Chascarrillos militares. 13. Un Mayor pertinaz

Por Carlos de Bustamante

Continuamos con el décimo tercero de los chascarrillos de Luis Esquiroz Medina. Pero permitidme antes un comentario:

En los años de posguerra había que `apretarse el cinturón´ por carencia en los hogares de hasta lo más imprescindible. En la España desangrada por haberlo dado todo en la lucha contra el social-comunismo, se estaba al borde de la hambruna.  Increíblemente, el resto de países europeos, lejos de prestar ayuda a quien había vencido al comunismo, nos ignoraron de tal forma, que España se vio sola ante una sequía, además, que hizo imposible autoabastecerse. Sólo Argentina fue generosa, para siquiera abastecernos de un `riche´ por persona y día.  Curiosa democracia ésta que, en breve, tuvo   en el comunismo el peligro número uno de Europa.

Perdonad, mis amigos y probables únicos lectores, esta digresión hecha desde mi particular punto de vista.

Vuelvo ya al tema del chascarrillo, que, indirectamente, tiene mucho que ver con lo dicho. El Ejército nacional, no sin un enorme sacrificio, había derrotado a la mayor dictadura jamás conocida. Lógico pues que se tuviera con él preferencia en el suministro de productos alimenticios. Confeccionar, no obstante, una papeleta de rancho con la escasez dominante y que fuera, sin embargo, suficientemente nutritiva para la juventud `en filas´, era en extremo difícil.  Nada, pues, de extraño que algunos regimientos tuvieran granjas donde criar ganados, para suplir tantas carencias.  Predominaban las granjas de cerdos.  Alivio, con perdón, del capitán de cocina.

De aquí, parte el chascarrillo. Os dejo, mis amigos, con nuestro amigo q.e.p.d.  Luis Esquiroz Medina.

“La Junta Económica de cierto Regimiento, considerando que la plaza en rancho se había quedado un tanto corta y sobre todo cuando las Compañías salían al campo, consiguió arrancar al Teniente Coronel Mayor, tras enconada lucha, el reforzar esa plaza por medio de darles cerdos de la granja del Regimiento sin cargo.

La cantidad estipulada por el Mayor, con la oposición manifiesta de todos los capitanes reforzada por el Teniente Coronel jefe del Batallón, fue la de medio cerdo por compañía. De allí nadie consiguió moverlo.

El Plan General se cumplimentó, y las distintas compañías se fueron arreglando resignadas con lo concedido, aunque en todos sus informes siempre hacían constar lo corto que resultaba el haber.

Pero llegó la fecha en que le tocó salir a la Compañía de Armas de Apoyo y su Capitán después de departir largo y tendido con su Brigada los pros y los contras, sobre todo los contras, lleno de valor y de optimismo se personó en el despacho del Mayor, para expresarle lo que él consideraba sus justas necesidades; pero el Mayor impertérrito, siempre le contestaba con el mismo grito:

—  ¡No! ¡Ya le he dicho que no! ¡Medio cerdo como a todos!

—  Es que verá Vd. mi Teniente Coronel…, mi Compañía casi tiene el doble de personal que las otras.

—  Es igual, ¡le digo que medio!

—  Es que verá Vd…. lo mío no es compañía aislada, que lo mío es vida y movimiento en montaña, que ya sabe que es el doble de tiempo.

—   Sí, ya lo sé, pero se quedó que medio cerdo, y medio cerdo se les dio a las otras compañías, ¡y medio cerdo es lo que le darán a usted! -Contestó el Mayor cada vez subiendo más el tono de su voz. El Capitán no sabiendo qué hacer ni qué decir para lograr el cerdo entero, lo intentó por última vez:

—   Es que, además, mi teniente coronel, quería hacer supervivencia, y es por lo que quería que me diesen el cerdo `en vivo´, para que los mismos soldados lo sacrifiquen, lo descuarticen y aprendan el aprovechamiento de las vísceras y demás partes del cerdo en el que, como bien sabe, todo se aprovecha

—  ¡Hombre! ¡Muy bien! Me parece muy bien. Eso de la supervivencia y lo de que ellos mismos lo sacrifiquen y descuarticen, me parece estupendo.

Y reiterativo con la idea del sacrificio y despiece por mano de la tropa, repitió nuevamente:

— ¡Muy bien! ¿Ve Vd.?, eso me parece muy bien. Avise al Capitán Veterinario para que se lo den `vivo´.

Y cuando feliz el Capitán ya estaba a punto de franquear la puerta del despacho, oyó un grito aclaratorio del Teniente Coronel Mayor: ¡¡¡PERO MEDIOOO…!!!

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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