Por José María Arévalo

(#8| 2021. Óleo sobre lienzo. 73×54 cm. En la portada del catálogo)
El 15 de febrero se inauguraba la tercera exposición de este curso en el MUVa, Museo de la Universidad de Valladolid, frente al Palacio de Santa Cruz, en la plaza del mismo nombre. De la anterior, sobre Pintia y las joyas de vidrio encontradas en las excavaciones arqueológicas, dábamos cuenta en estas páginas el 21 de febrero pasado. Ahora, y hasta mayo se ofrece, además, un conjunto de obras -óleos, acuarelas y cuadernos de dibujo- ejecutados en los últimos años por Óscar Herrán Mínguez (Palencia, 1972). Miembro destacado de la Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, para los compañeros que pintamos con él en los locales de la asociación y en las salidas a pintar al campo, ha sido una alegría saber que exponía en el museo de la Universidad, lo que confirma el prestigio que ya ha alcanzado en nuestra ciudad y valoriza también de alguna manera a nuestra asociación. La exposición de Óscar Herrán puede verse en el Museo de la Universidad de Valladolid, en el edificio de Derecho, frente al Palacio de Santa Cruz, de 11,00 a 14,00 horas y de 17,30 a 20,30 horas, en días laborables, hasta el 3 de mayo.

6 (82 | Diciembre 2022. Óleo sobre lienzo. 1150×150 cm)
Yo creí que conocía bien la pintura, que siempre me encantó, de Óscar Herrán por haber pintado con él acuarelas y por su participación con óleos en los concursos vallisoletanos de pintura rápida por san Pedro Regalado, en el que ganó hace dos años el primer premio con un tema de la fachada del museo de La Pasión. Pero realmente solo conocía bien sus acuarelas, de las que esta exposición incluye solo ocho, el resto son óleos, de los que he contado 31, y además unos cuantos dibujos, concretamente cuatro. La entrada en las dos salas de la exposición, con tan numerosos cuadros, produce un efecto de predominio de la luz en el conjunto de las obras, que comentábamos varios compañeros que asistimos a la inauguración, que nos recordaba a la luminosidad de los cuadros de Sorolla. Y a medida que te acercas a ellos ves una especie de Sorolla contemporáneo -salvando las distancias, claro-, y piensas que así podía pintar ahora Sorolla los temas de personajes callejeros o de playa, con ropa y aspecto modernos, actuales. Varios de los cuadros de marinas sin gente -por ejemplo los dos que flaquean el pasillo de entrada a las salas del museo permanente- creo que si los hubiera visto sin saber el autor y me lo preguntaran, hubiera dicho que podía ser “sorollas”, tanto por la luz como por el trazo.
Los de personajes -creo que son mayoría en la exposición- también están realizados con la simplificación de formas típica de Sorolla y los impresionistas, resolviendo con un par de trazos los rostros. Sin embargo, varios de ellos tienen una peculiaridad creo que exclusiva de Oscar, un cierto movimiento que consigue dar a los personajes arrastrando en algún punto de su ropa la pincelada de forma que parezca una foto movida, consiguiendo así un efecto muy interesante.
(Una de las acuarelas presentadas)
Por lo demás utiliza, sin abusar, ciertas texturas, con algunos trazos del óleo, como si hubiera pintado la base del cuadro con acrílico -lo que se hace mucho en los concursos de pintura rápida porque el acrílico seca antes- y después acabado con óleo añadiendo más pintura en algún punto. Le pregunté y me dijo que no, que era solo óleo, como indica el letrero explicativo de cada cuadro.
El Catálogo
Muy bueno el catálogo que proporciona el MUVa, como suele ofrecer de cada exposición, con fotos realizadas con muy buena definición por un profesional contratado al efecto, y estupendo el artículo que ofrece, firmado por Fernando Díaz-Pinés Mateo, Director del Museo de la Universidad de Valladolid. Es un recorrido por diversos temas de la teoría del arte y de la pintura, del que vamos a recoger ahora solo varios párrafos -lo más directamente referido a esta exposición- por ser demasiado largo para estas páginas; recomiendo su atenta lectura en el catálogo. Por cierto, también recomiendo apuntarse, en la propia instalación del MUVa, rellenando el correspondiente impreso, como amigos del museo, ya que te remiten la información de cada exposición con el catálogo en PDF. Vamos al artículo de Díaz-Pinés en la muestra de Oscar.

