Por Javier Pardo de Santayan

(Puerto de Ceuta)
Dando vueltas a la cabeza para encontrar un tema que pueda ser interesante en un entorno dominado por el monotema de una pandemia que amenaza nuestra propia vida, y deseoso de evitar ese cansancio que de seguro sentirán nuestros lectores ante los problemas causados por un gobierno insoportable – fatigados como les supongo de volver siempre a lo mismo sin la variedad que hasta hace poco ofrecía de forma automática el ambiente en que vivíamos – he pensado que quizá resulte posible y conveniente centrarse simplemente en un asunto interesante. Y a tal efecto he recordado que hace unos once años tuve ocasión de pronunciar en Ceuta unas palabras que quizá puedan arrojar alguna luz sobre un asunto de relevancia actual por cuanto se refiere a la tan compleja como trascendente situación estratégica que esta ciudad ocupa en nuestra geografía; asunto que, aún sin tratar directamente la situación ahora vivida en aquel lugar de España, quizá les aporte algunos datos y criterios que metan en ambiente a quien desee ganar una cierta perspectiva en torno a los problemas que en este momento nos aquejan.
La idea consistirá, por tanto en publicar el contenido de lo que se dijo en esa charla, y hacerlo a lo largo de varios artículos del blog. Aquí les envío ya el primero:
Centinela en la encrucijada
Noviembre de 2010
I
Reconozco que esto de hablar de Ceuta en Ceuta me produce un cierto temor, o quizá, más bien, cierto rubor. Porque la fuerte personalidad de esta ciudad autónoma me hace suponer que sus habitantes la conocen bien en todos sus aspectos visibles e invisibles. Además, no sé por qué siento la impresión de que muchos de quienes están hoy aquí frente a mí ya tuvieron frecuente ocasión de oír hablar – y unos cuantos supongo también de disertar – sobre las numerosas peculiaridades de este bello y singular rincón de España.
Por eso he pensado que lo mejor será hablar de las cosas que a mí personalmente se me ocurren a partir del bagaje que fui acumulando a lo largo del tiempo, porque esto podría garantizar una cierta diferenciación con otros oradores que probablemente habrán seguido caminos distintos a los míos o bebido en otras fuentes conocidas.
Así que lo que he hecho ha sido contemplar desde distintos puntos de vista los diversos aspectos del escenario en el que Ceuta ocupa un papel de interesante protagonismo. Todos ellos son aspectos que la afectan de forma más o menos directa: ahí están el Mediterráneo que nos baña, y dentro de él el Estrecho, ese paso obligado de la navegación mundial; Gibraltar, que tenemos ahí enfrente, y también al norte de África, que es donde estamos situados. Y la Unión Europea, a la cual pertenecemos como ciudad española. Y la Alianza Atlántica, ese gran ámbito de seguridad en el que estamos insertos. Y los conflictos que por aquí muestran de una u otra forma su desagradable rostro: las reivindicaciones territoriales, el terrorismo, el narcotráfico, algunos malos sueños del Islam que nos afectan concretamente, y, en todo caso, las diferencias y desequilibrios circundantes. Y, por qué no, los signos de los tiempos. Recordé el poderoso e influyente fenómeno de las migraciones. E intenté definir algunas tendencias de futuro hacia el que nos abocan los flujos de la historia. Y cosas así, porque, efectivamente, Ceuta es eso: una encrucijada por la que todo pasa, como pasan las corrientes marinas del estrecho o las nubes, o las aves migratorias, unas veces con viento de Levante y otras con viento de Poniente.
Demasiada tarea para cincuenta minutos, se dirán ustedes. Y tienen razón. Por eso utilizaré la técnica impresionista de los pequeños trazos y seré todo lo esquemático que pueda.
- El Mediterráneo.
El Mediterráneo es al tiempo un lugar central y un lugar fronterizo; una línea de fractura. De lo de lugar central no hay duda, puesto que siempre fue como un enorme caldero en él que se cocinaron toda clase de ideas y culturas que luego se extenderían por las vastas regiones del mundo; y una línea de fractura también, porque según tengo leído, es la frontera del planeta en la que se registra un mayor diferencial socio-económico. Por tanto, estamos en una de las zonas del mundo donde mejor se ponen de relieve las conflictivas desigualdades que se observan en nuestro planeta. En un proceso de creciente globalización como el que estamos viviendo, esto genera, como es lógico, una dinámica muy violenta que es difícil de gestionar y controlar. Y como es habitual, este dinamismo se acentúa en los puertos, puesto que éstos son puntos que encauzan flujos y movimientos.
Naturalmente, la diferencia socio-económica a la que acabo de aludir tiende a provocar una conflictividad acusada y muchos recelos mutuos; de ahí que Europa tomase la iniciativa de desencadenar un proceso – el llamado “Proceso de Barcelona” – para intentar hacer de esta región una zona de libre comercio y un espacio de paz y de progreso. En suma, proyectar seguridad en nuestro entorno. El proceso fue apoyado también por la Alianza Atlántica con el llamado “Diálogo Mediterráneo”, que no es otra cosa que una medida generadora de confianza que en este caso hace ver a los países de la orilla sur, o sea, de la orilla en la que ahora nos encontramos, que la OTAN no los ve como potenciales adversarios, sino como amigos.
Pero estas iniciativas se han visto influidas por los conflictos enraizados en las orillas de este Mare Nostrum, y sobre todo por uno que parece eternizarse: el conflicto palestino-israelí. Y así, el proceso de Barcelona, para el que se definieron varias “cestas” – o sea varios ámbitos concretos de actuación – fue languideciendo hasta que el presidente Sarkozy lanzó su iniciativa. España consiguió una cosa importante, y es que esta iniciativa francesa fuera considerada continuación de lo anterior de forma que no perdiera su referencia española. Se consiguió, y ahí sigue vigente el nombre de Barcelona, que, además, es la ciudad sede de la secretaría general. Finalmente la “Iniciativa para el Mediterráneo” de Sarkozy se materializó en un conjunto de grandes proyectos concretos, como el de descontaminación del mediterráneo o el de las autopistas. Por el momento yo no veo grandes avances en todo esto; es más, la reunión de este año se dejó para más adelante. Y es que además de la paralización producida por la permanente influencia del conflicto de Oriente Próximo, está la fragmentación de la orilla sur y, en ella, los recelos entre sí, los de los antiguos colonizados hacia sus colonizadores, y, sobre todo, la escasez de auténticas relaciones “horizontales” (recordemos que la frontera entre Argelia y Marruecos sigue cerrada). Todo esto en contraste con la orilla norte, unida y organizada, gran potencia económica, parte de una Alianza que va desde el Pacífico hasta los límites de Europa y que está embarcada en un proceso constructivo muy potente. Ahí Ceuta está en el lado más fuerte y mejor organizado, pero inserta y en contacto directo con el lado más fragmentado y sujeto a mayores incertidumbres. Este contraste se hace difícil de manejar.
(seguirá)