del yacimiento

Durante las fases más antiguas, la abundancia de restos de caballo es muy superior a la de cualquier otro yacimiento de la misma época y existen evidencias de la actividad cinegética y pesquera; ciervo, jabalí, lince, gato montés, lobo y tejón; aves como la avutarda, la perdiz, garza real y grulla, sisones, carracas, urraca, corneja negra, pigardo y gorríon común. Algunos castores y nutrias avalan la idea de un río Pisuerga limpio y de tupida ribera en el entorno del yacimiento durante el I milenio a. C. en el que se lleva a cabo la pesca de salmón, cacho, boga, serpiente de agua y galápago común. Las características geográficas del terreno, de origen aluvial, hicieron de la agricultura la base económica de sus pobladores en el último milenio a. C., completada con una menor dependencia de la caza y un aumento de la cría de ganado.

Destaca en el Soto prerromano la incorporación temprana del asno -una especie que llega a la Península Ibérica de mano de los fenicios a partir del siglo VIII a. C.- en la cabaña doméstica, llegando a superar al caballo. Otro tanto ocurre con las pequeñas gallinas criadas para el consumo. Se detecta la realización de una actividad recolectora de especies silvestres como la endrina, la zanahoria, las leguminosas, los piñones y las bellotas, unida a una actividad agrícola basada en el cultivo del trigo común, escanda y esprilla y cebada.

El Soto de Medinilla constituye el único lugar con una superposición estratigráfica tan compleja. En ninguna otra ciudad vaccea existe algo parecido a la secuencia de construcciones de la Primera Edad del Hierro registrada aquí.

(Chozas como estas predominaban en el urbanismo del Soto de Medinilla.)

Cultura celtibérica del noroeste peninsular

Los principales yacimientos –escribe Javier Ramos en lugaresconhistoria.com–  que abarca esta cultura celtibérica del noroeste peninsular se diseminan por las provincias de Segovia, Burgos, Palencia, León, Zamora y sobre todo Valladolid. El principal conjunto se encuentra situado a dos kilómetros al norte de la capital de Castilla y León y está defendido por una potente muralla realizada a base de adobes y postes de madera. Ocupa una extensión de unas dos hectáreas principalmente.

Los más de 31.000 restos de fauna hallados en el yacimiento convierten a El Soto de Medinilla en una de las más importantes muestras de la Prehistoria ibérica. Esta cultura toma su nombre del yacimiento vallisoletano del Soto de Medinilla, el más conocido y mejor estudiado de todos ellos.

Hacia finales del siglo V a.C., la concentración demográfica de sus habitantes dará lugar a las aldeas fortificadas que los historiadores de la Antigüedad atribuyen a los vacceos. Su economía descansaba sobre una agricultura cerealista (son frecuentes los hallazgos de molinos) y en menor grado ganadería de ovicápridos y bóvidos.

Se han documentado inhumaciones infantiles bajo las casas, rasgo que se podría relacionar con costumbres funerarias meridionales y mediterráneas. La cultura material del Soto de Medinilla viene definida por una gran variedad de tipos cerámicos con formas y decoraciones sencillas (impresiones, digitaciones, ungulaciones), con paralelos en los Campos de Urnas de la Edad del Hierro, y una metalurgia basada en las aleaciones de bronce.

Uno de los poblados atribuidos al grupo Soto es el de La Mota en Medina del Campo. Se puede hablar de tres poblados dentro de un mismo nivel, el II. La cronología propuesta para los mismos es la siguiente: La Mota 1 (Nivel II-3): 800/650 a.C.; La Mota 2 (Nivel II-2): 700/650-550 a.C.; La Mota 3 (Nivel II-l): 550/400 a.C.

También hay que destacar la existencia de una cultura paralela al Soto de Medinilla, que tendría su máxima expresión en yacimientos como Los Castillejos de Sanchorreja, Picón de la Mora, Salamanca (Cerro San Vicente) e incluso podría sumarse el segoviano de Cuéllar.

La desaparición de la Cultura Soto de Medinilla marca en la Meseta, entre la segunda mitad del siglo VI y la primera mitad del V a.C., el inicio de la segunda Edad del Hierro. Otro yacimiento de origen celtíbero recomendable para visitar está no muy lejos de Valladolid. En concreto se trata del castro de las Cogotas, en Cardeñosa, provincia de Palencia, un poblado de origen vetón (siglo V a.C.)

16 niveles de ocupación superpuestos

Hay registrados 16 niveles de ocupación superpuestos –los sucesivos poblados, sin restos asociados de enterramientos, llegaron a conformar una columna artificial, o tell, de 5 metros de sedimentos arqueológicos–, con sus características estructuras de hábitat de planta circular y muros pintados, levantadas inicialmente con material leñoso y construidas, después, con adobe y tapial y dotadas de bancos corridos adosados. Apiñadas unas junto a otras, también se hallaron almacenes rectangulares.

Como señaló el arqueólogo y profesor de la Universidad de Valladolid, Romero Carnicero, la planta circular y la construcción con adobes del Soto de Medinilla se convertirían en «seña de identidad a la hora de identificar nuevos poblados de análogo signo», hasta el punto de poder identificar toda una ‘Cultura del Soto’. En la provincia hay registrados 138 yacimientos ‘tipo Soto’, subrayó el investigador.

No es posible, como advirtió Romero Carnicero, establecer el origen del mundo del Soto, descartándose a día de hoy la raigambre céltica del otro lado de los Pirineos que le atribuía Pedro de Palol, uno de los responsables de las primeras excavaciones en los años cincuenta, y decantándose por posibles aportaciones culturales del noreste peninsular, meridionales y atlánticas. Menos sombras hay en torno a su distribución por la península: «Las gentes soteñas se repartieron, de forma más o menos regular, por todo el valle medio del Duero, en particular a lo largo de los afluentes de la margen derecha del río, pero también por la penillanura salmantina y las montañas del norte palentino, el Sistema Central o el noroeste zamorano, llegando a adentrarse en la región portuguesa de Trás-os-Montes», describió Romero Carnicero.

 

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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