(#38 | Abril 2020. Óleo sobre lienzo. 41×33 cm)
“El pintor, autodidacta, pasó de su inicial afición a inscribirse en concursos de pintura rápida a los que se sigue presentando a menudo. La necesidad vocacional de perfeccionamiento y la consecución de objetivos en esa actividad competitiva le llevó a seguir formándose de manera continuada en cursos con diversos profesores y en una intensa práctica continuada. En su curriculum figuran numerosos premios en los citados concursos, a consecuencia de los cuales sus obras se encuentran en diversas instituciones, y algunas exposiciones individuales. En la actualidad combina su actividad pictórica con la enseñanza del dibujo y la pintura a personas de distintas edades y variados intereses en su estudio vallisoletano. En la exposición podemos distinguir dos grandes grupos de obras que la estructuran, primero paisajes propiamente dichos, tanto naturales como urbanos, ejercicios que se entroncan con la consecuencia directa del origen de su actividad, y, en segundo lugar, escenas, sobre todo urbanas pero también en escenarios naturales, que son el producto de su evolución como pintor y objeto principal de su interés personal. Se trata de una obra realista, cuyos temas se inscriben en el presente representando la naturaleza y la vida cotidiana en los que Óscar se desdobla en dos grandes categorías, por un lado la del visitante, la de quien viaja a un lugar que descubre, y por otro la del habitante, la de quien pasea por una ciudad conocida. En los paisajes muestra una sensibilidad y una destreza ligada a la mejor herencia de la tradición, indagando en la razón y el sentido de la belleza de los mismos. En estas pinturas Óscar es claramente el viajero, el visitante que, desplazado del lugar que habita, refleja el efecto que le causan esos lugares más o menos sublimes, más o menos pintorescos. Se atisba ya aquí una característica que le acerca a una íntima abstracción, cual es la ausencia de títulos que al menos reflejen la localización, lo que vendría a indicar un escaso interés en decir dónde ha estado, limitándose a que sea la propia obra la que exprese qué impresión, qué sensación, le han causado esos lugares. Comparten ausencia de título -y por tanto ese íntimo acercamiento a la abstracción- los cuadros que representan escenas urbanas o naturales en las que aparecen personas. Este segundo necesita y es consecuencia del primero. Es en estas obras en las que tal vez Óscar muestra una visión más propia, más libre como elección, menos conectada con la actividad “profesional” y más ligada a esa condición de paseante. (…)

(#76 | Abril 2019 Óleo sobre lienzo. 100×81 cm)
La exposición que refleja el presente catálogo presenta un conjunto de obras -óleos, acuarelas y cuadernos de dibujo- ejecutados en los últimos años por Óscar Herrán Mínguez (Palencia, 1972). 
(#11 | Octubre 2023. Óleo sobre lienzo, 81×65 cm)
Se trata de una obra realista, cuyos temas se inscriben en el presente representando la naturaleza y la vida cotidiana. En los paisajes muestra una sensibilidad y una destreza ligada a la mejor herencia de la tradición, indagando en la razón y el sentido de la belleza de los mismos. Los paisajes naturales, como señalaba el abstracto Palazuelo, pueden evocar en cada ocasión todo un panorama de sensaciones distintas, y por lo tanto nuevas en el viajero que los contempla desde lejos, desde lo alto, recorriendo una sucesión de ámbitos donde poder perderse y encontrarse. En estas pinturas Óscar es claramente el viajero, el visitante que, desplazado del lugar que habita, refleja el efecto que le causan esos lugares más o menos sublimes, más o menos pintorescos. Se atisba ya aquí una característica que le acerca a una íntima abstracción, cual es la ausencia de títulos que al menos reflejen la localización, lo que vendría a indicar un escaso interés en decir dónde ha estado, limitándose a que sea la propia obra la que exprese qué impresión, qué sensación, le han causado esos lugares. (…)
Extraño contraste entre lo estático y lo dinámico, lo estático que se exacerba en los quietos paisajes deshabitados de Óscar y lo dinámico de sus anónimos modelos vivos. Hay que tener cierto talento para perseverar en esta pintura en una época como la nuestra, una resiliencia casi sobrehumana, una terquedad de superviviente o un sentido arcano de la vocación, ¿empeñarse en seguir pintando cuadros realistas sin “mensaje” sobre un caballete en la época del videoarte, de la IA, de la realidad virtual?. Merece la pena celebrar su determinación de ser pintor en unos tiempos en los que la pintura figurativa, naturalista o costumbrista, se enfrenta a un riguroso decreto de obsolescencia -tanto o más aparatoso que los del arte oficial de siglos anteriores-, cuando dibujar parece una habilidad anacrónica frente a la alegre noción de que cualquiera puede ser artista, frente a la omnipresencia de una abstracción más casual que propiamente gestual, que ha soltado amarras con los saberes del oficio (lo que no hicieron las primeras vanguardias), que asume el descrédito de modelos de excelencia y jerarquías seguras y da por superados los llamados soportes tradicionales. Cabe señalar aquí una resistencia a ciertas ideas canónicas sobre la evolución del arte en el siglo XX, una particular oposición a la idea de aplicar a las artes visuales los mismos principios del cambio orgánico de las especies enunciado por Darwin. Esta idea, presente en pensadores como Deleuze para los cuales en la propia historia de la pintura se manifiesta una vocación anti-figurativa -presentar la sensación pero no representar lo sensible-, llevaría en una línea más o menos recta de lo inferior a lo superior, del instinto a la inteligencia, dejando por el camino fósiles vivos como estas formas de figuración realista.

