Églogas. 14. Pastores asalariados

Por Carlos de Bustamante

(Oveja asustada. Acuarela de Etsy)

Pues sí, Marcia, Pedro y Eutimio eran asalariados…, hasta cierto punto; porque si bien es verdad que las pérdidas o ganancias no eran íntegras para ellos, sí percibían un tanto por ciento considerable de los cuartos procedentes de la venta de la leche, por ejemplo.  Ídem de los lechazos vendidos en fechas de precios en alza:  Navidades, `Pascuas de rosquillas´ (Resurrección), Virgen de agosto (Asunción) y días de la `Función´ (fiestas de Traspinedo: santa Isabel).  Los tres eran tan amantes de su profesión, que, con obras, amaban al ganado.  No obstante, alguna   vez, como la que seguirá, pudo aplicárseles el dicho popular: ¿`por qué me quieres Andrés´?, por el interés´.  Sería injusto.  Veremos…:

Careaban los tres hatajos en el cacho de la Portillera. Gran extensión de terreno donde por el costado oeste finalizaba la Dehesa. Con paz inmensa, las ovejas saciaban su apetito en el rastrojo que pocos días antes dejó la cosechadora. Con pasto abundante, y los perros de los pastores dormitando, pero con un ojo abierto en `la raya´ del cacho, el ganado no precisaba mayores atenciones.

Después de almorzar, (tentempié a media mañana), Marcia ofreció la petaca llena de la `picadura selecta´ del cuarterón recién sacado con la `cartilla´ del tabaco racionado.

– ¿Un pito…?  Invitó a sus compañeros.

– ¡Quehacer si no querer!, exclamaron a coro.

Entre humaredas del dudoso tabaco de picadura selecta, contemplaban bajo la sombra de olmos centenarios, junto al canal del Duero, el pacífico   carear de sus ovejillas. Sólo el insistente ladrido, bronco y potente de   los perros en un chalé ente los pinos al otro lado de la Raya, hacía que algunas churrillas levantasen la cabeza del rastrojo donde llenaban el cuajo para el posterior rumio. Sin inquietarse, los ladridos `in crescendo´ llegaron a oídos de los confiados pastores.

De pronto, todas las ovejas de cada hatajo que careaban tranquilas corrieron despavoridas y por instinto hacia dónde estaban los pastores, como en demanda de auxilio.  Se refugiaron unas con otras en apretado círculo. Con balidos angustiosos, una cordera rezagada se debatía próxima al hatajo entre las fauces de un perro lobo, con más trazas de lobo que de perro. Era un perro hambriento, pastor alemán de raza, que, ausentes los dueños del chalé próximo, hizo por su vida lo que sus amos olvidaron.

Como impulsados por un resorte, los tres pastores corrieron cachaba en ristre en socorro de la cordera ya malherida. El lobo, sin inmutarse, hizo presa en el gaznate de la corderilla. Silenciada por la poderosa dentadura, murió al instante.

Cuando los pastores alzaban sus armas para descargarlas contra la bestia, un dóberman aún más fiero que el perro lobo, puso en fuga a los rabadanes, incapaces   de hacer frente   a las dos fieras hambrientas. Libres de amenazas, y no satisfechos con el manjar de una cordera los dos se dedicaron a hacer daño.  Una tras otra dejaron muertas sobre el rastrojo a no menos de doce ovejas. Y encima preñadas.

-¡¡A   por ellos, Marcia!!, voceó Pedro, al tiempo de empuñar con firmeza la cachaba.

Los que, `cobardes´, huyeron antes despavoridos, volvieron `valientes` en defensa de su ganado. Aullando y como alma que lleva el diablo, los dos perros   huyeron tras recibir tal tunda de cachavazos que, de sobrevivir a la paliza, a buen seguro   que no se les ocurriría nunca más atacar al ganado de los tres actuaron más como dueños de sus hatajos que como asalariados.  Connotaciones bíblicas.   ¡Qué buenos  pastores Marcia, Pedro y Eutimio!

Sangraron de inmediato a las heridas de muerte, hicieron una primera cura a las menos lastimadas y tras pasar aviso de recoger a las fallecidas, emprendieron el camino del aprisco. Las pérdidas se mitigaron un tanto con la venta en la carnicería del pueblo de las sangradas y en perfectas condiciones para consumo humano.

Denunciado el caso, el dueño de los perros abandonados tuvo que indemnizar por los daños causados y sacrificar a las fieras, por otra parte, malheridas.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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