España salvó más judíos que todas las democracias juntas

Por Carlos de Bustamante

(Entrevista de Shlomo ben Ami para la revista “Época”, en el año 1991)

Me ha llamado gratamente la atención un artículo de Luis Antequera en Religión en Libertad, con motivo del octogésimo aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, que con este mismo título, “España salvó más judíos que todas las democracias juntas” explicaba cómo el régimen de Franco tuvo este éxito, lo que reconoció en una declaración “ referida al Holocausto de judíos ejecutado por los nazis alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, pertenece a la persona más autorizada que existe para haberla realizado. Para empezar un judío; para seguir, un historiador; en tercer lugar, un ministro de Asuntos Exteriores de Israel; en cuarto lugar, un socialista, militante del Partido Laborista Israelí al que por lo tanto ningún afecto unía al Régimen del país del que hablaba; en quinto lugar, un embajador israelí en España; y para terminar, en un año, 1991, en que la dicha frase más bien estaría llamada a granjearle antipatías y problemas que simpatías y alabanzas: hablamos de Shlomo ben Ami, que la pronunciaría en una entrevista para la revista “Época”, en dicho año 1991.”

“No es la única persona -continúa el artículo- de parecidas características que realizaría una afirmación similar, si bien no tan contundente, si por lo menos en cuanto a su contenido. Siendo ministra de Asuntos Exteriores israelí, aunque luego llegaría a primer ministro de su país, Golda Meir declararía:

“El pueblo judío y el Estado de Israel, recuerdan la actitud humanitaria adoptada por España durante la era hitleriana, cuando dieron ayuda y protección a muchas víctimas del nazismo”. Celebramos hoy el octogésimo aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, sito en Polonia, evento que será conmemorado con una importante reunión de mandatarios internacionales, entre los cuales el Rey de España, lo que se nos antoja una excelente ocasión de rememorar por nuestra parte lo que fue la labor del único país que tendió la mano al pueblo judío en semejante circunstancia: España.

La mejor información al respecto la ofrecen dos libros. El primero se titula “Franco y el Holocausto”, escrito en 2001 por el alemán Bernd Rother, miembro del Centro Moses Mendelssohn de estudios judíos europeos de Potsdam e investigador en la Fundación Willy Brandt. Pues bien, en su obra y sobre el tema que nos ocupa, puede leerse lo siguiente:

“Hagamos balance con España. Entre 20.000 y 35.000 judíos pudieron pasar la frontera española (legal o ilegalmente) como refugiados […] En Francia, entre 1943 y 1944, España reconoció a unos 500 judíos como ciudadanos españoles […] En Grecia vivían al comienzo de la guerra unos 700 judíos españoles. De éstos, 367 fueron repatriados [a España se entiende]. En Hungría se protegió a unas 3.500 personas; ninguna de ellas era de nacionalidad española” (pág. 408).

Y también lo que sigue: “A finales de diciembre de 1942, el rabino Maurice Perlzweig [a quien por cierto, en la pág. 395 define Rother como “liberal de izquierdas”] presidente del Comité Político del Congreso Mundial Judío (CMJ) y de su sección británica, se dirigió en Nueva York por primera vez a [el embajador español] Juan de Cárdenas […] Después de un agradecimiento introductorio al Gobierno español por la entrada de miles de refugiados judíos, el CMJ solicitaba autorización para enviar paquetes de víveres de las comunidades de Sudamérica a los refugiados en España” (pág. 384).

El segundo libro es un clásico del tema. Está escrito por el judío nacido en Viena Haim Avni, cuya aversión por el régimen es mayor aún, si cabe, que la de Rother. Se titula “España, Franco y los judíos”, está escrito en 1974 y ha sido editado en español por Altalena. Pues bien, en él se realizan afirmaciones como las siguientes: “Se puede calcular que se salvaron pasando por España durante la primera mitad de la guerra unos 30.000 judíos” (pág. 89). Llama la atención el hecho de que este período de la guerra, su primera mitad, es aquél en el que todo apuntaba a que Alemania sería el vencedor de la contienda. Lo que se señala para cuántos pudieran sucumbir a la tentación de pensar que la política de salvamento judío del régimen fue una política oportunista realizada al final de la guerra, cuando todo aseguraba que Hitler la perdería.

