Afecta a las articulaciones provocando inflamación y dolor

¿Sabes lo que es la artritis y que tratamiento tiene?

¿Sabes lo que es la artritis y que tratamiento tiene?
La artitis reumatoide se comienza a sentir sobre todo en las manos. EP

La palabra artritis significa inflamación de las articulaciones. Este término se usa para describir más de 100 enfermedades y trastornos reumáticos que afectan las articulaciones, los tejidos que las rodean y otros tipos de tejido conectivo.

Las características, gravedad y localización de los síntomas varían según la forma específica de la enfermedad.

Por lo general, las enfermedades reumáticas se caracterizan por dolor y rigidez dentro y alrededor de una o más articulaciones.

Los síntomas pueden manifestarse de manera gradual o repentina. Algunas enfermedades reumáticas también pueden implicar alteraciones en el sistema inmunitario y varios órganos internos.

Se trata de una dolencia progresiva y de desarrollo gradual y sutil, que comienza con la inflamación de las membranas sinoviales de las articulaciones afectadas, a menudo a ambos lados del cuerpo, por lo que se dice que es simétrica.

Esta inflamación de la membrana sinovial es la responsable del dolor, de la hinchazón que con frecuencia se observa, y de la sensación de rigidez que se suele notar por las mañanas. Las articulaciones más frecuentemente afectadas por artritis incluyen las de las muñecas, las manos, los tobillos y los pies.

La inflamación de la membrana sinovial durante un periodo largo de tiempo da lugar al daño en el hueso que protege, y a pequeñas muescas (erosiones). También puede hacer que el cartílago que actuaba como almohadilla, permitiendo un rozamiento suave entre los huesos, adelgace y hasta incluso desaparezca.

La artritis reumatoide es una enfermedad frecuente (una de cada 100-300 personas la padece), siendo más común en mujeres en la quinta década de la vida. También existe una variante que afectaría a niños, sin embargo, no hay que confundir la artritis reumatoide con el reuma; ante todo conviene aclarar que no hay ninguna enfermedad o dolencia que reciba el nombre de ‘reuma’, no es una enfermedad concreta. Existen, sin embargo, más de doscientas enfermedades diferentes del aparato locomotor, también llamadas enfermedades reumáticas, cada una de ellas con características propias.

La artritis reumatoide es una de las muchas enfermedades reumáticas diferentes que hay y, por tanto, los consejos de otras personas que dicen tener reuma pueden no estar indicados para otra enfermedad reumática, ya que puede no ser la misma.

TRATAMIENTO

Los medicamentos que se utilizan para la artritis reumatoide tienen efectos secundarios, por tanto, cualquier tratamiento a aplicar implica la necesidad de considerar que es mayor el beneficio que el riesgo. Además, el carácter variable de la enfermedad obliga a reajustar el tratamiento en un mismo paciente. Al final será el enfermo quien decidirá si asume el tratamiento después de disponer de toda la información posible.

El tratamiento de la artritis reumatoide se puede clasificar en varios grupos:

  • Un grupo engloba los medicamentos que se encargan de aliviar el dolor y la inflamación a corto plazo; estos son útiles para disminuir la inflamación y sobrellevar el dolor del “día a día”, pero no intervienen en la evolución de la enfermedad a largo plazo. En este grupo se incluyen los antiinflamatorios y los corticoides. Los antiinflamatorios no esteroideos, o AINE, son medicamentos cuya respuesta varía en cada persona, y su elección se basa en las características del paciente (edad, respuesta individual anterior, insuficiencia renal, hepatopatía crónica, enfermedad ulcerosa…). A veces es necesario probar varios AINES hasta conseguir los efectos deseados (dejando que actúen al menos dos semanas a dosis plenas). La administración de glucocorticoides por vía oral y a dosis bajas, se emplea cuando los AINES no controlan adecuadamente el dolor y la impotencia funcional, o están contraindicados; se utilizan siguiendo las indicaciones particulares que el reumatólogo conoce, y permiten en muchos casos la mejora de la calidad de vida a largo plazo.
  • Otro gran grupo incluye fármacos que no sirven para el dolor en un momento determinado; si no que actúan haciendo que sea menor la actividad de la enfermedad a largo plazo, es decir, retrasan la progresión de la enfermedad. Son los llamados fármacos modificadores de la enfermedad (FAME); estos fármacos pueden no ser eficaces en el 100% de los enfermos, y esto hace que el médico tenga que prescribir varios de forma secuencial hasta encontrar aquel que sea más eficaz y mejor tolerado. Hay que tener en cuenta que son fármacos de acción lenta y tardan en hacer efecto semanas, e incluso meses. Los más representativos de este grupo son el Metotrexato y Leflunomida, siendo muy eficaces y rápidos en su actuación. Otros como sales de oro, cloroquina, sulfasalacina, ciclosporina A… se suelen emplear cuando los primeros no se toleran o no han sido eficaces. En general, requieren un control por parte del reumatólogo y una estrecha colaboración del paciente.
  • Fármacos biológicos: cuando no se consiguen los objetivos con los medicamentos anteriores se aconseja iniciar un tratamiento con anti-TNF (infliximab, etanercept, adalimumab) o tocilizumab. Están en desarrollo otros fármacos para añadirse a este espectro de herramientas terapéuticas en un futuro próximo. 
  • Otros procedimientos: infiltraciones de las articulaciones con corticoides, cirugías correctoras de algunas deformidades, férulas u otros dispositivos ortopédicos, etcétera.

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