“Al final de la escapada”, de José Antonio Vera; “El independentismo se divide: Orriols y Ponsatí aspiran a robar unos votos clave para Puigdemont, ERC y la CUP”, de Cristina Rubio; “El desplome de la izquierda cuestiona a Yolanda Díaz”, de Rocío Esteban; y “¿Pero cómo no van a querer la independencia los separatistas?” de Federico Jiménez Losantos

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 25)
AL FINAL DE LA ESCAPADA
Artículo de José Antonio Vera publicado en La Razón el pasado día 25
Si uno está pensando en dimitir, se consulta con la almohada, y cuando la decisión está tomada, se comunica y listo.
Lo primero es que no es serio parar el país para ver qué hago. Tan improcedente como insólito. Si uno está pensando en dimitir, y es lógico que así sea con la que está cayendo, se consulta con la almohada y con alguna persona de confianza, y cuando la decisión está tomada, se comunica y listo. Así hizo Suárez y el ministro Antonio Asunción, por ejemplo, sin necesidad de poner a la nación en la tensión de estar ante un horizonte de incertidumbre más allá de la inestabilidad política. La economía lo va a sentir, y por supuesto el nombre de España a nivel internacional. Aunque lo importante es que, de aquí al lunes, el Gobierno y las administraciones van a estar en off, y el país no se merece que su presidente le lleve a esta parálisis por motivos estrictamente personales. Por errores propios, habría que añadir. Seguir en la línea marcada de culpar a la derecha de todo cuanto sucede no es más que insistir en el error que le ha llevado a la actual situación. Un error que consiste en huir hacia adelante esquivando el problema, levantando cortinas de humo o inventando viajes innecesarios alrededor del mundo mundial. Si desde el primer día en que apareció la primera noticia sobre las actividades empresariales de Begoña Gómez, se hubiera dado una explicación, se hubiesen aportado razones y documentos, igual la situación ahora era otra. Salvo que el fondo sea tan inexplicable, o tan injustificable, que no haya manera de aclararlo. Sólo lo que no tiene explicación no se puede explicar. Y cuando la respuesta es ninguna, la especulación crece y la bola rueda y ésta se hace grande y se retroalimenta con nuevas y continuas noticias. A cuál de ellas más inquietante. No se trata de entrar aquí en la enumeración de ellas, pues todas son sobradamente conocidas. El problema fundamental estriba en que no ha habido respuestas, ni una sola durante semanas, y España se merece que el presidente del Gobierno aclare dudas y haga un ejercicio fundamental de transparencia. Porque por mucho que se acuse de todo el mal a la derecha y a la ultra-ultra derecha, la realidad es que quienes han aportado informaciones, noticias y documentos, nada tienen que ver con la lucha política y sí mucho con la función fundamental de auscultar al poder, se llame éste como se llame. En eso consiste también la democracia, por mucho que no se quiera ver.
Una «victimización» dirigida a que todo el PSOE cierre filas
En segundo lugar, esto huele a operación. Tal vez se trata de incitar a que los propios le aclamen, a que los socios le aprieten para mantenerse en el cargo pase lo que pase. Una salida a lo Felipe, cuando se fue para volver más fuerte, renunciando al marxismo. Conociendo al presidente, nada de eso extrañaría. O igual es que ha llegado a la convicción de que, hombre, tanta contorsión no merece la pena. Cambiar cada día de opinión, decir blanco donde ayer era negro, abrazarse a quienes bien sabemos que sólo buscan la destrucción de España, tiene un punto de hastío natural, que sólo quienes carecen de alma lo pueden aguantar. Aunque la situación límite a que se llega no es responsabilidad de la gente que le increpa en la calle ni de los diputados de la oposición que ejercen su labor fiscalizadora. La responsabilidad es de quien decidió formar un gobierno imposible, inasumible, injustificable, incluso contra el criterio de los propios. La huida hacia adelante nunca ha sido una buena decisión a la hora de solventar problemas. Llega un momento en que no quedan sitios donde ir. Y entonces, al final de la escapada, ya solo queda dimitir. O amagar con ello, que es otra forma de seguir huyendo. A ninguna parte.
