Líderes castellano-leoneses: Gil Robles

Por José María Arévalo

(Gil Robles en 1933)

Me ha gustado un artículo que La Gaceta Regional publicaba sobre el salmantino que lideró a la derecha española durante la República, Gil Robles. No sabía yo, aunque trabajé en La Gaceta, que en octubre de 1931 se hizo  con las riendas de este periódico  como presidente del Consejo de  Administración y uno de sus principales accionistas junto a Editorial Católica. El periódico pasaría en la guerra civil, a Prensa del Movimiento, hasta que ellos años setenta del siglo pasado desapareció este grupo de prensa oficial y el periódico se convirtió en privado, dos años después de que me fuera yo del mismo.

El salmantino José María Gil-Robles y Quiñones  (1898-1980) -recogía La Gaceta Regional-, abogado, periodista, diputado y ministro,  tiene una larga biografía política y fue una de las grandes  figuras del siglo XX al impulsar la creación de la CEDA. Nació en una familia de la clase media salmantina. Su padre,  Enrique Gil Robles, catedrático de  Derecho Político de la Universidad de Salamanca, fue diputado  tradicionalista por Pamplona entre 1903 y 1905. José María estudió  en el Colegio de Jesuitinas y en  Los Salesianos. En la Universidad  de Salamanca empezó con la carrera de Letras, aunque terminó  licenciándose en Derecho en 1919  con premio extraordinario.

Acabada la licenciatura abandonó Salamanca para cursar los estudios  de doctorado en Madrid, al tiempo que cumplía el servicio militar  en el Regimiento de Ferrocarriles.  Posteriormente, amplió sus estudios en La Sorbona, de París, y en  la Universidad de Heidelberg, en  Alemania.  En 1922 obtuvo la cátedra de  Derecho Político en la Universidad de La Laguna (Tenerife).  Nunca llegó a ejercer, recuerda  Manuel Álvarez Tardío en el Diccionario Biográfico de la Real  Academia de la Historia, pues nada más tomar posesión solicitó la  excedencia.

Al trasladarse a Madrid comenzó a frecuentar los círculos de  la Asociación Católica Nacional  de Propagandistas de Herrera  Oria y fue miembro activo de diversas asociaciones de Acción Católica. Su enorme preparación le  llevó a ingresar en el periódico  “El Debate”, donde trabajó de redactor en diversas secciones, destacando por sus crónicas parlamentarias y llegando a ocupar el  cargo de subdirector. Colaboró en  “Ya”, “JAP”, “Trabajo”, el “Ideal”  de Granada, el “Hoy” de Badajoz, “La Verdad” de Murcia, “El Noticiero” de Zaragoza, “El Correo de  Andalucía” y “La Gaceta del Norte”, entre otros medios.  Y junto al periodismo fue consolidando su vocación política.  Primero en el Partido Social Popular de Ángel Osorio, de clara tendencia democristiana. Después, tras la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en Acción Nacional, la  formación creada por Herrera  Oria en 1931 y que acabaría llamándose al año siguiente Acción  Popular.

EN SALAMANCA

Desembarcó  en Salamanca en mayo de 1931 para ocuparse de la cátedra de Derecho Administrativo en la Universidad, donde acumuló excedencia  tras excedencia porque sus inquietudes eran otras.

En junio comenzó a colaborar en LA GACETA, que lo presentó como secretario de la Confederación Nacional  Católico-Agraria y “uno de los  más destacados valores de nuestra  juventud intelectual”. Formó parte de la creación del Bloque Agrario y en apenas días resultó elegido diputado nacional por Salamanca por esta agrupación de  partidos. A pesar de su juventud,  destacó rápidamente en el Congreso de los Diputados con brillantes  discursos sobre el problema de las  actas, la cuestión religiosa o la  suspensión de periódicos.

En octubre de ese año se hizo  con las riendas de LA GACETA  como presidente del Consejo de  Administración y uno de sus principales accionistas junto a Editorial Católica.  Creó la Confederación  Nacional de Derechas Autónomas (CEDA), formación  con la que ganó las elecciones de 1933. Pero, al  no contar con mayoría  suficiente, tuvo que  dejar que fueran los  republicanos radicales de Lerroux  quienes formaran  gobierno. Sin embargo, su influencia era  cada vez mayor y dos años después fue nombrado ministro de la  Guerra, junto al también salmantino Cándido Casanueva y Gorjón, que se encargó de la cartera  de Justicia. Fueron sus momentos  de mayor gloria, cuando arrancaba titulares en el periódico tan extemporáneos como “Viva el jefe”,  refiriéndose a su persona.  Apenas 8 meses le duró la alegría de estar en el Gobierno, tiempo suficiente para rehabilitar a  los generales no republicanos que  años después protagonizarían la  rebelión que desembocó en la  Guerra Civil Española.

Tras perder las elecciones de  1936, su figura fue poco a poco  eclipsándose por las de Calvo Sotelo, de Renovación Española, y de  José Antonio Primo Rivera, fundador de la Falange Española.  El estallido de guerra le sorprende en Biarritz y, aunque pasó  por Salamanca en agosto de 1936,  se marchó a Lisboa desde donde  apoyó a los sublevados. Sin embargo, Acción Popular se disolvió,  sus juventudes se fueron pasando  en masa a la Falange y el Decreto  de Unificación de 1937 le quitó el  poco peso político que ya tenía.

EXILIO

Tras la guerra, en 1953  regresó del exilio, pero, al continuar en oposición contra el régimen, tuvo que marcharse de  nuevo en 1962 tras participar en  el Contubernio de Munich, reunión de la oposición al régimen  en un intento de unir fuerzas.  Finalmente volvió a España  para desempeñar la docencia en  la Universidad de Oviedo, donde  permanecerá hasta la transición,  momento en el cual intentará regresar a la actividad política en  las filas del partido Federación de  la Democracia Cristiana, aunque  los malos resultados obtenidos en  las elecciones de 1977 causarían  su retirada definitiva de la política activa.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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