Numancia y el numantino

Cervantes también escribió esta fabulosa tragedia que llega en gran montaje

Numancia y el numantino
Numancia - Teatro Español

Llega ‘La Numancia’ a la catedral del teatro hispano para conmemorar los cuatro siglos del fallecimiento de Miguel de Cervantes, que se cumplen justamente mañana, 23 de abril. Justo y necesario. El montaje que pone en pie su director quiere ser espectacular y lo logra. Una formidable puesta en escena arropa una versión con añadidos y modificaciones discutibles, en la que el verso cervantino brilla en todo su esplendor y en la que hay demasiado espacio para sensacionalismos colaterales.

El cerco de Numancia, La destrucción de Numancia, Tragedia de Numancia -que de todas estas maneras se la ido nominando-, es una tragedia, género poco frecuentado en el Siglo de Oro. En ella se estrellan todas esas tonterías de un Cervantes poco apto para la lírica. No era poeta, pero narraba en verso como los dioses, y como su colega Shakespeare.  Su métrica —octavas reales, redondillas, tercetos encadenados, endecasílabos blancos— estaba esperando ser dicha como este miércoles se hizo en el Teatro Español, sin afectación, sin intencionalidades espurias, sin tonos ni dejes añadidos, dicha y hablada, para lo que fue escrita, algo que este elenco borda y reborda conducido por una asesora de voz y dicción, Concha Doñaque, cuyo resultado, como en el dicicionario de la Moliner frente al de la Real, en nada desmerece de lo que hace la CNTC, compañía nacional de teatro clásico. Es más, aporta frescura.

Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño han querido o han cedido a introducir morcillamen actual en un texto que no lo necesita. Los añadidos debieran haberse señalado con precisión en el dossier a los medios, para que la crítica pueda juzgarlos; se trata especialmente de que la contextualización histórica que los personajes alegóricos ‘España’ y ‘Río Duero’ realizan a mayor gloria de la patria, a mayor gloria de una historia ditirámbica, y a mayor gloria del poder imperial de entonces, don Felipe II, ha sido actualizada hasta nuestros días. Los añadidos no desmerecen a simple oreja, tienen gracia, están bien escritos. Pero ese siempre prudente y sensato poeta, que fue director de la Biblioteca Nacional y Secretario de Estado de Cultura, y su experta co-versionista pienso yo que no deberían haber caído en la tentación tan extendida del abuso alevoso sobre los clásicos.

No es grave, incluso al público poco ducho entre el que nos encontramos, le hará dudar de si Cervantes pudo predecir el futuro de manera tan lúcida. Y no es grave comparado con otras licencias que deben provenir del director y factótum del proyecto. Se han reducido los personajes y está bien; se ha cambiado al último numantino Bariato por una dama, y este oportunismo de género podría disculparse. Trivializar al juicioso co-narrador ‘Río Duero’ para que Alberto Velasco lo convierta en chistoso a rachas, en la línea de su éxito en ‘Los nadadores nocturnos’ y algo menos rollizo (ver nuestra reseña), puede tener pase. Pero lo que no lo tiene bajo ningún concepto ni disculpa es abusar de su histrionismo perverso para inventar dos escenas lamentables, el enculamiento sádico y morboso de la pobre Lira ante el cadáver de su amado Marandro (¿Lionelo?), y el repugnante parto de La Guerra y La Enfermedad por parte de España ayudada por Duero de partero, y las desafortunadas ridiculizaciones de su posterior parlamento. Esto si que son morcillas, y no de cebolla ni de arroz ni de Burgos. Morcillas de sensacionalismo barato, de la marca épater le bourgeois bien pasada de fecha.

Afortunadamente esta Numancia tiene dos cosas fabulosas que ya hemos mencionado, la puesta en escena y la interpretación colectiva. Pocas veces puede celebrarse la originalidad en nuestras tablas, y esta es una y señalada a cargo de Alessio Meloni: la recuperación de la escenificación antigua a base de telones, su transformación en pantallas y espejos tan inusuales como efectivos convierte el escenario en una apoteosis barroca que irrumpe en el prosaico minimalismo imperante de forma avasalladora y rutilante. Completado por una iluminación tan protagonista como el espacio sonoro y los audiovisuales, merecería un gran premio si los hubiera o hubiese justos y razonados, en el que todo, -también el movimiento escénico, también el vestuario- casa y casa bien.

En cuanto al reparto, voz y pose están en su sitio. Sin duda que hay que destacar a Beatriz Argüello en una convincente España, y a la emocionante pareja de Marandro (aquí llamado Leonelo si no nos equivocamos) y Lira. Pero están bien los romanos y están bien los numantinos.

La duración es perfecta, la fascinación, asegurada. Y el gozo de lo bien escrito y bien hablado en el idioma de uno, inconmensurable para los que saben degustar manjar tan exquisito y escaso. La historia de Numancia la sabíamos todos los niños que crecimos hace más de medio siglo, hoy todo el mundo la ignora. Juan Carlos Pérez de la Fuente dice que lo está pasando muy mal, rodeado de romanos en su numantina resistencia al frente de los teatros municipales madrileños. Llegó haciéndose perdonar con trágalas y arrabaladas y no sirvió de nada. Ahora sólo le queda decir como a la Fama en el último verso de esta obra, ‘demos feliz remate a nuestra historia’. Y antes de cumplir su contrato, obséquienos con otra adaptación de Galdós -propongo La Primera República de la cuarta entrega- al estilo de la inolvidable ‘Puerta del Sol’ basada en la tercera entrega (ver nuestra reseña de entonces, cielos, ¡de hace ocho años!).

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Dirección: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Producción: 9

TEATRO ESPAÑOL
Numancia, de Miguel de Cervantes
Del 16 de abril al 22 de mayo de 2016

Versión: Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente
Producción: Teatro Español

Reparto
(por orden de intervención)
Beatriz Argüello – La Mujer, Embajador segundo, La mujer-España, Numantino segundo, Mujer tercera, La mujer-Guerra y Madre tercera.
Alberto Velasco – El Hombre, Embajador primero, El hombre-España, Numantino primero, El hombre-Soldado, El hombre-partera, Hambre y Enfermedad
Chema Ruiz – Escipión
Raúl Sanz – Yugurta
Carlos Lorenzo – Mario
Alberto Jiménez – Teógenes
Markos Marín – Leonelo y Numantino tercero
Maru Valdivielso – Mujer primera, Numantino cuarto y Madre primera
Julia Piera – Numantino quinto y Nadie
Críspulo Cabezas – Leonicio y Numantino sexto
Mélida Molina – Mujer segunda, Madre segunda y Mujer de Teógenes
Miryam Gallego – Lira

Equipo artístico

Asesora de voz y dicción Concha Doñaque
Asesor de movimiento escénico Alberto Velasco
Diseño de escenografía Alessio Meloni (AAPEE)
Diseño de vestuario Almudena Huertas
Diseño de iluminación José Manuel Guerra
Composición musical y espacio sonoro Luis Miguel Cobo
Diseño de audiovisuales Miquel Ángel Raió
Ayudante de dirección Pilar Valenciano
Ayudante de escenografía Olga López León
Ayudante de vestuario Liza Bassi
Fotografía cartel y promo Chema Conesa

Una producción del TEATRO ESPAÑOL
91 360 14 80 (EXT 158) www.teatroespanol.es.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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