Artículo en: https://www.larazon.es/espana/final-escapada_202404256629abe68e66020001859f61.html
EL INDEPENDENTISMO SE DIVIDE: ORRIOLS Y PONSATÍ ASPIRAN A ROBAR UNOS VOTOS CLAVE PARA PUIGDEMONT, ERC Y LA CUP
Artículo de Cristina Rubio publicado en El Mundo el pasado día 24
La alcaldesa de Ripoll presenta batalla en Girona con un discurso claro contra la inmigración y a favor de la ruptura unilateral. Más divididos que nunca: siete partidos independentistas se presentan a las elecciones del 12 de mayo. A ERC, Junts y la CUP se suman dos novedades electorales, Aliança Catalana de Sílvia Orriols y Alhora de Clara Ponsatí; y dos formaciones como Convergents y el Front Nacional de Catalunya -excluido por la Junta Electoral en Barcelona- sin probabilidades reales de entrar en el Parlament pero que pueden sumar algunos votos. Un tablero atomizado del nacionalismo y en plena bajada de apoyo popular, a tenor de las encuestas publicadas a las puertas de la campaña.
El CIS catalán pronosticó la imposibilidad de la mayoría independentista. Según la última muestra demoscópica de la Generalitat, el secesionismo tiene muy complicado revalidar la mayoría absoluta (68 escaños) y sólo lo lograría si cada partido consiguiera el mejor de los resultados que pronostican los sondeos. Una tendencia ratificada por el sondeo de Sigma Dos publicado por este diario justo después de conocerse la candidatura del huido.
Por tanto, la irrupción de Orriols y Ponsatí, dos propuestas que representan un independentismo duro e identitario, con conexiones a discursos ultras como el de Le Pen en Francia, aspiran a robar unos votos clave para los intereses de ERC, la CUP, y sobre todo de Junts en las urnas. De hecho, ayer Carles Puigdemont, en una entrevista en El Punt Avui, abrió la puerta a que el independentismo gobierne con una «mayoría simple pero sólida» en caso de que el secesionismo no consiga su objetivo, y puso de ejemplo los pírricos 33 escaños con los que gobierna ERC.
En este escenario de fractura independentista la novedad es Sílvia Orriols, la actual alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana. La dirigente se ha convertido en un personaje incómodo para un sector del independentismo en los últimos meses, sobre todo dentro de Junts. El motivo: su posición nítida en contra de la inmigración y a favor de la ruptura unilateral con España. De momento, la consigna en el partido de Puigdemont es clara y pasa por tratar como «formación extraparlamentaria» a Aliança Catalana y no dar foco a Orriols. Eso sí, de puertas hacia dentro, los neoconvergentes contemplan que pueda tener alguna opción de entrar en la Cámara catalana. ERC, en cambio, se desmarcó desde el primer minuto y avisó que no aceptará sus votos en un hipotético escenario poselectoral. Un veto al que se sumó Puigdemont la semana pasada y tras resistirse en un inicio.
Orriols alcanzó el poder en Ripoll, donde antes gobernaba Junts, con un programa que prometía declarar la independencia, cerrar las mezquitas, prohibir el español y expulsar a los inmigrantes sin papeles. Un año después, la dirigente no rehuye el cuerpo a cuerpo, acude a las urnas con el lema Salvemos Cataluña y muestra sus intenciones al presentarse como cabeza de cartel en Girona, feudo secesionista y tradicional fortín de Puigdemont.
En Girona se batirá con el candidato de Junts, Salvador Vergés, diputado afín a Jordi Turull, quien controla el partido y su maquinaria interna. También con los diputados gerundenses de la CUP, Dani Cornellà y Montserrat Vinyets, con tirón en la zona, y la ex representante de ERC en el Congreso, Laia Cañigueral.
