La hija del aire vuela alto

Calderón de la Barca para el relevo en la Compañía Nacional de Teatro Clásico

La hija del aire vuela alto
La hija del aire - Teatro de la Comedia

El descomunal drama de Calderón de la Barca ha sido reescrito, reducido a la mitad de duración y librado de algún personaje. El resultado podría haber sido trágico pero es venturoso. La versión mantiene fondo y forma calderonianos con un notable resultado.

La hija del aire  es de 1653, es un drama histórico con elementos de tragedia mitológica, escrita en dos partes de tres jornadas cada una, muy extensa en su conjunto, que narra la leyenda de Semíramis, supuesta reina de Asiria y fundadora de Babilonia, nacida de una relación sacrílega y condenada por los dioses a matar a un rey y ejercer un poder suicida. Con este personaje tan extraño Calderón construye una larga y compleja reflexión sobre el destino y el poder que comienza en laberinto amoroso para complicarse y enriquecerse en una segunda parte en cuya trama merece la pena que cada uno se sumerja sin condicionantes previos ni juicios categóricos sobre la maldad y su existencia al margen o supeditada a las circunstancias de cada vida. Dicen que Calderón reflexiona sobre los excesos que cometen los gobernantes cuando los intereses o impulsos personales prevalecen ante el bien general, y sobre la legitimidad de diferentes modelos de gobierno que van desde la tiranía personalista al populismo reaccionario. Puede aceptarse pero sin quedarse en ello. Hay también una crítica importante a la veleidad de las masas, a sus inclinaciones malsanas.

El poeta Benjamín Prado es autor de la versión, una reescritura integral respetando los metros y las rimas, pero cambiando las palabras en un noventa por ciento -dice-, contando lo mismo de forma más inteligible, dando ritmo actual a la partitura, menos rebuscado, menos alambicado. El texto original tiene ocho mil versos en octo, hepta y endecasílabos con rima asonante y consonante. Prado ha entrado a saco pero respetando métricas, aires y atmósferas. El resultado creemos que, contra lo que podría pensarse en primera instancia, esta vez ha sido bueno.

El director Mario Gas dice haber recibido el encargo de María Pimenta de dirigir esta difícil obra, un tanto culminación su última temporada al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Reconoce que Calderón es un autor complejo, reflejo existencial y también ideológico de una época llena de claroscuros y contradicciones. Sí, cierto, pero no más que cualquiera, como la nuestra. Su moraleja aparente sería apreciar las nefastas consecuencias que acarrean la mala conducta de los gobernantes, sus intrigas y su afán de poder. La figura central de la “Primera parte”, Semíramis, conduce su gobierno movida por la pasión de poder y por la tiranía. El modelo de gobierno que representa su hijo en la “Segunda parte”, el imprudente Ninías, es igualmente perjudicial para la nación. Su inexperiencia y desidia ante las obligaciones de su puesto, provocan la inestabilidad política y social. Ambos poderosos se muestran incapaces de controlar las pasiones que obnubilan la razón (los celos, la venganza, el rencor) y de seguir el camino medio de la virtud: la llamada ‘vía mediocritas’. Las dos partes del drama postulan la necesidad del control de los instintos primarios de quien rige, y de educar en el buen gobierno, -dentro del concepto pedagógico del ‘speculum principis’-, a los regidores de un país. El regente corrupto, rijoso, dominado por validos y por sus propios instintos de dominio provoca la inestabilidad y la degeneración. Arriesga con su conducta la supervivencia del estado que dirige. ‘No queríamos arqueología ni paleontología… Hemos trabajado muy duro el verso. No hemos sido hijos del verso pero tampoco de la prosa, sino del teatro. Vamos a decirlo como si fuera una prosa insuflada de verso; de forma aireada, clara y precisa, sin recrearnos en la ampulosidad’.

Prado y Gas han conseguido un tono general elevado y convincente, una declamación vehemente y realista al mismo tiempo, un texto culto pero accesible, y el reparto lo interpreta siguiendo una dirección actoral coherente y acertada sobre un texto viable a la par que magnífico. Estas obras estaban escritas para que duraran seis horas, para que la gente pasara en el teatro toda la tarde, saliera y entrara del recinto, y hoy en día eso no es posible; ni deseable desde nuestro punto de vista por eso de que lo bueno si breve, mejor. Aún así dura setenta minutos en su primera parte y sesenta y cinco en la segunda: no se han atrevido a ponerlas seguidas y con un intermedio se alcanza la prohibitiva duración de las dos horas y media.

La producción no ha regateado cachés contratando a la famosa pareja Franca Squarciapino y Ezio Frigerio, la primera a cargo de un vestuario muy coherente inspirado en el final del zarismo. y el segundo planteando junto a Riccardo Massinori una escenografía imponente aunque y un tanto críptica en base a un relieve mesopotámico a gran escala que acerca a la hija del aire a los cielos de donde proviene y a los que volverá. Ni más ni menos que como todos. Afortunadamente las proyecciones de Álvaro Luna y la iluminación de Fiammetta Baldiserri dotan de vida esa monstruosa escultura y obtienen de ella continuos matices que adornan la escena junto a la notable composición musical de Orestes Gas.

El reparto mantiene un alto nivel colectivo sin fisuras, casi diríamos que monolítico en su forma de hablar y comportarse. Sin duda que Marta Poveda con esta Semíramis da un paso importante en su ya destacada carrera basada en una gran fortaleza física y una voz cavernaria que conforman una actriz en la senda de las Blanca Portillo y Carmen Machi. José Luis Alcobendas en Libio/Anteo termina adquiriendo visos de protagonista entre los muchos fieros guerreros que pueblan la pieza. Un elenco numeroso, de catorce componentes, que no ha necesitado asesor de verso ni maestro de esgrima ni más ayudas en su convincente presencia en escena.

Lluis Pasqual dirigió en 1981 con Ana Belén en el papel de la princesa Semiramis, una versión, y Jorge Lavelli dirigió en 2004 una segunda -a la que acompañó un escándalo nunca esclarecido-con Blanca Portillo como protagonista. En 2017 en México se ha estrenada otra versión de José Gabriel López Antuñano dirigida por Ignacio García con la Compañía Nacional de Teatro de ese país. Esta producción de la CNTC vuelve a facilitarnos acceder a este monumento dramático del Siglo de Oro, una oportunidad a aprovechar por los aficionados al teatro contundente, a las propuestas sólidas de cualquier época.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Versión, 8
Dirección, 8
Puesta en escena, 7
Interpretación, 8
Producción, 8
Programa de mano, 8
Documentación a los medios, 7

Teatro de la Comedia
La hija del aire, de Calderón de la Barca
Versión Benjamín Prado
Dirección Mario Gas
Del 7 de mayo al 23 de junio de 2019

Escenografía Ezio Frigerio con Riccardo Massinori
Vestuario Franca Squarciapino
Iluminación Fiammetta Baldiserri
Video escena Álvaro Luna
Composición musical Orestes Gas

Reparto (por orden alfabético)
José Luis Alcobendas
Jonás Alonso
Marta Betriu
Juan Díaz
Lander Iglesias
Ariana Martínez
Aleix Peña Miralles
Silvana Navas
Ricardo Moya
Agus Ruiz
Germán Torres
Pietro Olivera
Marta Poveda
José Luis Torrijo
David Vert

Encuentro con el público:  23 de mayo de 2019
Duración aproximada del espectáculo: 2 horas y 30 minutos (descanso incluido).

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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