Chascarrillos militares. 6. Los corrientes

Por Carlos de Bustamante

Continuamos con el sexto de los chascarrillos de Luis Esquiroz Medina. Cierto que entre quienes no hemos hecho el curso de Estado Mayor y los que ampliaron estudios en la escuela de esta importante especialidad, hay una notable diferencia, que nos hace en cierto modo diferentes; mas no corrientes en el modo despectivo de la palabra. Con solo insinuar que algo tiene que ver el no privarnos del contacto directo con los soldados y su instrucción y enseñanza, valga la denominación de `los corrientes´ a los que no hicimos este largo curso (3-4 o más años) como mero chascarrillo militar.

LOSCORRIENTES

Recoge primero Luis Esquiroz Medina este texto de Mauricio Bacarisse:

“Por la sierra turbia de los mondos llanos, sin gritos metálicos, sin voz de tambores, van las cabalgatas de los soberanos estados mayores. Los grises capotes, los cascos bruñidos, las caras de vieja de los mariscales gotosos o hepáticos que lanzan gruñidos breves y fatales. Las gafas de oro de los comandantes cercan los ojuelos verdosos y agudos; brillan los monóculos de los ayudantes que meditan mudos.

Fingen las espuelas luceros de oro en la noche oscura de las medias botas; los sables pronuncian un himno sonoro, de punzantes notas. Se habla en un idioma de argucias complejas. Lleva el polinomio el triunfo del fuerte. Son las ecuaciones como las madejas que urdirán la muerte.

 Del rito estratégico las palabras técnicas -ataques en cuña, marchas      envolventes-. dichas con recuerdos de las politécnicas por los subtenientes…

Europa está herida. Hay sangre y destellos. Por su inmensa llaga de rojos colores, como unos gusanos ondulan los bellos Estados Mayores. Son tristes y mágicos. Dicen que son buenos para dar victorias, tierras y cultivos; no serán amables, pero por lo menos son decorativos.

¿Qué importa el diálogo ni la razón práctica si pueden servir de tema a un artista? Son rosas de luz los sabios en táctica para un colorista. En napoleónicas visiones antiguas vuelve la epopeya que hace un siglo fue. ¿Por qué reaparecen esas estantiguas que con una lupa pintada Meissonier?”

Ahora ya incluye el chascarrillo:

“Un Comandante estaba de guarnición en una plaza, que era cabecera de División, además de contar con el Gobierno Militar de la Provincia. El General Gobernador, había establecido que los jefes salientes de «Jefe de Día», se presentaran ante su autoridad a las diez horas, para darle novedades del Servicio. Este ceremonial diario se realizaba sin ninguna demora, y rarísima era la vez en que a las diez y quince no se estuviera ya fuera del despacho, despedido y libre del Servicio.

Terminado este requisito, se personaba el citado Jefe en el despacho del Mayor de Plaza y entregaba el correspondiente parte, y desde aquí, lleno de optimismo y resignación, se encaminaba, por estar dispuesto por él, al despacho del Coronel Secretario del Gobierno, Coronel de Artillería y Jefe del E.M.. para darle verbalmente las mismas novedades que ya había rendido al General Gobernador. Esto que se dice tan rápido y parece tan sencillo, necesitaba por lo menos una hora de antedespacho en un pasillo que acumulaba el más variopinto personal, esperando la apertura de la «Puerta Santa».

Un cierto día, bien por acumulación de papeles o por tratarse de fechas próximas a algunas maniobras, a las doce y veinticinco, el sufrido Comandante, saliente de servicio, aún estaba en la puerta esperando para ser recibido.

Estando en éstas, y coincidiendo con la llegada de un Capitán de Artillería, S-3 del Cuartel General de la División (gran mozo él, hubiera dado buen juego en una Batería de Montaña), su Señoría abrió, salió e ignoró al pueblo llano que se encontraba en el pasillo, lo enfiló y empezó a marcharse por él. Momento en que su G-3 le abordó diciendo:

— ¡Mi Coronel! Hay aquí tres Capitanes profesores de la Academia de «Tal», que querían hablar con Usía.

— Sí, sí, ya lo sé -contestó el Coronel y siguió marchando.

— Es que son artilleros,insistió.

— Sí, sí, ya lo sé – volvió a contestar el Coronel, aunque esta vez parándose.

— Es que además son de Estado Mayor -insistió nuevamente el Capitán remachando con énfasis lo de E.M.

— ¡¡¡Hombre! !! ¡¡ Haberlo dicho!! Es que yo creía que eran de los CORRIENTES -contestó el Coronel como justificándose, y girando sobre sus talones emprendió el regreso a su despacho mientras hacía con el brazo ademan de recibirlos.

Ante aquel sorprendente diálogo, el sufrido Comandante, que ya estaba amostazado de las dos horas y pico de pasillo, interponiéndose en su camino y cuadrándose perfectamente con un fuerte taconazo dijo:

— ¡¡¡Mi Coronel!!! Además de ser de Infantería, también yo soy de los “Corrientes», estoy saliente de Servicio y no ha habido ninguna novedad. ¿Con su permiso me puedo retirar?

El Coronel un tanto› sorprendido, y otro tanto mosqueado por el retintín, después de un prolongado silencio, sin duda alguna mientras valoraba las posibles contestaciones, optó por decir:

— ¡Sííí! Puede retirarse.

Aquello, con tanto testigo presencial en un pasillo, se corrió por toda la guarnición, y a partir de aquel día los propios Oficiales de Armas se autodefinían como “los Corrientes». Así era Don Juan.”

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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