La segunda candidatura nueva que se postula es la de Clara Ponsatí. La todavía eurodiputada de Junts y ex consejera del Govern de Puigdemont en 2017 se presenta con la plataforma Alhora y el apoyo de Jordi Graupera, número dos de la candidatura. Asesor principal de Ponsatí, se autodenomina filósofo, ex investigador en la universidad de Princeton y tertuliano, y está bien conectado dentro del universo independentista y con lazos en el espectro neoconvergente.
Sin embargo, Graupera fracasó estrepitosamente al presentarse a la Alcaldía de Barcelona en 2019 y lograr sólo 28.230 votos, un 3,74% del total. Ahora ejerce de gurú de Ponsatí, una dirigente muy crítica con el procés de ERC y Junts y que no duda en disparar contra Puigdemont en vísperas del 12-M. Su apuesta es arañar votos a las tres formaciones independentistas -también a la CUPcon la carta de la confrontación- enarbolando la bandera de la unilateralidad y rechazando cualquier tipo de pacto con el PSOE. A día de hoy, republicanos y neoconvergentes no creen que logre escaño, pese a que pueda arañar votos importantes para sus intereses.
Otro factor a tener en cuenta es el de la participación: a más abstención, más probabilidades de que Orriols o Ponsatí puedan optar a tener representación en la Cámara. De momento y ante este escenario, el propio Puigdemont ya ha avisado al electorado secesionista del riesgo de dejarse seducir por nuevos rostros al recordar que el PDeCAT sumó 77.000 votos en 2021, tras su ruptura con Junts, aunque sin lograr representación.
Artículo en: https://www.elmundo.es/cataluna/2024/04/24/66280c4f21efa0cb1d8b45b5.html
EL DESPLOME DE LA IZQUIERDA CUESTIONA A YOLANDA DÍAZ
Artículo de Rocío Esteban publicado en La Razón el pasado día 23
Pierde 732.595 votos en tres procesos electorales. La dirección rechaza comparaciones con Unidas Podemos. Los nueve meses desde que se estrenara el nuevo proyecto de Yolanda Díaz en las urnas arrojan ya un resultado poco favorecedor para el futuro de la izquierda alternativa al PSOE. Este espacio acumula ya tres descensos electorales, –dos de ellos sangrías electorales– que alertan ya en la sede socialista y a su vez dificulta los pactos postelectorales al ver que el voto que no se deposita en la urna socialista, se disipa a las nacionalistas.
Sumar se estrenó en las elecciones generales del 23J con 35 escaños y 3.010.000 de votos. Siete diputados menos de lo que logró cuatro años antes la alianza Unidas Podemos, Más País y Compromís. Aun así, ese resultado «sirvió» al PSOE para reeditar la coalición de Gobierno y de ahí tejer día a día los pactos con sus socios en el Congreso. Con grandes dificultades eso sí, por la debilidad artimética. La siguiente gran prueba de fuego para Sumar fueron las elecciones gallegas. Un examen con gran dificultad para Yolanda Díaz puesto que su espacio había sufrido ya un severo varapalo en las elecciones de 2020 y se había quedado fuera del parlamento con 51.630 votos. En febrero, Sumar y Podemos se presentaron por separado y ambos quedaron como partidos extraparlamentarios y dejándose casi 20.000 votos respecto a 2020.
Este domingo, las urnas en País Vasco han vuelto a arrojar datos negativos en la cuenta de ganancias de Yolanda Díaz. Elkarrekin Podemos logró 71.759 votos y seis escaños, dejándose 84.912 votos y cinco diputados respecto a 2016. Ahora, la alianza de Yolanda Díaz (Sumar +Izquierda Unida) tan solo arañó 35.092 votos y un único escaño. Peor dato el de los morados más Alianza Verde, que se quedaron con 23.679 y fuera del Parlamento vasco. Sumando sus papeletas, perdieron casi trece mil votos a 2020. En las tres citas electorales, la izquierda alternativa al PSOE sobrevive ya malherida y se ha dejado 732.595 votos respecto a últimos comicios, todo a la par que las formaciones nacionalistas ganan terreno.
