Por José María Arévalo

(El Cid en una de las corridas transmitidas este año por Canal Sur desde La Maestranza)
Ya el año pasado dimos en esgtas páginas la noticia del gran éxito que habían tenido la retransmisiones por Telemadrid de todas las corridas de san Isidro, que no habían restado público ninguno a plaza de las Ventas, sino que, al revés, habían fomentado las ventas de entradas para ver las corridas en directo en la plaza. Ya les conté la enorme satisfacción que me produjo la retransmisión, el año pasado, de las corridas por Telemadrid, Canal Castilla la Mancha y Canal Sur, a mí que soy gran aficionado a los toros desde mi época de periodista en Salamanca, pero que estos años atrás solo podía ver las corridas de Valladolid porque hasta el año pasado no daban en abierto por la tele.
Y este año veo que se confirma lo que dijimos el pasado, en un artículo de David Jaramillo en La Razón que titulaba, a finales de abril, “Éxito histórico en televisión: el público blinda la tauromaquia también desde el sofá”. Y eso que no había empezado la temporada de San Isidro. Vamos a verlo.
La Feria de Abril de Sevilla 2026 -contaba La Razón- ha dictado una sentencia inapelable que trasciende lo puramente artístico. Mientras el discurso oficial intenta imponer un relato de decadencia, la realidad de los datos ha respondido con una contundencia estadística demoledora. El éxito no es fruto de la casualidad, sino de la fuerza incontestable de un espectáculo que, cuando se ofrece con calidad y sin complejos, demuestra que su capacidad de convocatoria sigue siendo imbatible en la España del siglo XXI.
Las cifras cosechadas por Canal Sur durante el ciclo sevillano son, sencillamente, de otra época. El lunes 20 de abril, una jornada laborable, la retransmisión alcanzó un impresionante 22,0% de cuota de pantalla, con 673.000 espectadores únicos. Pero la hegemonía fue la norma: el viernes 24, con el cartel de figuras y los toros de Juan Pedro Domecq, la cadena firmó un 19,9% de share (310.000 fieles), mientras que el sábado 25, con el encierro de La Quinta, se mantuvo en un robusto 18,8%. El broche de oro lo puso la de Miura el domingo 26, liderando su franja con un 18,7% y 322.000 espectadores de media, cifras que demuestran que el interés no entiende de días ni de encastes.
Este fenómeno no es exclusivo de la capital hispalense, sino que responde a una tendencia generalizada donde la tauromaquia devuelve con creces la apuesta de las cadenas autonómicas. El acierto de la empresa de Sevilla al abrir las puertas a una estrategia televisiva «híbrida» —combinando la televisión pública con plataformas como OneToro TV y la participación de À Punt— ha sido el cauce necesario, pero el mérito reside en la vitalidad del sector. Otras plazas están siguiendo este mismo camino, entendiendo que la visibilidad mediática no es una amenaza, sino el mayor escaparate para una afición que, como demostró el 25,3% de share del Domingo de Resurrección, no para de crecer.
Lo más significativo es que este liderazgo en el mando a distancia ha convivido con un éxito histórico en la taquilla. Además de un incremento en el abono del 35%, la Maestranza ha colgado el cartel de «No hay billetes» en nueve ocasiones. Se desmorona así el viejo mito de que la televisión vacía las plazas; al contrario, la pequeña pantalla actúa como un motor de prestigio que retroalimenta el deseo de ver al toro en directo. El público ha demostrado que está dispuesto a pagar y a sintonizar cuando el producto tiene la integridad y la emoción que se le exige a una plaza de temporada.
En definitiva, Sevilla 2026 ha sido el referéndum definitivo que el sector necesitaba para ganar la batalla del relato. El interés por los toros no solo está vivo, sino que atraviesa un momento de auge mediático y social sin precedentes, logrando que Canal Sur lidere incluso el cómputo global del día (12,2% el último domingo). Con centenares de miles de personas siguiendo el rito desde sus casas y los tendidos rugiendo cada tarde, la tauromaquia ha demostrado que es un patrimonio blindado por la voluntad popular. El mando a distancia ha hablado y su veredicto es rotundo: el toreo es el gran dinamizador de la cultura de masas.