Una prueba de que la evolución no es perfecta

¿Por qué los hombres tienen pezones?

Adornan el pecho de los varones sin oficio ni beneficio

Pezón masculino y femenino.
Pezón masculino y femenino. Mètode

La evolución simplemente no ha prestado atención a los pezones masculinos porque éstos no han supuesto un coste significativo en términos de nuestra supervivencia o nuestro éxito reproductivo

Hasta la pubertad, cuando la liberación de hormonas femeninas provoca el desarrollo de pechos en las mujeres, el desarrollo de las glándulas mamarias sucede de forma independiente al sexo.

«Machos y hembras están construidos sobre el mismo modelo genético, pero luego se desarrollan en direcciones ligeramente diferentes, sobre todo después de que alcanzan la pubertad».

Los pezones son los testigos silenciosos de este hecho fisiológico. Formados en las etapas embrionarias tempranas, adornarán el pecho de los hombres durante toda la vida, sin oficio ni beneficio alguno. Cuando el embrión tiene seis o siete semanas, un gen en el cromosoma Y impulsa cambios que llevan a desarrollar los testículos, que no solo producen y almacenan espermatozoides, también producen testosterona.

Una vez formado este órgano, el feto masculino produce la hormona, que alrededor de las nueve semanas de vida cambia la actividad genética de las células en los órganos genitales y el cerebro. Pero, en ese momento, los pezones que ya estaban formados, se quedan donde estaban, sin cumplir función alguna.

Como, pese a ser un elemento vestigial sin propósito, mantenerlos no implica coste metabólico ni es perjudicial de ningún otro modo, la naturaleza tiene otras prioridades y no se ha dado prisa en eliminarlo. Los pezones masculinos se consideran un subproducto evolutivo prototípico, una versión no funcional del pezón femenino funcional.

Durante mucho tiempo, se creía que los pezones masculinos presentaban más variaciones que los femeninos, precisamente porque, al no cumplir ninguna tarea, sus características no eran tan rígidas.

Sin embargo, un artículo de Adaptive Human Behavior and Physiology afirma que el tamaño del pezón varía notablemente de mujer a mujer, mientras que en los hombres son más uniformes.

El equipo escaneó los pezones de 63 voluntarios, a los que también midieron características como la altura y la circunferencia del pecho, encontrando una mayor variación en el tamaño del área del pezón de las mujeres, incluso después de tener en cuenta la diferencia de tamaño.

Aunque no solemos planteárnoslo, el primero de los enigmas que esto plantea es el motivo por el cual los hombres no desarrollamos pechos durante la pubertad.

Resulta obvio que los pechos son útiles en la mujeres porque sirven para alimentar a sus hijos pero, ¿no lo sería más cómodo que tanto madres como padres pudiesen amamantar a sus hijos?

Al fin y al cabo, en otras especies de mamíferos sucede así. La razón por la que en los seres humanos no sucede lo mismo tiene que ver con la existencia de intereses evolutivos divergentes en los sexos.

Recordemos que la evolución siempre actuará para intentar maximizar el número de descendientes de un individuo. En los humanos (como en la mayoría de los animales) las mujeres acarrean con la mayor parte de los costes de la reproducción, fundamentalmente porque la gestación del embrión se produce dentro del cuerpo de la mujer.

Esto significa que, para las mujeres, la apuesta biológica ganadora consiste en invertir mucho en la supervivencia de cada uno de sus descendientes. Para los hombres, sin embargo, la reproducción es mucho menos costosa; la inversión mínima de un hombre en la reproducción se reduce a unos pocos minutos (siendo generosos) y a unos cuantos miles de espermatozoides.

En consecuencia, la apuesta evolutiva ganadora en el caso de los hombres consiste en invertir poco en la cría de su descendencia, y lo máximo posible en (intentar) aparearse con el mayor número de mujeres posibles.

Por esta razón, la evolución no ha favorecido en nuestra especie el desarrollo de pechos en los hombres.

Pero, si los pezones masculinos no cumplen función alguna, ¿por qué existen? La respuesta entraña una lección muy importante.

Los hombres tenemos pezones porque, aunque no sean útiles, la evolución no funciona eliminando todas aquellas partes que son prescindibles en nuestro cuerpo, sino solo aquellas que resultan costosas.

La evolución simplemente no ha prestado atención a los pezones masculinos porque éstos no han supuesto un coste significativo en términos de nuestra supervivencia o nuestro éxito reproductivo.

Para entender este hecho conviene resaltar que la evolución no es un proceso dirigido, ni esconde intención alguna, y por tanto no resulta en diseños perfectos, sino en diseños que optimizarán el éxito biológico de cada organismo dadas una serie de contingencias históricas, limitaciones en el desarrollo y el azar.

Esto ha provocado, en innumerables ocasiones a lo largo de la historia de la vida, la aparición de notorias chapuzas en el diseño de los seres vivos.

Los pezones masculinos son una de estas chapuzas, y una prueba más en contra de la falacia conocida como el «diseño inteligente».

La falacia del «diseño inteligente», tan lamentablemente de moda en los últimos años, consiste en argumentar que los exquisitos y complicados diseños que se observan en la naturaleza solo pueden ser explicados mediante la existencia de un diseñador inteligente.

«Los pezones femeninos son funcionales, ya que se utilizan en la lactancia», explica Ashleigh Kelly, de la Universidad de Queensland (Australia).

«Por lo tanto, el descubrimiento de que los pezones de las mujeres son altamente variables desacredita estudios previos que indican variación en una característica específica indica una falta de funcionalidad».

Esto echaría por tierra, según la autora, la creencia de otros investigadores que han afirmado, por ejemplo, que la mayor variación en la longitud del clítoris en comparación con los penes significa que el orgasmo femenino es un subproducto no funcional del orgasmo masculino:

“Esta evidencia debe descartarse porque la analogía de los pezones masculino y femenino muestra el efecto opuesto”.

Existen multitud de pruebas que desmontan este argumento, pero quizás una de las más contundentes (y divertidas) es la existencia de estas chapuzas evolutivas. Entre ellas, de los pezones en los hombres.

Por Pau Carazo, investigador Marie Curie en el Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford.

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