Datos que matan relatos y argumentarios de partido con los que en la izquierda tratan de minimizar el fracaso en las urnas. Izquierda Unida fue el primero en advertir ayer al partido de Yolanda Díaz del mal resultado. El partido volvió a evidenciar su malestar y repitió una frase que comienza a ser un mantra. «Sumar no está consiguiendo ser ese espacio de aglutinación», en palabras del secretario de Organización, Ismael González.
En Sumar, por su parte, no llegó la autocrítica sobre el hundimiento del espacio de la izquierda no nacionalista. De hecho, en el partido se felicitaron de haber conseguido su objetivo de entrar en el Parlamento vasco. «Ayer no estábamos y hoy estamos dentro del Parlamento Vasco», defendía el portavoz Ernest Urtasun, asegurando que esos resultados sirven de base para construir ahora el proyecto. Fuentes de la formación explican que el optimismo exhibido llega después de haber vaticinado un peor escenario, el de no haber retenido el escaño que estuvo hasta en dos ocasiones a punto de perderse en favor del PNV. Esto habría sido, aseguran, una muy mala carta de recomendación de cara a las elecciones catalanas, donde en Sumar aseguran que «pueden crecer». Rechazan en la formación de Díaz hacer las comparaciones con los resultados de Unidas Podemos puesto que son «un partido nuevo», a pesar de compartir espacio y de que incluso en Sumar se mostraran convencidos de contar ya con un espacio confederal consolidado, bebiendo de Podemos.
Ayer, en otros cuarteles generales, también comenzaba a hacerse una reflexión general que apuntaba al liderazgo de Yolanda Díaz. No solo IU achaca su falta de poder para cohesionar a organizaciones y liderazgos. En el PSOE llamaron a su socia a hacer una reflexión sobre sus resultados electorales. «Seguimos sin ver a Yolanda hacer una reflexión», lamentaban altos cargos socialistas sobre la trayectoria del Sumar. Aunque, eso sí, evitaron hurgar en la herida. «Nosotros desde el PSOE no vamos a entrar en esta reflexión», aseguró en público la portavoz Esther Peña.
Artículo en: https://www.larazon.es/espana/desplome-izquierda-cuestiona-yolanda-diaz_20240423662733178e66020001605d23.html
¿PERO CÓMO NO VAN A QUERER LA INDEPENDENCIA LOS SEPARATISTAS?
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 21
Estamos ante una disyuntiva clara: cómo defender la España constitucional. El periodismo, que es el arte de servir novedades asegurando la comodidad del lector, dice que los separatistas vascos no quieren la independencia. Claro que, para que cuele que los separatistas no quieren la separación, no les llaman separatistas, sino soberanistas, independentistas o simplemente, nacionalistas. Como si los nacionalismos no fueran todos soberanistas y, por lógica, separatistas de un Estado que rechazan. Como si la decisión no fuera la de separarse, porque, si no, para qué nacionalismo. Y como si, al margen de los adjetivos, el sustantivo no fuera siempre uno: independencia.
Las encuestas y los encuestados mienten
El argumento, de escasa autoridad, es que los vascos que votan a los partidos separatistas dicen en las encuestas que no quieren la separación. Querrán lo que quieran los líderes a los que confían su futuro. Y aunque, entre el terror y la doblez, digan una cosa, harán lo que les digan. Para eso viven, muchos han nacido ya, en una dictadura separatista, donde, desde la escuela a los clubes de fútbol, se les enseña a odiar a España y lo español.