(#17 | Febrero 2023. Óleo sobre lienzo, 81×65 )
No propugno aquí cambiar una ortodoxia por otra. Hay artistas que siguen un camino que es solo suyo y por lo tanto solitario, y no por mera obstinación o por llevar testarudamente la contraria, sino porque no pueden o no saben actuar de otro modo y porque la misma disposición mental que les ha deparado una mirada que no se parece a la de nadie les ha provisto con la fuerza moral de avanzar a solas, adentrándose en los saberes materiales del oficio, asistiendo a la escuela gratuita de la historia del arte sin más matrícula o credencial que el gusto por mirar y aprender los sólidos principios del oficio como cimientos solventes: cómo se dibuja, cómo se prepara una tabla o un lienzo, cómo se mezclan los colores para hacer posible el prodigio de los matices cromáticos más sutiles. Aunque Óscar es alguien permanentemente atento a los acontecimientos artísticos y tiene siempre presente la gran historia de la pintura, en realidad -quizás podría decirse que paradójicamente- hay que resaltar el hecho de que se trata de un artista que se educa a contracorriente, por cuenta propia.
Sin duda, sin la guía efectiva de verdaderos maestros corre ciertos peligros, pero también adquiere una gran capacidad de soberanía interior y resistencia. En sus obras se puede percibir una ventaja, parece haber adquirido un olfato casi animal para reconocer instintivamente aquello que más necesita y un recelo muy acusado contra cualquier forma de dirigismo. En ocasiones, seguramente, también una soledad que a veces puede hacerle sentirse aislado o perdido, pero que en otras lo protege de acatar con demasiada facilidad ciertas ortodoxias de cada momento que hacen pasar por necesidad histórica lo que al cabo de cierto tiempo resulta no ser otra cosa que el capricho de la moda. Llega a ser quien es resistiéndose al desaliento y a las modas, ahondando en su camino solitario, y al hacerlo descubre que está en sintonía con ese estado de espíritu que anda difuso por todas partes y que, de pronto, cuaja en una forma de mirar que reconocemos como especialmente contemporánea: encuentra un estilo cuando encuentra un mundo y la manera de contarlo. (…)
En última instancia, simplificando, podríamos decir que Óscar dedica mucho de su tiempo a celebrar el presente con el resultado que sus paseos tienen sobre su caballete. Esa soleada antropología que nos permite detenernos a pensar en lo satisfactoria que puede llegar a ser la vida. Lo que me recuerda algo que Kurt Vonnegut, uno de mis autores favoritos, recomendaba: decir con tanta frecuencia como sea posible lo que su tío Alex solía decir en los momentos más agradables de la existencia: `No me digas que esto no es bonito, ¿eh?´.”