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Recibir nueva información activa el sistema de recompensa cerebral como lo hace el sexo o la comida

Recibir nueva información activa el sistema de recompensa cerebral como lo hace el sexo o la comida
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Científicos estadounidenses han descubierto que obtener información nueva puede considerarse como una recompensa, como ocurre con los alimentos. Usando fMRI, mostraron que cuando reciben nueva información, las personas se guían por los mismos principios que cuando recibían una recompensa diferente, y se activan las mismas áreas del cerebro, según recoge el autor original de este artículo Victor Román en N+1 y comparte Paula Dumas para Periodista Digital

Para una vida efectiva en la sociedad (y la supervivencia en general), el proceso de búsqueda de información es muy importante ya que permite un comportamiento orientado a objetivos. Al mismo tiempo, la búsqueda de cualquier información puede ser una acción de comportamiento en sí misma, y encontrar información es un fin en sí mismo; por ejemplo, en el proceso de aprendizaje (si el aprendizaje ocurre por placer personal) o cuando se leen libros.

En este sentido, la recuperación de información puede interpretarse como algo que activa el sistema de recompensa del cerebro (junto con la comida o el sexo). Obtener información es a priori una meta que debe cumplirse y el cumplimiento de esta meta sirve como un refuerzo positivo, que en algún momento puede no ser suficiente. Como resultado, la obtención de información se puede utilizar como un medio para saturar el sistema de recompensa e incluso ir a la dependencia, tal como ocurre con la comida cuando se come en exceso.

El placer de aprender
Al mismo tiempo, el sistema de recompensa tiene su propia base neurobiológica, y todavía no está completamente claro si pueden atribuirse al proceso de obtención de información. Kenji Kabayashi y Ming Hsu de la Universidad de California en Berkeley decidieron aclarar esto. Para ello, realizaron un experimento de resonancia magnética funcional en el que los participantes tenían que elegir, aceptar o rechazar una determinada tasa monetaria.

A los participantes se les mostraron dos resultados del evento (la pérdida y la compra de una cierta cantidad de dinero) y se informó que la probabilidad del resultado de ambos eventos era idéntica. Después de hacer la elección, también se les pidió a los participantes que «compraran» información adicional sobre la distribución de probabilidad exacta al elegir un evento en particular y se les dio la oportunidad de cambiar su decisión. La información podría ser subjetivamente importante o no importante: por ejemplo, si la pérdida de dinero no era particularmente grande y el costo de la información excedía la posible ganancia, no era importante solicitar su recibo.

Los científicos han descubierto que cuando eligen recibir información o no, los participantes se guían no solo por lo rentable que sería comprar información adicional, sino también por qué tan alto es el costo, incluso si la nueva información no tenía efecto en la decisión. En otras palabras, los participantes solicitaron información adicional no solo para tomar una decisión rentable, sino también para asegurarse de que una decisión tomada exactamente que concierne a una gran cantidad de dinero sea subjetivamente correcta para ellos.

Con respecto a la actividad cerebral, los científicos descubrieron que, al tomar una decisión para obtener información, se activan las mismas partes del cerebro involucradas en el proceso de recibir una recompensa: el estriado y la parte ventromedial de la corteza prefrontal.

Los autores llegaron a la conclusión de que, por un lado, el deseo de obtener información está regulado tanto por su valor objetivo como subjetivo y se puede utilizar como un fin en sí mismo, incluso en ausencia de significación para lograr otro objetivo. Por otro lado, el proceso activa esas mismas partes del cerebro que los alimentos o las recompensas en efectivo. Esto sugiere que la información se puede percibir como un estímulo completo del sistema de recompensa del cerebro.

Por la forma en que el cerebro responde a las posibles recompensas, se puede determinar el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades mentales. Por ejemplo, recientemente los científicos brasileños lograron identificar los síntomas característicos del trastorno bipolar por la forma en que se percibe la recompensa.

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Autor

Paula Dumas

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