La prueba máxima de la sumisión de esta tribu a sus amos es que votan a a unos partidos que imponen desde la guardería escolarizarse en una lengua, el euskera batua o recompuesto a partir de siete hablas dialectales, que no es la del noventa por ciento de la población y que no sirve más allá de las bardas del futuro Estado euskaldún, socialista, feminista y ecologista. En el que, como para los Verdes alemanes y econazis, sólo sobran los humanos. De hecho, han expulsado a tiros y mediante el terror a la décima parte de la población, volcando el censo electoral en favor del separatismo, que, desde las escuelas a la televisión y el fútbol, los ha convertido en esclavos felices.
Ayer publicaba David Lema en El Mundo un reportaje escalofriante sobre esos jóvenes adultos que votarán hoy en masa al partido de la ETA. Claro que lo primero que niegan es que Bildu sea ETA, y que sus crímenes en democracia sean buenos, pero se le perdonan por matar a Carrero. Es decir, que están perfectamente amaestrados para decir lo que, en cada momento, le convenga al partido del terrorismo. Repiten como loros que la sanidad es lo importante -nada mejor, pues, que encomendársela a asesinos-, y todos los mantras izquierdistas que fuera de esa desdichada región proclaman a voces y coces los de Más o Menos y Sánchez. Se zampan todo el menú de las consignas progres, las regurgitan, eructan, satisfechos, y, hala, a dormir.
Para irse cómodamente, antes deben destruir España
Como decía esta misma semana en Libertad Digital Mayor Oreja, la única verdad es que Bildu es ETA, que todo el proceso lo dirige ETA y que ha ganado ETA. Se le ha dejado ganar, esencialmente el PSOE y los comunistas, por una razón de fondo: creen que España, sus leyes y su realidad social son de derechas, y prefieren morir con su secta a respetar a sus padres, su tierra y su cultura. Y la derecha no ha sido y no es capaz de asumir que el peso de la nación y de la continuidad del Estado reposa exclusivamente sobre sus hombros.
No sólo el PP, también Vox, ayer partido, hoy secta de escrachadores, depositan la responsabilidad de esa deriva en el PSOE. Y en esta campaña, hasta que el PSOE no ha decidido sacar a ETA como argumento electoral, el PP se ha dedicado a hablar de economía y de gestión. Detrás del PSOE, Feijóo ha vuelto ha esgrimir el único asunto que debería haber centrado su campaña: el futuro del País Vasco en manos de la ETA, con la complicidad del PNV, al que todavía imaginan los chanquetes de Génova 13 apoyando una moción de censura contra Sánchez o un adelanto electoral. Pero lo más ridículo ha quedado para Vox, que ha centrado su mensaje electoral en la seguridad «que antes tenían los vascos» y ahora han perdido por culpa de la inmigración ilegal. ¿Pero qué seguridad tenían «antes» los más de 200.000 expulsados de su tierra, Ortega Lara o la misma familia Abascal? ¿En qué abismo de cobardía, el PP, y estupidez, Vox, ha caído la Derecha española?
Mientras los partidos van a lo suyo, que es quedar bien con una sociedad moralmente podrida y una prensa putrefacta –El País celebraba el buen comportamiento de todos los partidos– y no estropear la paz con los crímenes de la ETA «que no interesan a nadie», los españoles estamos ante una disyuntiva clara: cómo defender la España constitucional, para la que ya no se puede contar con el País Vasco, Navarra y Cataluña. Porque para la independencia que, por supuesto, buscan, y ahora más les conviene, es precisa la autodestrucción del régimen del 78, la monarquía parlamentaria, la división de poderes, la independencia judicial y el imperio de la Ley, todos al servicio de la soberanía nacional, que pertenece al pueblo español.
El plebiscito que debe asegurar el triunfo separatista
Sucede que España, gracias al traidor Sánchez, está en manos de un terrorista salido de presidio y de un golpista que huyó de la justicia en un maletero. La parte que corresponde a los separatistas está casi hecha. Falta que España reconozca a esos Estados asociados -en rigor, parásitos- con un doble referéndum tan anticonstitucional como la Ley de Amnistía, que ya anda urdiendo el Traidor de Traidores, Cándido «Golpe» Pumpido. Y fin.