Señala también Avni: “El número de judíos salvados en España durante 1944 puede llegar a lo sumo a 1.500, y por tanto, entre el verano de 1942 y el otoño de 1944, el máximo será de 7.500” (pág. 123). “El número total de judíos salvados como consecuencia de la protección española en Hungría, Bulgaria y Rumanía fue de unos 3.000. A esta cifra hay que añadir los 235 súbditos españoles de Atenas que se salvaron por medio de la protección que Sebastián Romero Radigales, en nombre de España, les proporcionó de manera desinteresada” (pág. 172). Una suma que arroja un balance total de 40.735 judíos salvados por el Régimen.

Por lo que se refiere a la actitud de Franco ante el Holocausto judío, determinados historiadores, que hacen prevalecer su antipatía por el régimen sobre su autoestima como investigadores, lo han intentado todo: desde el impostado silencio, hasta, -lo más fino concebido hasta la fecha-, presentar la acción como producto del trabajo de unos diplomáticos lunáticos que actuaban al margen de un régimen que, a pesar de su despotismo y su omniubicuidad, de los que los mismos historiadores se muestran como sus más entusiásticos defensores, no se enteraba de lo que ocurría ni en sus fronteras ni en sus embajadas.

Pues bien, en su obra “En nombre de Franco” presentada en 2013, el escritor y periodista Arcadi Espada, al que pocos en España tildarían de franquista, en colaboración con Sergio Campos, en la página 92 del citado libro, nos presenta una extraordinario descubrimiento: el texto de la instrucción dada por el ministro de Asuntos Exteriores español, José Félix Lequerica, en calidad, como no puede ser de otra manera, de componente del Gobierno presidido por Francisco Franco, al diplomático español Ángel Sanz Briz, destinado a la sazón, como en bien conocido, en la embajada española en Budapest:

“Sírvase V.E [es decir, Sanz Briz] informar en qué forma se puede atender a lo solicitado con mayor espíritu de benevolencia y humanidad y tratando de buscar soluciones prácticas para que la actuación de esa Legación resulte lo más eficaz posible y abarque en primer lugar a los sefarditas de nacionalidad española, en segundo lugar a los de origen español y finalmente, al mayor número posible de los demás israelitas”. Instrucción que es per se suficientemente clara y precisa, pero que, por si no lo fuera, todavía será reiterada por el ministro de manera aún más taxativa cuando Sanz Briz informa al ministro de que en Hungría no hay sefardíes, y que la única fórmula de protección eficaz de los perseguidos era la de proveerlos de pasaportes españoles.

El 27 de octubre el ministro enviaba el siguiente telegrama: “Muy urgente. Apruebo fórmula que propone, poniendo el mayor empeño en que la protección sea eficaz y autorizándole ampliamente para hacer lo necesario para ello”. La labor realizada por el Régimen que entonces gobernaba España fue absolutamente encomiable, aunque como es esperable dados los tiempos que corren, haya recibido nulo reconocimiento y menor homenaje todavía. De entre los 28.486 personas declaradas Justo entre la Naciones, el reconocimiento que otorga el Museo del Yad Vashem a las personas que hicieron algo para el salvamento de judíos del Holocausto nazis durante la segunda Guerra Mundial, sólo nueve son españolas, esto es un 0,03% del total, cuando probablemente todas las demás personas distinguidas con el citado premio no hayan salvado, todas juntas, tantos judíos como salvaron España y su Gobierno.

El octogésimo aniversario de la liberación del campo nazi de exterminio de Auschwitz, se presenta como el momento idóneo para recordar y rendir homenaje a la institución que, en todo el mundo, repito, en todo el mundo, más hizo por ayudar a los judíos en la hora terrible de su gran tribulación: el Gobierno español presidido por Francisco Franco, e incluso de reclamar para dicho Gobierno, para su ministro de Asuntos Exteriores, José Félix Lequerica, y para su presidente, la más alta distinción existente para premiar los esfuerzos de cuantos los dirigieron en tal propósito: el reconocimiento como “Justo entre las Naciones” que otorga el Museo del Yad Vashem con sede en Jerusalén.”

 

 

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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